8 de diciembre de 2011

The last letter.

Mama,

Mama, vamos a ir al infierno. No hay nada que nos pueda salvar ya. Vamos a arder en las llamas más incandescentes por toda la eternidad. Te escribo esta carta porque odio verte llorar. Para que estés tranquila, para que sepas que sabemos donde vamos a estar, porque vamos a estar bien. Todas nuestras dudas y nuestras preguntas se han terminado. Ya no tenemos miedo. Hemos aceptado nuestro destino.
Mama, vamos a ir al infierno. Sabemos que puede sonar muy duro, pero es mejor que sepas de nuestro paradero y que no preguntes por nosotros a Dios. Eres la mujer más fuerte que he conocido en el mundo. No solo se que te alegrarás por nosotros sino que nos darás tu bendición. Deja ya de llorar.
Sí, ya lo se. Debería haber escrito una canción mejor, haberle pegado un puñetazo a ese niño vestido de rojo, no haberme comido aquel día esa última patata, haberme despedido como es debido de la gente que quería, haber lavado las sábanas más a menudo, no haber escuchado esa música que tanto te sacada de quicio, no haberme enamorado jamás, haber cavado todas las malas hierbas solo una vez, no haber mirado la televisión más de un par de horas al día, haber añadido más aceite a la bicicleta estática, haberme estudiado mejor los cinco sentidos, no haberme enfadado con mi mejor amigo, no haber dicho nada deshonesto que incluyese a mis hermanos, haber terminado de aprender a tocar la guitarra, no haber tirado mi chaqueta azul, no haber escondido mi juguete favorito en una caja vacía y nunca haberte dicho "te quiero" con palabras.
Pero no te preocupes, no me arrepiento de nada de lo que he hecho. Todo lo he hecho porque así lo he querido hacer, y nada vale arrepentirse o pedir perdón. La historia se escribe con tinta negra y no con lápiz de carbón. No obstante se que tú nos harás famosos. Proclamarás nuestro nombre y lo dejarás gravado en mármol para que todo el que pase por allí nos recuerde para siempre. Una vez muertos seremos alabados, todos se arrodillarán ante nosotros, valorarán todo nuestro esfuerzo, se escribirán letras brillantes que narren nuestras hazañas, incluso algunos tendrán la osadía de llorar.
Mama, vamos a ir al infierno. Me alegro de haberte dado solamente la mitad de lo que he recibido de ti. Para ti es más que suficiente porque viene de mi y no de otro. No obstante he querido dejarte esto último. No quiero que me devuelvas todo mi cariño. No quiero que me olvides. Quédatelo para ti, y úsalo como refugio cuando mi recuerdo se oxide en anhelo. No quieras venir a estar conmigo, porque yo estoy bien solo. No te preguntes qué vas a hacer porque sabes que todo lo que puedes hacer ya lo has hecho. Me has dado la vida y me has hecho feliz. No importa en qué sitio te esté esperando, lo importante es que lo hago. Nos llevamos con nosotros todas nuestras pertenencias. Todo lo que hemos querido hacer, hecho se ha quedado. No nos ha faltado ningún adiós que dar, excepto el tuyo. Porque sabemos que serías la única que se cambiaría por nosotros, y no estamos dispuestos a permitirlo.
Mama, vamos a ir al infierno. El borde de una pistola nos va a llevar. El fuego nos espera. No te preocupes, ya sabes que odiamos verte llorar. Duérmete.

6 de diciembre de 2011

El amor de un loco

De pequeños jugaban a matarse. Sabía perfectamente que terminarían matándose de mayores. Ambos son hijos míos, ambos son hermanos, pero ninguno de ellos lo sabe. Yo llevo en esta familia desde hace setenta años. Antes de mí ya estaba mi madre. Raúl es hijo mío, de mi fallecido esposo. Al comienzo vivía con nosotros en la mansión. Lo alimentábamos, lo cuidábamos, ... pero empezó a ser problemático. La señora, aunque adoraba los niños me dio un ultimatum, y tuve que dejarlo con mi hermana, mientras yo seguía trabajando. Creció en la calle, conoció el frío de las calles, ... no fue educado como es debido.
Antonio es hijo del señor de la casa. Su esposa y él me rogaron que pariera a su hijo porque la señora no podía tener hijos. A cambio, a mi nunca me faltaría el trabajo, y a mis dos hijos nunca les faltaría nada. Además yo he cuidado de él toda la vida, y lo he visto feliz. En una buena familia. En un buen puesto de trabajo.
Son muy diferentes, pero tienen algo en común. La locura. Yo les he dado la locura que guardo dentro de mis entrañas.
Antonio estudió medicina. Era todo un genio, ya en la facultad superaba a muchos de sus profesores. Conoció a una chica. Marta no era de la misma clase social que él, pero quedó prendado por su belleza y su inteligencia. Al principio les costó ser aceptados aunque yo siempre estuve de acuerdo con la relación. Pasaron los años, y el matrimonio estaba feliz. Vivíamos todos en la mansión, y yo cuidé a mi nieta Julia, tal y como cuidé a Antonio de pequeño.
Entonces Raúl reapareció. Iba huyendo de una banda de traficantes. Me pidió alojo, me pidió que lo escondiese. Yo no podía negarle nada a mi hijo, así que lo escondí en el cobertizo. Raúl no era cuidadoso, no soportaba estar ahí encerrado todo el día. Se paseaba por los jardines mientras Antonio se pasaba el día en el hospital. Marta lo descubrió y se encapricho de él.
Con tan solo ocho años de su hija y un marido maravilloso, Marta decidió que esta no era la vida disciplinaria que ella quería. Lo dejó todo y se fugó con Raúl.
Tuvieron un accidente de coche trágico en el que Raúl salió casi ileso, pero huyó sin pensárselo dos veces, dejando a Marta herida en el coche. El coche se incendió y Marta empezó a arder como una antorcha. Antonio llegó demasiado tarde, su mujer estaba prácticamente carbonizada. No obstante como si sus lágrimas fuesen un elixir de vida, Marta encontró un hilo de vida. Antonio la trajo a la mansión y empezó a curarla. No descansaba, trabajaba día y noche sin cese. Investigaba, investigaba, ... robaba productos carísimos del hospital para tratar a Marta. Cada día era para ella un suplicio. Sufría muchísimo, ya no era una persona, era simplemente una masa de carne que sufría y sufría. Si hubiese recordado cómo se hablaba le hubiese rogado a Antonio que la dejase morir. Antonio lo sabía, pero se negaba a hacerlo. Yo, viendo su trastorno inminente decidí contarle la verdad a Antonio. La infidelidad de su mujer, la traición de su hermano. Pero fue inútil. Estaba obsesionado. Solo descansaba al lado de la cama de su mujer, ... el olor a carne quemada embriagaba sus sentidos. Cuando no, estaba trabajando. Ni siquiera me explico como pudo soportar ese ritmo tanto tiempo. Lo que no pueda conseguir el amor de un loco, ...
Al cabo de seis meses empezó a mejorar. Ni él mismo se lo esperaba. Esto le motivo a seguir trabajando y a empezar a obtener los primeros resultados de su trabajo. Estaba curando al amor de su vida. Lo estaba consiguiendo. Pero a muy alto coste. Durante meses estuvimos viviendo como vampiros, en oscuridad y sin espejos. Unas pocas gotas de vida para Marta suponían litros de muerte para Antonio. Su fortuna empezó a mermarse, perdió su trabajo, su hija si no hubiese sido por mí hubiese estado totalmente desatendida, ... lo dejó todo. Se entregó por completo.
Un día Julia estaba cantando en el jardín. Una canción que Marta le había enseñado de pequeña. Marta la escuchó, y no pudo reprimir las lágrimas. Por primera vez en mucho tiempo se sintió viva, por primera vez en mucho tiempo se emocionó y recordó lo que era sentir de nuevo. Con muchísimo dolor y esfuerzo se levantó de la cama. Fue casi arrastrándose a la ventana, quería mirar a su hija cantado desde el balcón. Una oleada de esperanza y felicidad estaba inundando su corazón. Por primera vez en mucho tiempo quería seguir viviendo. Cuando llegó a la ventana retiró las cortinas. La luz del Sol empezó a quemar su carne viva, y pudo ver su reflejo en el cristal de la ventana. Pudo ver su rostro ensangrentado cayéndose a tiras. Ese mismo día recuperó la voz, y la perdió en un grito rasgado en toda la mansión. Se esperanzó, se ilusionó, lo esperaba todo de la vida, y de repente lo perdió en décimas de segundo. La única salida que encontró fue el vacío. Se arrojo por el balcón ante la mirada de su hija, que seguía con la canción.
Años después la pequeña Julia salió en busca de su mama. Por el mismo camino por el que la madre se había ido.

