11 de agosto de 2012

Y sonrío hasta llorar.

Mis piernas hace mucho tiempo que van solas. Bailan sin parar música atrofiada que rompe el silencio que viaja en el aire. La gente parece coordinarse con mis tobillos y todos parecen saber lo que intento hacer con mis balbuceos sinuosos a los que he llamado baile.
Sonrío con un vaso en la mano como si este fuese el última día que pudiese disfrutar de la noche. Mañana Dios dirá. Mañana ya recordaremos algo. Ahora nada importa. Solo disfruar y no parar de moverse.
Conozco a la gente, a toda esa gente de mi alrededor. Se cuales son sus miedos más escondidos, su primer trauma de la infancia y por supuesto su color favorito. Pero he olvidado sus nombres. Todos me parecen esta noche buenas personas. Atrás queda el odio que un día sembraron. Esta noche no diré nada malo.
De repente la música que retumba en mi cabeza parece quedar en un segundo plano. Va bajando poco a poco el volumen hasta quedar encerrada en una jaula de soledad. Mis pensamientos empiezan a oírse más fuerte que nada. Mis latidos se hacen notar. Mi respiración se puede contar con los dedos de la mano. Mis labios han quedado huérfanos. Miro a mi alrededor para darme cuenta de que soy el único al que el tiempo se acaba de parar en la frente.
En un muro orientado al horizonte empieza a dibujarse la estela del Sol. Miro al cielo y la oscuridad empieza a desteñirse dando ese tono azul despistado. Entonces pienso que me encantaría comerme un helado de cielo. Saborear la dulzura del infinito en un cucurucho de luna. Empiezo a reír con risa de borracho.
El Sol ha llegado antes de hora. Sale y baña los valles de mi tierra. Me llega a las pupilas haciéndolas brillar. Miro a la cara de los demás. Sus ojos ... sus preciosos ojos empiezan a brillar junto con los míos. Cada uno saca su alma entre risas y sollozos. Los ojos más bonitos de la gente más bonita que nunca pude soñar.
Oigo a lo lejos un crujido. Es la señal que me indica que mis segundos se están acabando. Caen gotas heladas de mis dos ojos tontos. La música vuelve callando a mi enloquecida cabeza y a mi indeciso corazón.
Saco el pintalabios rojo puta, me pongo mis gafas "Super Star" y me abrazo de la primera desconocida que pasa por mi lado. Es el momento de seguir la fiesta.