30 de abril de 2012

La búsqueda.

Estoy buscando un hombre. Lo busco desesperada y con el único fin de encontrarlo. Pero tengo miedo ... me da miedo a vivir. A no ser lo suficiente buena para ese hombre ideal. Lo mejor será ocultarme bajo las sábanas y buscarlo a través de la red.
Busco un hombre egoísta. Busco un hombre estúpido y engreído. Que no sea cariñoso, que me trate como si fuese el ultima piedra del camino que reposa frente a los excrementos de una vaca. Que me hable con desprecio y me trate con desdén. Que me grite como si constantemente nos separara un muro de hormigón que yo no alcanzo a ver. Que no ría cuando intento ser ingeniosa, pero que sus ojos me fundan si yo no esbozo risas forzadas. Que solo piense en él y nada más que en él, pues él lo vale y yo no soy nada.
Pero sobre todo ... quiero no me quiera. Que me caliente la oreja derecha con sus besos mentirosos y me camele la izquierda con su "te quiero" obligado. Que finja dolor, cuando su corazón no puede hacer otra cosa que dibujar indiferencia. Que me escriba poemas de amor dos veces al año copiados de una canción barata de Sabina. Que deje sonar el teléfono sin prestarle atención.
También quiero que me mienta. Todos y cada uno de los días de nuestra frágil existencia quiero oír mentiras. Mentiras de esas que nadie que no estuviese enfermo de amor creería. Mentiras que yo misma interpretase como ilusiones llenas de color. Falsedad e hipocresía deben fundirse en su "buenas noches amor" después de una cama sobrada de amor. Su "lo siento" a mis ojos verdadero, no puede ser capaz de abarcar más de lo que abarcan los dedos de un recién nacido. Sus promesas diarias no pueden llegar a ver más de dos noches seguidas. Su perfume tiene que apestar a engaño.
También es muy importante que sepa improvisar. Que sepa calmar mi llanto de desamor llenando mi corazón de ilusiones. Nuevas esperanzas que descansan en récords oxidados. Es obligado que sepa mantenerme a sus pies. Muy cerquita, arrodillada y despojada de mi dignidad. Esperando a que sus labios susurren una orden para acatarla sin dudar. Tiene que ser capaz de solucionar pequeñas crisis con una simple mirada. Mirada que atraviese mis pupilas, esquive mi corazón y destroce mi alma. Entonces, en el momento en el que me derrumbe me tiene que abrazar. Y cuando me tenga entre sus brazos y ya sepa que vuelvo a ser suya como el primer día, entonces ya solo tiene que sonreír en mi espalda.
Y como un buen hombre, también me tiene que dejar algún día.
Esta parte es fundamental. Para dejarme solo tiene que invitarme a una charla relajada en el salón. Tras esquivar mi beso de bienvenida, debe apartar el mechón de pelo que se escapa hacia mis labios. "No es por ti, es por mi" debe comenzar diciendo. Estas palabras abrirán mi corazón en canal. "No quiero hacerte daño" tiene que decir para que empiece a desangrarme. "Debemos dejarlo aquí" debe concluir para destrozar mi corazón en mil pedazos.
Después de eso solo tiene que irse por la puerta, con sus cosas debajo del brazo. Olvidarme y buscarse cualquier otra idiota que llene el calor de su cama.
Y mientras tanto yo me quedaré recogiendo mis pedazos de corazón desparramados por ahí. Preguntaré al viento por mi alma huida. Revisaré mi diario en busca de una vida sufrida.
Es lo que busco. No quiero ningún otro tipo de hombre, porque para ser feliz, solo tengo que sufrir.

28 de abril de 2012

Pedacito de un latido.