23 de noviembre de 2011

La perfecta.

¿Quién es perfecto?. Perdón, la pregunta es ¿Existe la perfección?. Es una concepto tan absurdo, estúpido, inalcanzable, y dos o tres adjetivos más que no se escribir, que no merece la pena ni usarlo en nuestro lenguaje cotidiano. Todo es imperfecto. Todo tiene un margen de error más o menos significativo y que conlleva más o menos índice de fracaso. Pero lo que más te hace fracasar es intentar ser perfecta. ¿Te has dado cuenta que siempre crees que los cuerpos de televisión son perfectos?, ¿Porqué nunca el tuyo? Eres envidiosa, y quieres lo único que no tienes. Cuando te hablan de una vida en la costa y sin coches, siempre piensas "la vida perfecta, ... la quiero", ... Pero si a un costero le resumes tu vida, pensará de igual manera. ¿Qué curioso no? La perfección reside en los demás y nunca en nosotros.
Las características de la perfección son esas precisamente. ¡Inalcanzable! Y lo sabemos. He ahí el morbo de la cuestión. Perseguir algo que sabes que jamás pillarás te hace seguir corriendo ¿no?, y cuando el objetivo es correr y correr sin parar, ... Es un buen aliciente.
El problema está en cuanto la rozamos con los dedos y creemos que la podemos abrazar. Entonces se nos olvida la norma. Y nos ilusionamos creyendo que podremos hacer eso que nunca, nadie, jamás, ha podido conseguir previamente a nosotros. ¿En qué culmina ilusionarse? Exactamente. En desilusionarse. Es algo que suele ocurrir con muy alta frecuencia. Esperar que algo ocurra es frustrante mientras esperas, pero si además cuando llega, no es lo que esperabas, ... Peor.
Subes al escenario, con las ojeras bien maquilladas. Explicas durante 15 minutos lo que nadie está escuchando pero todos están mirando. Te peinas al terminar tu brillante exposición digna de catedráticos superiores. Y vuelves a tu sitio con gesto de "ufff que mal me ha salido" pero en tu interior estás saltando de alegría y pensando "Espero sacar un 9,75, porque con tanto 10 se va a notar el canteo". No quieres hacerlo, pero miras a tus compañeros por encima del hombro. Piensas "¿Este?, que no ha asomado ni una vez en todo el curso, ..." Recoges en una espuerta todo el odio que pueden albergar tus mofletes, para luego escupirlo a las espaldas del ingenuo al que previamente sonreíste.
Todo acaba, se cierra el telón. Vienen las valoraciones. ¡Sorpresa! El juez ha sacado la guadaña. Llega el momento de que rueden las cabezas. Pero antes, ... destruyamos el alma de las desprotegidas. Bajo todo pronóstico, tu cabeza ha rodado. Y la de la gentucilla ha relucido. Jaque mate.
No mereciste tinta en su día. Pero si que la mereces ahora. No puedes ser perfecta, no debes intentarlo cada mañana frente al espejo. Sé realista. Que no te engañen. Eres inteligente, esa es tu virtud. No sabes que lo eres, ese es tu defecto. Ten personalidad y entiende donde estás, y cómo estás. Moldea tus virtudes para que sobresalten más que tus defectos, pero que no se pierdan tus defectos, ... los necesitas para triunfar. Que nadie tuerza tus rodillas. Y mucho menos haga brotar tus lágrimas. No eres una mala nena. Pero debes ser menos, ... ¿Perfecta? Aprende a que nadie espera nada de ti excepto lo que tu les ofreces. Si vas con escaparate de perfección, haces que los demás esperen que seas perfecta. Sientes como lo esperan. Y entonces te agobia defraudarlos si sacas a relucir tu imperfección. Entonces te tropiezas en la piedra universal, esa que no importa lo grande quesea, todo el mundo se tropieza. Entonces te sientes mal. Has decepcionado y desilusionado a todo el mundo. No eres como ellos esperaban que fueses. Pero se te olvidará. Todo se olvida, hasta el primer día de clase.

17 de noviembre de 2011

Mentirosa

¿Hay algo peor que la mentira? Esa niña rebelde, que nos convence una y otra vez de que es una buena chica, pero que cuando menos lo esperamos nos clava el puñal una vez más. Sabemos que está intentando mentir, tenemos todas las evidencias de ello, hemos tropezado más de una vez en esa piedra, ... pero aún así. La creemos. Confiamos en sus buenas intenciones y creemos que esta vez será diferente. Pero no. Nada cambia nunca. La mentira sigue siendo mentira, y sigue siendo decepcionante. ¿A quién echarle la culpa, a la mentira por mentir, o a nosotros por incrédulos nuevamente? Se lo ponemos demasiado fácil, ... Somos un blanco fácil.
Esa perra inconformista disfruta de lo lindo. Ríe mostrando los dos últimos dientes que llenan su vacía sonrisa. Se frota las manos. No ha terminado de regodearse de su victima, y ya está pensando en cuál será la siguiente. Se revuelca por el estiércol mientras se divierte. Sabe que no importa las veces que repita la jugada. Siempre habrá estúpidos que caigan. Una y otra vez, ... again and again. Sus tres películas favoritas son:

  • La mentira pura. Cuando conscientemente mientes en busca de tu beneficio, de tu orgullo, de tu satisfacción personal, ... Pueden ser mentiras menos penosas, "tengo 3 máster", o mentiras más malignas, "Sí. Yo lo vi. Lo vi todo." Esta variante suele considerarse como la forma real de la mentira. La forma más perversa y que reina sobre las otras. Es mala, ... pero no por eso la peor. Es la más clara, la más real, la que si pecas, ... sabes que debes esperar tu castigo.
  • La mentira silenciosa. Cuando no se dice la verdad. Cuando te callas y esperas que las cosas fluyan ante tu atenta mirada, y no se te ocurre decir que las cosas van mal desde hace tiempo, ... esperas que todo pase. Esperas que todo se destruya. No abonas esperanzas, pero las ves crecer en los demás y no eres capaz de podarlas. No invocas a la mentira directamente. Pero tampoco la callas con la verdad. Por consiguiente, estás mintiendo. Hay ocasiones donde es necesario gritar la verdad, ... un silencio puede interpretarse como un acto malintencionado.
  • La mentira impregnada de verdad. Cuando interpretas tu verdad como LA verdad, y por consiguiente la defiendes a muerte, aún corriendo el riesgo de mentir en el trayecto. Cuando estás seguro de algo, y no eres consciente de que no es tal y como tu estás 100% seguro de que es. Ahí mientes. Aunque no lo sabes. Pero mientes. Entras en el saco de los pecadores igualmente. Porque la ignorancia no es la escusa, simplemente es el defecto.
  • La mentira conformista. La peor de todas. Esa que nos repetimos una y otra vez en tres idiomas distintos, a fin de intentar creerla. Esa que sabemos que es mentira. Pero esperamos que la fuerza de nuestra fe la convierta en verdad. O al menos eso deseamos. Esta mentira no suele traer nada más que decepción y frustración a uno mismo. Pero lo peor viene después. Cuando decides sobrepasar barreras, y alimentar los oídos ajenos con mentiras alentadoras. Dices lo que los demás quieren oír. Dices lo que demás necesitan oír. Complaces a los demás. Les mientes. ¡Mentirosa!
Ella, como buena mentirosa domina estos tipos básicos de mentira. No deja que nada se le escape. Primero te seduce, te engaña sin palabras. Te hace entender que quiere tener algo contigo, que le gustas. Que te desea tanto como tú la deseas a ella. No te dice "quiero comerte todo lo negro" pero te lo deja entender, ...
Después de que el hielo está roto empieza un romance. Es necesario sacar la artillería pesada. La mentira pura baila entre su lengua. "Te quiero", ... "Eres mi vida entera". Esas palabras bailan en tu corazón, apartan tus sentimientos y se asientan en tu alma. El cuerpo las detecta como antígenos, las detecta como mentiras, y te avisan de ello. Pero los ignoras. Prefieres creerte la mentira. El cáncer se extiende, ...
Una vez que has sido infectado ya no hay vuelta atrás. Ahora perteneces a ella. Te has convertido en un engañado. Y en un mentiroso. Empiezas a mentir. Te mientes a ti mismo, intentando convencerte de que alguien tan "bueno" como ella, en verdad sí  que ha podido fijarse en alguien tan "malo" como tu. Te repites "me quiere, en verdad me quiere". Tus amigos intentan aconsejarte porque te ven caer en un hoyo demasiado hondo. Pero es demasiado tarde. Los ahuyentas defendiendo tu verdad. Les mientes, diciendo "ella si me quiere, vosotros no sabéis nada". Porque en verdad lo crees. Eres incapaz de ver la verdad. No quieres hacerlo. Ella mientras ve el panorama se calla. Y disfruta viendo como su semilla del mal ha crecido y te ha infectado el alma. De vez en cuando riega su jardín oscuro. Para motivarte, ... "soy algo insegura, ... me da miedo que me dejes por otra mejor que yo, ..." Cada vez estás más demacrado y ciego. Tu mundo se reduce a su mentira. Empiezas a creerte que es tu mentira, y no su mentira. Te conviertes en protagonista de tu propia desgracia. Donde antes estabais vosotros, ... ya solo quedas tu.
Finalmente, cuando eres un juguete demasiado estropeado y se ha aburrido de ti, se acerca a ti. Antes de las seis de la tarde. Te recoge el mechón de pelo que descuelga y te lo coloca detrás de la oreja. Aprovecha para aparcar su mano detrás de su nuca. Hace una ligera presión el punto exacto para llamar tu atención y que te inclines. Esquiva el beso que planeabas darle. Ella te dijo que los besos significaban mucho para ella, ... al igual que te dijo esa misma mañana que te quería. Acerca sus labios de color rojo carmesí a tu cuello. Y por primera vez desde que la conoces, comienza a susurrar la primera verdad. "No te quiero"

16 de noviembre de 2011

Evitando la verdad.