La vida marcada a ritmo de Jazz escribe poemas en tonos rojizos. Un corazón solitario sobrevive en un mundo marginado. Llora triste cada vez que se siente solo, pues siempre está solo, pero muy pocas veces es consciente de su soledad.
A ti, que lo has engañado con tus mentiras agridulces. A ti, que lo has utilizado como las estrellas utilizan a la Luna. A ti, que aún sabiendo que era un corazón tapizado en porcelana, lo has tirado al suelo sin importarte que se rompa en mil pedazos.
A ti te debe este corazón desterrado todo su sufrimiento.
Porque no es malo olvidar tu pasado, lo malo es rechazarlo. Porque no es malo gritar tu sufrimiento, lo malo es no escucharlo. Porque no es malo coser el tiempo que hemos perdido, lo malo es arrepentirse por ello.
Existen distintas esencias que vagan disueltas en el aire. Bailan deseosas de encontrar un lugar donde ser entendidas. Un lugar donde poder gritar lo que su piel tiene tatuada desde antes de nacer.
Las palabras corretean buscando unos oídos atentos. Los colores avanzan imperantes deseosos de unas pupilas negras. Unos granos de sal esperan encima de una piedra, pacientes por el lametón de una lengua curiosa. Las arrugas de un limón buscan intrigados las yemas de unos dedos meticulosos. El perfume de una rosa vaga desamparado con la esperanza de encontrar una nariz desprevenida.
Pero, ¿y el dolor? ¿qué es lo que hace el dolor?
El dolor no es tan discreto como los cinco jinetes blancos. El dolor cabalga en un caballo negro. Busca a su victima perfecta. Va indagando, preguntando por las aldeas, sin descanso y con la única motivación de encontrarlo. De encontrar al único ser capaz de entenderlo. De encontrar su corazón.
Cuando el dolor encuentra el corazón apropiado irrumpe sin previo aviso. Entra y llena sus venas de maldad y odio. La esperanza se apaga en los brazos de la ilusión, que mientras la ve morir se marchita con amargura. La oscuridad invita al frío. El frío trae consigo un invierno largo y lleno de desolación perturbada.
Muere el cielo. Muere la luz. Y nuestro corazón solitario empieza a sufrir todo el dolor. Al final, morirá el corazón de pena. Su sinceridad se tornará en negra mentira. Su voz rasgará escusas sin argumento.
Pero ¿y todo el dolor que no es sufrido? ¿y esos corazones impermeables que ríen y juegan por la ciudad? ¿Y esas caras impasibles y bellas? ¿Donde se queda todo lo que sobra?
Pues, el dolor que sobra muere de soledad. Muere sin ser sufrido por un corazón. Muere perdido en el mismo bosque donde cae un árbol sin ser escuchado. En el infinito del abismo.
Quizás este sea el motivo por el que la oscuridad sea de color negro. La oscuridad es el vertedero de toda esa sal que nunca ha encontrado la lengua. De toda esa fragancia que ha desistido sin su nariz. De todo ese ruido perdido sin su oreja. De esos colores amargados sin sus ojos. De esos limones podridos sin sus dedos. Y por supuesto, de ese dolor que sufre sin su corazón.
A ti, que te he sufrido enteramente por mucho tiempo. Y porque ya no queda más dolor que soportar, pues he escurrido hasta la última gota. Te regalo mi último latido negro esta noche. Te regalo una despedida sin lágrimas. Y te escribo una poesía sin rimas.
Y a ti, mi triste corazón, te recordaré siempre sonriendo. Olvidaré los días donde jugabas con muñecos rotos. Te tiraré a la basura para que jamás vuelvas a sufrir. Y formarás parte del olvido. Ya solo nos encontraremos cuando vuelva la oscuridad del bosque.
A ambos. Al remedio y a la enfermedad os doy muerte para ahora y para siempre.

27 de abril de 2012

El "casi" de Bruno.

El despertador de Bruno fue puntual, como de costumbre. Comenzó a sonar a la hora indicada en el momento indicado. Ni un segundo más, ni un segundo menos. Bruno abrió los ojos con la típica pregunta que suele hacerse cuando no ha dormido lo suficiente ¿Tan pronto? Pero si ni siquiera ha pasado un momento desde que cerré los ojos ...
Apagó el despertador y encendió la luz para asegurarse de que no se dormía pasase lo que pasase. Como la mañana de antes había sido previsor, sabía que tenía unos minutos previos antes de abandonar por completo el calor de la cama. Quería estar un poco más ahí, sin moverse. Muy quietecito y acurrucado, mientras el mundo no se percataba de su presencia.
Pasados sus minutos de regalo Bruno se levantó. No quería llegar tarde al gran evento. Se vistió y hasta tuvo tiempo de dejar la cama hecha. Salió de casa ligero de equipaje y esperando abordar su gran momento con su mejor sonrisa.