¿Cómo estás?
La verdad es que no se muy cómo comenzar esta carta. Hace años que no escribo nada dirigido a nadie que no sea Dios. Empezaré por la escusa obvia. El formato de esta carta. Te sorprenderá que en los tiempos que corren hoy día escriba con lápiz y sobre papel de estraza. El motivo es que he olvidado cómo se tecleaba en un ordenador. Incluso cómo se encendía. El lugar en donde estoy no tenemos nada de eso. Espero sepas comprender mi huidiza caligrafía. Realmente espero que no hayas roto la carta nada más ver el remitente, ...
Me encuentro en el Monasterio "La octava enmienda" (o algo así), en el Norte de Roma. El resto de datos son relevantes. Mi vida en este lugar no tiene nada que ver con lo que recordarás de mi. ¡No!, no pienses que he cambiado mi forma de pensar. Sigo sin creer en Dios. Pero se me da muy bien disimularlo en este lugar. Aquí he conocido a hermanos que de verdad si que creen en Dios. Otros que no creen. Y otros que creen creer. Pero todos estamos subidos en el mismo caballo. Todos intentamos conocer la verdad desde un mismo punto de vista. Desde la palabra del señor, y desde el milagro de la creación. Aquí he podido ponerle nombre a mis sentimientos. A mi fe tan particular. A mis teorías. A mis conocimientos. Y sobre todo aquí he conseguido la paz. Esa paz que en el exterior es imposible de conseguir a mi parecer. La sociedad, ... la variabilidad, la tecnología, ... La vida se ha corrompido. La mentira es propulsada por el engaño. La decepción inundaba mi alma. No era capaz de integrarme en algo en lo que no creía, ... no podía seguir ese ritmo.
Por eso vine aquí hace quince años. No tardé en olvidar el día en el que entré. No tarde en olvidar porqué entré. Rápidamente fui uno más. Los días ya no eran un número. Las horas ya no eran un número. Cada momento era nuevo. Cada acción tenía su porqué. Ya no estaba por estar. Ya sabía cuál era mi misión. Servir a Dios. Cumplir su palabra cada uno de mis días. Ofrecerle mi alma. Él jamás de dejará.
Cada mañana me levanto a las siete de la mañana. Justo antes de que salga el Sol. La brisa de la mañana me despierta. Aquí está prohibido todo aparato electrónico, incluidos relojes. Disponemos de un reloj en la torre central, la más alta, que nos va avisando de las horas con fuertes campanazos. No obstante mi cuerpo ya está domado. No necesito ese reloj. Los próximos minutos del días los dedico a mi higiene personal, y las primeras oraciones de la mañana. Nada especial, tengo mis propias normas de oración. En vez de arrodillarme y juntar las manos, me asomo a la venta y veo el Sol salir. Doy gracias a Dios por esa nueva mañana. Pido a Dios que ese Sol ilumine a toda la gente que dejé atrás. Y que ese día sea próspero para todo aquel que sea iluminado con su gracia. A las ocho bajo al comedor. Normalmente el desayuno no es muy abundante, unas tortas de maíz, un poco de fruta, mantequilla, ... y por supuesto, vino. Esta gente cumple a raja tabla la palabra de Dios. Tanto que creo que lo aprovechan para andar todo el día comiendo pan y borrachos de vino. Yo me dedico a marear mi copa mientras escondo algo de pan debajo de la manga, para dárselo a Galgo, el perro de la puerta, ... ya ha aprendido cuál es mi ventana. Al contrario de lo que parece en películas y libros, esta gente no calla mientras come. Es la única época del día donde se permiten conversaciones animadas y se pueden tocar temas distintos a la religión. Cómo por ejemplo el tiempo, ... y poco más. A las nueve aproximadamente vamos al salón central. El regidor nos asigna cada día la que será nuestra tarea. Hay varias tareas, que normalmente se asignan al azar, o simplemente por preferencias conocidas por nosotros mismos. La cocina, el ganado, las tierras, ... Siempre intento que me toque la cocina o algo relacionado con la cocina. Hoy por ejemplo me he tirado el día haciendo bizcochos de limón. Al padre Lucas le encantan mis bizcochos. Normalmente siempre "prueba para ver si están buenos" nada más salir del horno. Me encanta ver un comedor lleno de unas cien personas comiendo mi bizcocho con zumo de higos. Es lo que más me llena de estar aquí. Formar parte de una cadena que une a Dios con la Tierra. Ser un eslabón imprescindible, al igual que todos y cada uno de nosotros. Si algún día alguno de nosotros está enfermo o indispuesto, se nota la ausencia, y tenemos que trabajar más duro. Tras el almuerzo, que normalmente, dependiendo de la época, suelen ser legumbres, pan y hortalizas, todos tenemos la tarea común de estudiar las santas escrituras. Leemos versos conjuntamente, sacamos la moraleja, resumimos, escribimos, corregimos, discutimos, rezamos, ... es como un referéndum. Eso no nos lleva más de cuatro o cinco horas, y no se hace todos los días. La mayoría de días se cuidan otros menesteres, ... ganado, cosechas, limpieza, encargo a cofradías adyacentes, ... Se necesita abono, materiales, aceite, ... que normalmente se obtiene en cambios con vecinos próximos. Por lo que también salimos a hacer esos intercambios. Aunque yo nunca los he hecho. También tenemos tiempo propio, en el que la mayoría utilizamos para rezar, terminar la tarea que habíamos empezado, o simplemente visitar en su cómoda a otros hermanos e intercambiar opiniones sobre lo que ha ocurrido el nuevo día. Algunos hermanos son aficionados al ajedrez.
La mayoría de esta gente es muy mayor. Muchas veces tengo curiosidad, ... es imposible que hayan nacido aquí, tienen que tener un pasado, tienen que tener recuerdos, ... tienen que conocer algo de música, tienen que haber tatareado una canción en alguna ocasión, ... Pero es imposible preguntarlo. Cualquier alusión al pasado, a situaciones que puedan resultar pecaminosas, a política, a economía, ... Esta mal vista. No se puede ahondar, nada más que la justa medida.
En una ocasión vino un visitante del exterior. Era americano. Frederick Thomson. Venía a proponernos dar la imagen publicitaria en nuestras cosechas de vinos, a cambio de una cuantiosa cantidad de dinero. El obispo lo rechazó, porque su empresa comercializaba con medicamentos anti stress, ¿Qué pintaba una botella de vino de un monasterio con unos fármacos al lado?, ¿Cómo sería el eslogan, "tómate una pastillita y mientras te relajas una copita de vino"? No se de donde sacamos los fondos económicos. Nunca he preguntado nada sobre la gestión de este sitio. Solo me dedico a hacer lo que me ordenan, y ordenar a los nuevos hermanos. He estado robando papel un par de días para escribirte esta carta. Pero no te preocupes, en mi confesión diaria lo he interpretado como "he roto, en una promesa que hice hace 30 años". Estoy seguro Dios ha comprendido el pecado al que me refería, y me ha perdonado. Espero tu también puedas hacerlo.
Hoy hace 30 años que prometí no molestarte. Juré que no sabrías nada de mi. Hoy incumplo esa promesa. Este trozo de papel cruzará medio mundo solo para llegar a tu metálico y frío buzón entre propagandas absurdas. Puede que ni siquiera vivas en la misma casa, o que no vivas en el mismo país.
No importa. Es un riesgo que conozco y con el que contaba desde el comienzo de esta carta. Te preguntarás, ¿Porqué ahora?, ¿Para qué? La respuesta es tan sencilla como que cada navidad nos permiten escribir una carta, la cual es revisada, doblada, y enviada a nuestros familiares directos, por el correo interno de la Iglesia. Llevo trece años malgastando mi oportunidad de escribir a mis seres queridos. En esta ocasión he querido aprovecharla. Porque el Sol brillaba esta mañana de forma diferente, ... y me ha recordado a ti.
Ahora mismo estoy intentando visualizarte leyendo esta carta con gesto de burla, de sorpresa, incluso con gesto de asco. Pero es imposible. No imagino tu cara después de 30 años. ¿Hacia donde habrán dominado tus arrugas?, ¿Tienes canas?, ... ¿Estás vivo?
Me temo que mi papel se está agotando. Siento no poder escribir más acerca de mis sentimientos en este lugar. En mi nuevo y permanente hogar. Estoy muy feliz de haber compartido un momento de mi vida contigo. Un momento que en este lugar está prohibido mencionar, ¡incluso recordar! No obstante mi rebeldía sigue estando ahí. Dios y yo tenemos un pacto que aún está en vigor. Yo no le pido nada que espere que cumpla, y él no se mete en mis sentimientos más íntimos. Que sabe que no puede cambiar.
Espero haber despertado algo de ilusión dentro de ti al leer esta carta. Siento haberte aburrido, ... Si hubiese tenido más espacio te contaría la receta secreta del hermano Rick de las tortas de yema. Son cielo bendito la verdad. Espero estés siendo feliz. Y que cada mañana despiertes dando gracias por esa felicidad.