- ¿Hola? ¿Qué se supone que haces TÚ aquí a esta hora, HOY? - preguntó Carlos asombrado.
- Ni me lo menciones ... he llegado tarde. Y me han cerrado las puertas. Eso me pasa por confiar en el transporte público.
- Y será verdad ... ¿en serio? No me lo creo.
- Prueba es mi presencia aquí y ahora. Con mi mejor abrigo (de marca) y oliendo a un perfume extraño que creo que voy a esturrear por el lavabo nada más volver a casa.
- Lo siento mucho Bruno ...
- No pasa nada. Últimamente no me salen muchas cosas bien. No creía que esta fuese la excepción.
- Y ¿qué vas a hacer ahora?
- Esmerarme concienzudamente para el futuro inmediato. Por la cuenta que me trae ...
- No te veo muy afectado ni muy desilusionado ...
- Porque no lo estoy Carlos. No puedo hacer nada para cambiar lo que me ha pasado. De nada sirve darle vueltas a mi cabeza y arrepentirme por no haber despertado quince minutos antes. No volverá a pasar.
- Cualquiera diría eso de que no le das vueltas a las cosas ...
- Ya lo se. Puede que a veces haya excepciones.
- Un gran acontecimiento abarca un gran número de excepciones.
- ¿Sabes qué?
- ¿Qué?
- Todo el mundo me alaga con sus alfombras rojas. "Eres un gran chico" "eres tremendamente inteligente" "nunca he conocido a nadie como tú" ... alagos que agradezco, pues la mayoría de las veces son sinceros, y están dichos con la mejor intención. Pero ... ¿por qué nadie me quiere? si soy tan buen chico ¿por qué soy el "amigo perfecto de todo el mundo" pero nadie me quiere a su lado para siempre?
- Puede que sus palabras sean precisamente como las has definido: "alfombras rojas". No todo el mundo dice la verdad. La mentira vende mucho más. Aunque si me permites divagar ... eres un chico muy listo.
- Quizás debería ser un poco más tonto. Así no me plantearía estos quebraderos de cabeza. Y así podría dedicarme a vivir la vida, feliz, contento, y sin ataduras morales.
- Serías estúpido entonces.
- Cierto. Pero sería otro estúpido más. Sería como el resto del universo. Sería normal.
- A veces lo normal no es lo bueno.
- Pero es lo más común. Es lo que todos esperan de ti. Que seas un chico normal.
- Yo me alegro de que no seas normal Bruno. Y en el fondo tú también.
- Gracias Carlos. Me ayudas a olvidarme por un momento de mis penas de princesa.
- ¿Princesa? Muy pronto quieres ascender tú ... ¿quién es el rey?
- Es un expresión. No soy una chica ni pertenezco a la realeza.
- Tienes mucho trabajo por hacer. ¿Has empezado ya?
- La respuesta es obvia. Además nada más recordármelo me ha entrado un amago de bostezo ...
- Ánimo Bruno. Tú puedes. Si quieres ...
- Pondré esmero en ello. En todo. Poco a poco. Soy un vago, ya me conoces. Pero confía en mi.
- Un vago muy productivo por lo que parece. Marca tus objetivos, marca tus metas, y pelea.
- Quizás ese sea el problema. Sin objetivos, sin metas, sin miedo y sin esperanza.
- Yo creo que igual es la escusa perfecta.
- Cierto. La escusa ... como cuando mama preguntaba quién se había comido la barra de pan. Siempre encontraba la escusa perfecta.
- Tan perfecta como que siempre te pillaban a ti.
- Bueno, la perfección es imperfecta in situ. Si no, no sería perfecta.
- ¿Cómo? Me he perdido.
- Un ser perfecto, es un ser que lo tiene todo. Es absolutamente perfecto.
- Ajam.
- Por tanto un ser perfecto, debe de ser de color amarillo ... de color naranja también. De color negro, azul, verde, rosa, marrón, gris ...
- He entendido el concepto, no me describas el espectro visible por favor.
- Siguiendo ese razonamiento, el ser perfecto también debe ser tonto. Feo. Listo. Guapo. Debe ser todo, absolutamente todo lo habido y por haber en el mundo. En cuanto le faltase algo, ya no sería perfecto. Por tanto, un ser perfecto, a la fuerza, debe ser imperfecto.
- Eso es una contradicción muy grande Bruno.
- Lo se. Precisamente por eso, un ser perfecto es completamente idealizado. No existe. Solo puede ser alimentado por la imaginación de un hombre con miedo a lo desconocido.