Un cordial Saludo.

Francisco José Savolta Pérez
C/Orificio de la inteligencia nº3  piso: 4ºB
28025. Madrid

Nacido para morir.

Un crió de ojos negros, estaba macerándose en una burbuja con piel de león. Húmeda, caliente y confortable. No había nada en el exterior. De vez en cuando se transparentaba globos de cumpleaños elevándose. Todo estaba bien. Nada importaba. No era necesario pensar en nada. La vida pasaba a su alrededor. En su interior intentaba con éxito abrirse camino. Pero el no ordenaba que así fuese. Simplemente ocurría.
El cielo se oscureció. Algo iba mal. Desde primera hora de la mañana ya lo presentía. Abrió los ojos, ...quería saber lo que estaba pasando en el exterior. ¿Qué era esa sensación?, ¿Porqué necesitaba saber lo que estaba ocurriendo afuera? La curiosidad abordó por primera vez su corazón. Se acercó al límite entre su mundo y el mundo de afuera. Se sobresaltó cuando una figura negra apareció al otro lado. Parecía, ... como él. Pero no podía ser. Se miro las manos. Eran blancas. Ese hombre era oscuro. Comprendió que había cometido su primer error. Error que cambiaría el rumbo de las cosas. Volvió la cabeza. Se zambulló a la que era su esquina favorita. Se enroscó sobre sí mismo y empezó a a sentir dudas, ... escalofríos, miedo. Todas esas sensaciones eran nuevas. No entendía nada de lo que estaba pasando ahí. Miró por encima de su hombro. Esperaba que la figura se hubiese ido, el cielo se hubiese esclarecido, que todo fuese como antes. Pero era demasiado tarde. Alguien ya había elegido por el.
La mano de la silueta parecía buscar algo debajo de su pecho. Sacó un puñal brillante. Sin pensarlo metió una tajada a su escondrijo. Su mundo empezó a cambiar sin esperarlo. Todo se estaba estaba perdiendo. Todo empezó a temblar. Cerró los ojos lo más fuerte que pudo. "Todo volverá a ser como antes. Nada de esto ha pasado. Quiero estar como hace un momento. ¡Por favor!" La burbuja explotó. Todo se desparramó. Y el quedó tendido sobre una cera fría y hostil. Abrió los ojos. Estaba fuera. Fuera todo se veía de otra forma. Algo frío y de un sabor azabache empezó a inundar su garganta. Intentó resistirse, intentó defenderse. Pero fue inútil. Entró. Sus pulmones se hincharon, sus ojos se esclarecieron y sus músculos se tensaron. Se puso en pie y empezó a sufrir. El dolor era insoportable. Aprendió a gritar rápidamente. Se levantó sobre sus rodillas, y cuando no podía seguir ofreciendo resistencia estiró los brazos por detrás de su espalda. Ya solo tenía que dejarse llevar. Sufrir. Los primeros segundos aprendió a amar, a querer, a odiar, a tener hambre, ... No sabía como asimilarlo, donde dirigir sus gritos, donde agarrarse, ... Su cuerpo empezó a manifestar su agonía. Cada vivencia que normalmente hubiese necesitado toda una vida, estaba siendo vivida en segundos. Cada pasito convertido en una bocanada de aire se estaba tatuando en su cuerpo. Una experiencia solapaba a la otra, y ambas eran solapadas por una más reciente haciendo que la primera y la segunda se viesen borrosas. Pasados unos instantes las primeras vivencias habían sido enterradas y olvidadas, ... pero ya estaban ahí tatuadas. Permutadas de por vida. Su piel cada vez se iba haciendo más y más fría, la tinta estaba formando una capa aislante entre su cuerpo caliente y el exterior frío. Cada vez más oscura.
Todo pasó en cuestión de minutos. Ahora entendía todo. Ya sabía todo lo que tenía que saber, y cómo aprender el resto. E hombre encapuchado de piel negra, que había sido un público cayado de la escena, se le acercó. Le tendió el cuchillo. Este lo tomó, le dio un revés y se lo hincó en las entrañas sin vacilar. El encapuchado sonrió. Y sus ojos empezaron a tatuarse de negrura. Ya había vivido su última vivencia. La muerte. Todo dependía ahora del neonato.
Después de tomar su lugar, vestirse con su túnica y guardar el puñal en el pecho empezó a andar por las calles de ese nuevo mundo. Todo le era familiar. Todos los sentimientos que flotaban en el ambiente, él ya los había manejado anteriormente. Sabía que las personas que andaban a su alrededor no eran como él. Pero que sentían como él. Eran capaces de destruir sin pestañear. Llevar a su casa, lavarse las manos en el fregadero y besar en la frente a cada uno de sus hijos. No podía fiarse de nadie, ...

15 de noviembre de 2011

Reniego.

¿Qué te pasa?, ¿Qué quieres ahora después de tanto tiempo?, ... Ya he decidido sobre ti. Estás muerto. No existes no quiero nada contigo. ¡Vete! ... No. Quédate. Todavía hay cosas que debes saber. Temas que debemos tratar. Te sentías muy solo y creaste la vida con microscopio y a color. Me creaste a tu imagen y semejanza. Contéstame, ¿Para qué pusiste la capacidad de renunciar a ti?, ¿Para qué me diste dientes y me prohibiste morder?, ¿Por qué me diste la capacidad para hacer el mal, y entonces me castigas por hacerlo? ... Seguramente has programado hasta esta conversación. Juegas con 3 bolas en tus manos. Las manejas, las vas cambiando de posición, pero nunca se te caen. Te ríes y diviertes con mis dudas. Sonríes cuando tomo la decisión equivocada. No te metes en temas que no son tuyos, solo eres capaz de meterte en tus propios asuntos. "La capacidad de elegir", ... Es absurdo. Enrevesaste las normas y las leyes de tal forma que no fuésemos capaces de entender la realidad. Es de esperar que si nos dieses la respuesta que tanto gritamos, enloqueciésemos automáticamente. Seríamos incapaces de entenderlo. Por mucho que nos lo hayamos imaginado en películas o en libros, ... nunca lo entenderemos.
Seguro que tienes un as detrás de la manga. Algo que no has puesto en mi cabeza. Algo que la imaginación no es capaz de imaginar. Una teoría que nunca se podrá escribir. Es algo que nunca, nadie jamás imaginará. Un bloqueo de mente. Infectaste a toda la humanidad con la duda, porque precisamente sabías que ni la imaginación más privilegiada podrá conocer tu secreto. Físicamente no está dentro de sus niveles de tolerancia. Tiene que haber un secreto que solo tu sabes. Que no se lo has contado a nadie, ni aún estando borracho. ¿Cómo lo puedes guardar durante tanto tiempo sin que nadie se entere?
Cada vez que ves que las cosas están mal vienes. Te exhibes, como recordando que sigues ahí. Ya no quiero verte nene. ¡Vete de una vez! No quiero desear tocar una cosa que no puedo tocar. No quiero más dudas. Sé que estás ahí, pero prefiero no desear llegar a ti, porque la frustración de que no puedo hacerlo, es mayor que la frustración de pensar que jamás te tocaré haga lo que haga.
Es una decisión tomada sobrio. Algo premeditado y con alevosía. Si no puedo entenderte tampoco lo voy a seguir intentando ¿no crees? A partir de ahora no te pediré nada. Ya no somos nada. Ya puedes irte. Adiós.