- O un hombre esperanzado.
- No existe diferencia apenas. Hipoteticemos un Dios perfecto y poderoso.
- Ajam.
- Ese Dios debería de ser tonto ¿no crees? Debería de ser guarro, drogadicto, asesino, ladrón ... Porque si no fuese todos esos adjetivos "malignos" ya no sería perfecto. Un ser humano, un hombre, que fuese guarro ... aunque sea algo "maligno" ya sería algo que su Dios no es. Es imposible. Dios tiene que serlo todo y nada a la vez.
- Tú lo has dicho. Tiene que serlo todo. Igual que es malo, y tiene todos los adjetivos malos, también es bueno, y es poseedor de todos los adjetivos buenos.
- Entonces ... ¿por qué nos empeñamos en hacer a nuestro "hombre perfecto" carente de todo acto malicioso? Debería de ser maligno por defecto. Tanto como benévolo.
- Estoy de acuerdo Bruno.
- ¿En serio?
- Si. Creo que tienes razón, pero dudo que alguién escuche tu teoría.
- Te convenzo demasiado pronto Carlos. Pero es cierto. No me escucharían. Me callarían con argumentos como "fe" o simplemente me referenciarían alguna frase brillante de su maravilloso libro.
- Creo que podrías escribir un libro mejor que ese. Quien sabe ... igual algún día eres un Dios.
- No blasfemes Carlos. Y menos si no crees en ello.
- Yo no digo nada Bruno. Solo estoy aquí para escucharte.
- No decir nada implica decir algo. Y a veces, afirmar que no dices nada, implica decirlo todo, pero de forma cobarde.
- Sobreviviré con mi cobardía.
- Los valientes nunca sobreviven. Te irá mejor "no diciendo nada"
- Bueno, al menos puedes alegrarte de "casi" llegar a tu gran día. Has podido elaborar una buena teoría en un momento. ¿Ves? Eres inteligente.
- Me hubiese gustado haber llegado igualmente. Voy a tener que dar muchas explicaciones esta noche. Las primeras conmigo mismo.
- ¿Quieres dármelas a mi?
- Esta noche no Carlos. Esta noche tengo que dormir sin falta. Y descansar obligadamente. Mi cuerpo me lo pide a gritos. Y no es un simil barato. Me chirrían los párpados al pestañear.
- Eres un exajerado.
- Forma parte de mi encanto embutido en mi fina inteligencia.
- ¿Te estás comparando con un salchichón?
- Soy más de chorizo ...
- ¿Me llamarás si me necesitas?
- No te quepa la menor duda. Pero no te preocupes por mi. Tengo que parender a andar solo por este mundo malo y perverso que me invita a pecar constantemente.
- Bueno, si atendemos a tu teoría, puedes peca sin remordimiento. Puedes hacer lo que quieras.
- Es verdad ... acabas de tirar mi teoría por los suelos.
- ¿Yo? ¿Por qué?
- Porque lo que intentamos es que no todo valga en el mundo. Intentamos que predomine lo bueno. Que lo malo se oculte y sea enterrado o en su defecto devastado por lo bueno. Si aceptamos que todo vale ... el mundo sería un infierno. Puede que sea un error soltar las cadenas de la conciencia humana. Puede que lo mejor sea que sintamos remordimiento al matar a alguien y que lavemos nuestra conciencia solicitando un perdón sin respuesta.
- En ese caso lo mejor sería guardar tu teoría a buen recaudo. No queremos que este mundo termine siendo una ruina por tu culpa.
- Tienes razón Carlos. Menos mal que me has avisado. Casi meto la pata.
- Es tu segundo "casi" en un solo día. Definitivamente estás en racha.
- La verdad es que si. He echado a perder mi día especial por una tontería y he salvado el mundo del caos.
- A parte de buen chico eres un héroe.
- Y un futuro Dios Carlos, no lo olvides.
- ¿Quién blasfema ahora?
- Tienes razón, lo siento. El cansancio oxida mi humor.
- Tu humor sigue igual. Solo quería pincharte.
- Gracias. Me reconforta que me pinches en un momento de cataclismo.
- Vete ya Bruno. O a este paso me usarás como escusa perfecta para no hacer hoy tu tarea.
- Eres mi escusa secundaria. La principal es que estoy cansado. La de que mi perro se ha comido mi libreta ya no tiene sentido.
- Hasta pronto Bruno.
- Hasta siempre Carlos.