8 de noviembre de 2011

Amor por cisterna.

Tanteo a mi izquierda. No hay nadie. Es verdad, ... ya no hay nadie. Ahora caigo. Pido opinión en el sector derecho. Solo me hace caso el reloj. Las 6:58 pm. Ese sabor a corcho mezclado con la negrura del tabaco espeso y un toque de aire del fondo de un pozo. ¡Que asco! Escupo en el primer hueco que descubro intentando escabullirse a mi atención. Iluso.
Me tambaleo entre campanas de boda. No, era mentira, es el sonido de las botellas vacías apartándose ante mi presencia. Esquivo la mirada del espejo. Es un mentiroso. Saco la llave del escote. Abro el cerrojo y levanto la tapa. Ni me lo pienso, es mejor no pensarlo, solo me siento en mi trono. Mi carne caliente contrasta con la escarcha de mi asiento, pero rápidamente se adapta a mi, y me espera ansiosamente sin rechistar. Es mi confidente de la mañana.
Sigo insistiendo, mirando al frente y con cara de perro degollado. Pido conversación a los azulejos blancos con motivos negros. Pero me ignoran. Vuelvo la vista al papel higiénico. Pero me argumenta que su jornada laboral aún no ha comenzado ... Al final desisto, y comienzo a mirar en mi interior. Hoy sin ti. Empiezo a recordarte.
Desde el primer día en el que me enamoré de ti, mi posición en la cama era el que estaba más cerca de la pared. En aquella época dormir era sencillo. Solo había que cerrar los ojos y darte la mano. El resto era cuestión de tiempo. El lugar de la cama se va estrechando, me voy agobiando, me siento acorralado, ... Saco los dientes en los momentos más inoportunos, y te grito al oído el rencor acumulado desde hace unos días. La porquería empieza a cumularse detrás de una puerta en la que estás escondido. Tu a un lado, yo al otro lado, ambos muy cerca pero separados por unos centímetros infinitos. Estamos en dos habitaciones pintadas de distinto color.
De repente algo que formaba parte de mi se desprende. Avanzaba tan lentamente que no esperaba que se fuese así, sin avisar. No obstante después de la nostalgia, solo puedo sentir alivio. Mi fragmento perdido impacta en una charca de corriente nula y pestilente. El volumen aumenta en la charca y el agua solo puede escaparse por la garganta de un pato ahorcado, que vomita solo por lo que le han pagado...
Los días van pasando. "Es mejor seguir, seguro que la situación cambia.", "Mañana será otro día, todo cambiará. Es cuestión de tiempo", "Mañana empiezo la dieta. Cuando esté delgado estaré mejor. Seré feliz y podré hacerlo feliz." Las intenciones se fueron acumulando. Cada día tomaba una pastilla de placebo antes de cada comida. Tras el atracón, entendía que no valía para nada.
Un día sin avisarme me dijiste que todo terminó. Que las cosas no eran así. Adiós, encantado de conocerte. Entonces abandonaste la habitación por una salida alternativa, que yo no entendía que existiera. Pero yo me quedé ahí, ... tras la puerta, apartando la basura con los pies, con la oreja pegada por si seguías ahí detrás, ... por si era verdad que te habías ido, ... por si regresabas.
Finalmente lo que quedaba dentro de mi decidió que no quería seguir ahí. Se tiró al vacío, sin ni siquiera mirar abajo. Ello también me abandonó. Ya no me queda nada mío. Ahora la soledad me hace compañía.
Están tocando a la puerta. Maldito cartero, ... siempre toca a todas las casas. Me hubiese encantado ir a abrirle y decirle "Bueno días", sería la conversación más larga que tengo en semanas. Sin embargo prefiero quedarme allí, entre la mierda, e ignorar el timbre. Establecer conversación con la soledad. Rechazar las manos que me tiendes todos los que me quieren. Sufrir sufriendo, ...
El papel de terciopelo roza mi rodilla. Me dice que no estoy solo. Que me vaya de allí. Me hecha a patadas, me grita que ese no es mi lugar. Me despotrica, me insulta, me humilla, ... Me hace sentirme fuerte, porque sé que lo que dice no es verdad. En mis ojos ya solo se refleja fuerza, rabia, ánimo, ... Esperanza. Algo ha cambiado en la escena. Yo he cambiado.
Decido salir adelante. Decido acabar con la autocompasión. Ya basta. Empiezo a mirar a mi alrededor. Tiene que haber alguna forma de subir hacia arriba. Tiene que haber alguna forma de elevarse entre tanta podredumbre. Solo veo una salida. La cadena del váter. Me agarro a ella con todas mis fuerzas y tiro hacia arriba. Mis rodillas hacen el amago de subir. Pero se han acostumbrado a estar en ese estado de invalidez. El papel higiénico me hecha una mano, ... Me impulsa. Ahora entiendo que solo quería ayudarme haciendo ver la realidad. Un último esfuerzo, ... YA. Estoy fuera. Estoy de pie. Me vuelvo sobre mis pasos y veo el agua empezar a brotar. Está arrastrando todas la suciedad que he acumulado durante estos dos años, está limpiando mi pasado, está saciando las ansias que tenía de ser libre, está borrándolo todo de un plumazo. Soy una persona renovada, pero ha sido demasiado esfuerzo. El cansancio se me cuelga del cuello. Me despido del papel higiénico estrechándole la mano. Vuelvo a la cama. Las 7:03 pm, ... Buenas noches.

30 de octubre de 2011

Sinapsis

Esa cara, ese gesto, ese perfume, y sobre todo ese perfil es el que encaja en mi molde. Todos tenemos dos orejas, dos ojos, una nariz, una boca, incluso una distancia ano-genital. ¿Porqué no nos gusta todo el mundo? Cuando estamos atándonos los zapatos y levantamos la vista de repente, y vemos aquello que nos hace "bum"y nos deja fuera de juego. Ese es el momento en el que el hueco entre la neurona pre-sináptica y la neurona post-sináptica se rellena, y se produce el impulso eléctrico que va directo al corazón.
Los síntomas del flechazo se van manifestando. El corazón se acelera discretamente, la sangre va circulando, más rápido, cargada de una mezcla de aroma áspero, perlas doradas y cromóforos verdosos. Algo así como una mezcla de coca-cola, leche semidesnatada y suavizante con aroma a jabón de Marsella. Empieza a tener efecto. Esa mezcla efervescente se abre paso por tus venas, recordándote que algunas partes de tu cuerpo olvidadas siguen ahí. Empiezas a notar las yemas de los dedos. Tu estómago se tapiza de brisa fría, tus tobillos empiezan a elevarse disimuladamente. La bestia se libera entonces. La adrenalina escapa de sus pesadas cadenas y se une tarde a la carrera. No obstante es la más rápida. Te hace querer volar, te hace sentir que vas a despegar en cualquier momento. Ya es inevitable. Te has enamorado. Eres adicto a ese ser que acabas de ver por primera vez. O a la adrenalina con coca-cola, ... depende de cómo lo miremos.
¿Elegimos a nuestra pareja potencial?, ¿O nuestro cuerpo elige por nosotros? Está suficientemente claro, que la bioquímica lo controla todo. No somos más que un puñado de bioelementos ordenados con muy mala idea. ¿Es cierta esa afirmación de "no es culpa mía, no elijo de quien enamorarme"? Puede que sea correcta. O puede que no. Echando la vista atrás, a nuestra complicada bibliografía, vemos que los animales que no han pasado por el raciocinio, no se enamoran. Una hembra fecundable, es una hembra fecundable. Sin más. Siempre suelen elegir ellas, pero obviamente no eligen al más guapo. Si no al que mejor descendencia pueda darle. Esto puede estar relacionado con los humanos indirectamente. Un chico guapo, alto, fornido, sano, ... (un guapo oficial vamos), posiblemente pueda dar mejor descendencia que un "feo" oficial (para gustos los colores). Y cómo viene siendo costumbre, nuestro cuerpo no se fía de nuestra razón, y nos empuja a que esa pareja potencial nos atraiga, y que le podamos llamar la atención a él también.
Es como el dolor. Existe para que no pongamos la mano en el fuego. El olor desagradable, para que no comamos comida en avanzado estado de descomposición. El miedo, para que corramos todo lo rápido que podamos y el asesino no nos pille. ¿Porqué no puede existir el "amor", para obligarnos a escoger a una pareja que pueda darnos unos genes fuertes, sanos y duraderos que aseguren la permanencia de la especie?
Pues puede existir ese mecanismo. Evidentemente que puede y debe existir, y es como podríamos explicar que nos guste una persona o no nos guste. Que nos ponga o no, hablando más concretamente. En esta línea de pensamiento podríamos explicar la homosexualidad. Si descubrimos cuál es la vía por la que "elegimos" a un fecundador alfa, ... podemos desvelar y definir científicamente el amor. Y explicar porqué nos enamoramos de quien no debemos. Y por supuesto, hacer lo que acostumbramos a hacer en este siglo XXI. Crear seres transgénicos que no se enamoren. ¿ Imagináis una persona que no piense en amor, afecto, calor humano, sexo, sentimientos en general? Sería alguien super inteligente, un soldado implacable, un médico excelente o un escritor Nobel. Sería una nueva raza. La nueva raza.

29 de octubre de 2011

Esperar.

Nos pasamos la vida esperando cosas que muchas veces tenemos la certeza de que jamás ocurrirán. Pero ¿Qué es realmente esperar? Podemos esperar cosas, esperar a personas, esperar sucesos. ¿Qué hacemos mientras esperamos?, ¿Aburrirnos?, ¿Cuando llega lo esperado, re reinicia el contador?
Cuando te pones a esperar macro-cosas, que la vida pueda darte, no te llevas decepciones, porque esas macro-cosas no suelen desesperarte. Por ejemplo "Tendré un coche fabuloso" Mientras esperas ese coche fabuloso, hechas unas migajas de pan a los patos con un coche en plan cutre. Ya llegará lo fabuloso, ...
Cuando esperas en la parada del autobús a que este llegue, tampoco te llevas decepciones. Ahí estás, esperando, esperando, ... de vez en cuando miras el reloj y compruebas que sigues esperando, ... pero no pasa nada. El autobús llegará. Aunque se retrase 35 minutos. Llegará. He aquí el beneficio de la incredulidad. En el minuto 1, crees que llegará al minuto 2. En el minuto 2, al ver que te equivocabas, te auto-convences de que llegará en el minuto 3. Siendo consciente de tu nuevo error, no hay duda de que llegará en el minuto 4. Haciendo ese ciclo durante los 35 minutos que has estado esperando al autobús, has conseguido no decepcionarte. No está nada mal.
La forma que de verdad es decepcionante, es la variable "espera ilusionada". Esta variable implica que te haces ilusiones, que a veces repites con tanta esperanza que te las crees realmente. Un ejemplo clásico "El queso light no engorda" Llegas a creerte esas cosas con todo tu corazón, y cruzas los dedos tan fuerte que llegas a rasgarte la piel con la uña, mientras te comes un cuarto de queso "light". Cuando ves tu imagen enfrente de un espejo, y las carnes quieren escapar de la  presión del pantalón te decepcionas. Despotricas a todas las variedades de queso "light" existentes. Pero al final, la decepción nadie te la quita de encima.
¿Qué podemos hacer para evitar ese sentimiento tan pesado y tan desgarrador? Seamos realistas. La decepción, el que se caigan nuestras expectativas, el que nuestro mundo de "happydad" cambie de repente, ... ese es e verdadero motivo de toda infelicidad. Cuando una madre se entera que su niño no mira debajo de las faldas, lo que siente es decepción de no ser abuelita. Cuando suspendes a la 5º vez el carnet de conducir, lo que sientes es la decepción de tus seres queridos. Cuando te decepcionas, sufres.
Para evitarlo, es necesario saber lo que tenemos que esperar y cómo y cuando esperarlo. ¡Ejemplos!