22 de abril de 2012

La teoría de Bruno.

A Bruno le pidieron una fotografía de cara para el colegio. Bruno ni siquiera preguntó la opción de si se podía o no se podía, pero mientras en profesor de plástica explicaba las pautas del trabajo, Bruno ya estaba calculando meticulosamente como hacer para no presentar su foto.
Al llegar a casa apartó su mochila que parecía pesar toneladas. Dejó su chaqueta en el suelo aceptando de antemano la reprimenda de su madre, y corrió a la cocina a devorar el almuerzo. Ese día estaba de suerte. Salchichas de la carnicería de Manolo con patatas fritas y pimientos fritos. Pan casi recién hecho y zumo de naranja para beber.
Bruno miró en rededor sumando los comensales presentes. Rápidamente calculó su porción de patatas y la apartó en su correspondiente plato. Luego empezó a picar de la fuente disimuladamente dejando su porción intacta.
Cuando el plato se quedó limpio, Bruno se levantó recogió las migas de pan de su zona de alimentación, lo dejó caer con agilidad en el fregador y se dirigió a su habitación.
Abrió la persiana hasta el tope y se tumbo en la cama boca arriba dejando que el Sol rozase sus mejillas. Pasada la media hora reglamentaria se levantó y sacó su álbum de fotos del armario.
- ¿Cómo estás? - preguntó Bruno -.
- Esperándote. Llegas tarde. ¿Qué has estado haciendo?
- Recordando.
- Bueno, no me sorprende. ¿De qué te has acordado?
- Una vez cuando era pequeño hicimos un autorretrato con tinta china en el colegio. Usamos una fotografía propia. Yo no tenía ninguna de cara "decente" por lo que usé una de mi abuelo. Cuando terminé el retrato, lo enseñé orgulloso en casa. Mi hazaña no calló demasiado bien ... Pero de lo que me acuerdo es de una foto de un columpio. Una foto donde yo llevaba una camiseta con rayas de colores.
- ¿Qué tiene esa foto de especial?
- Que el día en que me hice esa foto lo recuerdo bastante bien. Recuerdo el olor a tierra mojada, las hojas secas El roce de la rueda en mi espalda. Lo recuerdo perfectamente. Pero algo ha cambiado ... yo no me recuerdo como en la fotografía. El concepto que yo tenía de mi mismo no es igual.
- Es el pasado Bruno. Da igual como fueses en esa época. Lo que importa es cómo eres ahora.
- Ahora entiendo a mi padre Carlos. Después de 16 años comprendo su rabia y su odio cada vez que me miraba. Antes era incapaz de sentir eso en mi piel.
- ¿Y qué vas a hacer al respecto?
- No lo se. Intento recordar el pasado pero no se donde me lo he dejado. No consigo entender mi manera de pensar antes. Es como su hubiese metamorfoseado mi cabeza.
- Se llama madurar. Antes eras un niño. Ahora eres un hombre.
- Un hombre que ha echado su futuro a perder ...
- No todo está perdido aún. Todavía puedes pelear.
- ¿Sabes cuando ha sido la época donde más feliz he sido con diferencia?
- La imagino. Dila.
- No importa ... prefiero contarte una nueva teoría. Tengo poco tiempo.
- ¿Tiempo? Es lo que te sobra Bruno.
- Hoy no. Quiero terminar un proyecto.
- ¿Proyecto? Hace tiempo que no empezabas nada ... Dime ¿cuál es tu nueva teoría?
- Que cuando me vaya me vas a echar de menos.
- Eso no lo dudes Bruno. ¿Quieres hacer algo esta tarde?
- Si no me tengo que gastar dinero ... ¡vale!
- Sabes que te salgo muy barato. ¿Qué te parece un helado en tu tejado?
- ¿A la luz de la Luna?
- Y con un piano borracho de fondo.
- Ummmm vale. Pero te tienes que quedar a dormir. Si no, luego me da nostalgia dormir solo.
- Hecho. Yo pongo el helado. Asegúrate de emborrachar al piano.
- Eso no es difícil. Te espero.