  • ¿Qué podemos esperar de un chico de un chat que tiene como nick "polla_caliente"? ¿amistad?, ¿que nos invite a un café?, ... sabemos lo que se puede esperar de ese chico (o de esa polla), y si esperamos una amistad, o un café nos decepcionaremos.
  • ¿Qué podemos esperar de un novio, que te confiesa por su "sinceridad" que le fue infiel a su exnovio?, ¿Podemos esperar ser diferentes y que a nosotros no nos sea infiel? Si esa persona lo ha hecho una vez, lo podrá hacer más veces sin pestañear. No eres distinto. No te convenzas de que lo eres.
  • ¿Qué se puede esperar de un chico que nunca muestra interés por ti?, ¿Que te pregunte por tu salud cuando sabe que te estás muriendo? Si una persona nunca en su vida ha hecho una cosa, no puedes pedirle que lo haga ahora, a sus 30 años, solo porque tu quieres que lo haga. No lo hará.
  • ¿Qué podemos esperar de una persona que la primera vez que se dirige a ti, te dice "Eh tu, niño, pásame eso"? ¿Que nos lo agradezca cuando se lo acerquemos? Algunas personas se definen nada más abrir la boca. Créete esa definición. No la modifiques y adornes de falsa esperanza.
En fin. Los ejemplos son diarios y de una enorme magnitud. Si metemos una moneda en la máquina del café y pulsamos la tecla "café con leche", esperamos que sea café con leche. Si nos da descafeinado con leche, ... no lo notaremos. No importa. Si la máquina no nos dice "su café, gracias", tampoco importa. Yo lo que quería es mi café. Si me das las gracias o no me las das, tengo lo que quiero. Lo demás, está de más.
Si sabes lo que quieres, sabes lo que buscas, sabes lo que puedes encontrar, y NUNCA esperas nada de elementos tan discordantes como las personas, ... Evitarás decepcionarte en esta vida. Evitarás sufrir. Si llueve, puedes esperar mojarte. Si te caes, espera hacerte daño. Pero si no te haces daño porque caes en ángulo raro o no te mojas porque te prestan un paraguas, ... Eso que te llevas. Mientras aprendes a vivir de esa forma, ... Sigue esperando a aprender a esperar.

28 de octubre de 2011

Destino rebelado.

Era una chica genial. Tenía toda la vida por delante. Su cascarón acababa de ser roto. Su vida seguía en ascenso. Sin pausa, pero sin prisa. Dejó el lugar donde nació. Dejó las acuarelas con las que pintaba. Dejó a su gente. Se encontró con un sitio completamente distinto. Grande, enorme, nuevo. Era el momento de comerse el mundo. Era su momento.
Aprendió a decir "Por favor", se acostumbró a despedirse de los grande supermercados con un "gracias". Cada nuevo día era precisamente eso. Nuevo. Era abarcado con entusiasmo, con ganas, con alegría. Un día sin querer que fuese así, lo conoció a él. Un hombre que no cambió las cosas pero si que las modificó. Lo convirtió en su eje central, dio la espalda a quien no estaba de acuerdo con esa relación, dejó de tener amigos, ... Su amante lo era todo. Se enamoró sin darse cuenta. Todo continuó bien. Encontró su primer trabajo, estaba locamente enamorada en una relación que iba genial, y todos los días tenía la posibilidad de comer caliente bajo un techo. ¿Qué más se podía pedir?, ¿Qué podía salir mal? La respuesta a las dos preguntas era común. Nada.
Aunque era nada lo que podía modificarse, y aunque era nada lo que podía añadirse, ella quería más. No era suficiente. Era mejor tener más. Decidió hacerse unos arreglos. Estar más guapa. Agradar a la única persona de su alrededor a la que no agradaba. A ella misma.
Visitó a un Dios contemporáneo. Esta gente modifica las vidas. Las estira, las moldea, las arregla y las quitan por descuidos. Ella hizo uso de su consulta gratuita. Y se atrevió a hacerse un chequeo médico para poder dar una sorpresa a todos sus seres queridos. Para poder modificar su cuerpo y que todo el mundo la alabase. Al ir a recoger las pruebas la cara del Dios se torció. El gesto cambió. Algo iba mal.
Sin miedo ni pudor le reveló su destino. Se lo dio por escrito. No podía ser posible. ¿Porqué?, ¿Cuanto queda?, ¿Qué se puede hacer?, ¿Cuanto queda?, ¿Cuanto?,...
Preguntas sin respuesta. La enfermedad se había equivocado de cuerpo. No estaba donde correspondía, por lo que no había sido estudiada. Ese Dios no podía darle el milagro que ella esperaba, solo ofrecerle un poco de pan, para ir calmando el hambre, hasta el momento de la despedida.
Fue lo más duro a lo que se había enfrentado en su vida. No estaba preparada. Llegó a la casa donde hacía menos de unas horas había salido, ... y todo era distinto. Ha regresado con otro color. Ha llegado sabiendo la verdad. No era justo que lo supiese. No era justo.
Su corazón se congeló. Sus labios se helaron. Sus ojos se secaron. Cortó las cuerdas que las sostenían sobre el aire, y entonces empezó a caer por el abismo. Callando, para no molestar a los que ya estaban escalando.
Eligió andar sola para poder estar acompañada en otra vida. No era justo morir y verlos desde otro sitio a ellos llorar. No se merecían llorar. Me tenían que odiar. Se tenían que aferrar al odio. Así no me echarían de menos, sino que me odiarían sin más. No había vuelta atrás.
Dicen que las peores mentiras son aquellas que no se dicen. Ojalá alguien le hubiese mentido.

25 de octubre de 2011

Cinco contra uno

El silencio puede gritarse de muchas formas. La forma más común es escribiéndo. El único libro escuchado es la famosa bíblia. El resto en mayor o menos medida, son silencios. Cosas no escuchadas. Si un árbol cayese en medio de un bosque, en la nada y nadie estuviese allí para oír el tremendo estruendo, ¿Haría ruído? La respuesta parece muy clara cuando miramos la situación de un modo global, y lo analizamos con la mente abierta. El ruído, o el sonido simplemente, son ondas que van transportándose por el aire, sin rumbo claramente determinado, más o menos alocadamente. Un órgano capaz de recibir esas hondas e interpretarlas como ruído es lo que hace que sea escuchado. Todos los días nos rodean sonidos que no somos capaces de percibir porque se escapan a nuestros niveles de tolerancia auditivos. Pero existen. Y otros seres vivios son capaces de percibirlos.
También hay cosas que no somos capaces de ver. Abstractas. Amor, miedo, rencor, felicidad, ... Tenemos otras formas de sentirlas, pero ¿cómo? Tacto, gusto, oído, vista y olfato, ... Me los aprendí en el colegio. Si no podemos percibir esas sensaciones con órganos especializados para ello, ¿existen? Podríamos pensar que simplemente es una idealización armónica de nuestra cabeza. Hemos proyectado imágenes y cosas que no existen. Que no se pueden percibir.
Somos los únicos animales capaces de crear un diccionario que recoja todas esas características. Nadie más las siente, y le pone nombre a ese sentimiento. Nadie más "las percibe" y las hace fundamentales en su vida. Se podría pensar por tanto que unido a esa "característica única" va la otra cosa que nos define como personas. La razón. La inteligencia. Esa cosa que también es abstracta pero claramente nos deja imitar el día en una bombilla. Nos hace enormemente susceptibles a pensar ¿Qué somos?, ¿Qué queremos?. Nos entretiene, nos saca fuera de juego, nos divierte, ... Nos olvidamos de lo que somos y para lo que hemos venido. Nos hace hacer cosas contradictorias y nos miente diciéndonos que vamos bien. Nos regala falsos testimonios. Creo que la expresión "Cinco contra uno" tan ambígua puede interpretarse también como: la razón contra los 5 sentidos. Una batalla desproporcionada.