21 de abril de 2012

La nariz de Bruno.

Bruno estaba paseando por el borde del río. Caminaba a buen paso porque aunque cuando salió hacía mucho Sol, el día se había tornado en su contra y unas gotitas empezaron a caer sin compasión dibujando lunares en la acera.
Bruno que normalmente llevaba sudadera con gorro, ese día llevaba sudadera. Pero sin gorro. Sus gafas empezaban a acumular gotas.
Bruno no tenía miedo al agua. Pero entonces recordó los acontecimientos de hace tres semanas atrás, cuando se resfrió gravemente a causa de una lluvia traicionera - como la de ese día - y le pilló paseando.
Entonces Bruno decidió que era el momento de retirarse con dignidad y aceleró el paso hacia su casa. Pasó por un mercado típico de la zona donde exhibían el producto fuera de la tienda. El dependiente se apresuraba en guardar las lechugas, tomates, zanahorias ... Entonces Bruno detectó un intenso olor a pescado fresco. Indagó con la mirada en el interior del mercado, pero comprobó que no ... no era posible que procediese de allí. En aquel lugar solo vendían frutas y verduras. Siguió caminando a buen paso con la curiosidad en la punta de la nariz, hasta que por fin, tras 5 minutos caminando encontró una pescadería de barrio con la puerta cerrada.
Bruno olfateo. Definitivamente el olor procedía de ahí. Bruno siguió caminando enorgullecido de la finura de su olfato. En estos momentos Bruno no pudo evitar recordar al Gigante de Hielo ...
- ¡Hola! - saludó Carlos algo forzado -.
- Hola Carlos ... ¿Qué tal?
- ¿Qué te pasa Bruno? Tu entusiasmo brilla por su ausencia ...
- Acabo de llegar a casa. Estaba paseando pero se ha puesto a llover.
- ¿Y?
- Que me he puesto a recordar a fantasmas del pasado ... de esos que ya deberían estar muertos.
- ¿A quién?
- El gigante de hielo ... su perfil pelirrojo, sus ojos entornados y su sonrisa mellada. Pero sobre todo su olor a chocolate. Lo echo de menos a veces.
- Es bueno que no olvides. Pero debes ser consciente que la vida sigue adelante.
- Ya lo se. Poco a poco estoy olvidando. Pero hay veces donde mi nariz no me deja. Puedo oler cosas a metros de distancia. Huelo mejor que veo. De pequeño sabía quien entraba en casa por el olor. Estando en el salón sabía quien se estaba duchando por el olor del gel que se colaba por debajo de la puerta. Antes creía que era normal. Pero ahora me siento como un bicho raro.
- ¿Porqué un bicho raro? No es malo tener ese "sexto sentido" nasal.
- Bicho raro porque cada objeto tiene su propio olor. Cada persona tiene su propio olor. Un olor que nunca cambiará, da igual las veces que se laven o los cosméticos que utilicen, nunca cambiarán. Y cuando ese hilo llega a mi nariz recuerdo todo lo he vivido con ellos. Y me crea nostalgia.
- ¿A qué huelo yo? Creo que soy bastante higiénico ...
- Nunca olvidaré tu olor. Hueles a bicarbonato mezclado con saliva. Aceite de oliva con aloe vera y un poco de jabón de Marsella. No me gusta tu olor ... pero es tuyo. De nadie más.
- ¿Y mi hermana? ¿Huele como yo?
- No. Es imposible. Tu hermana tiene un patrón parecido al tuyo pero no es igual. Tu hermana huele como las ramas de olvido secas justo antes de empezar a arder. Como a fuego sin humo.
- ¿Cómo está ella?
- No lo se Carlos. Las cosas no salieron como a mi me hubiesen gustado. Mi falta de autonomía, mi inexperiencia, la situación ... confié en las personas equivocadas. Y pagué mi decepción con tu hermana. No fueron las condiciones idóneas ...
- Sabes que no te tienes que escusar. Ella es fuerte. Estará bien.
- Hay veces donde me gustaría pedir disculpas. Pero si lo hago solo conseguiré remover más las aguas. Lo mejor es dejarlo todo como está ...
- Tienes razón Bruno. Déjala en paz. Su tormento morirá.
- Eso espero.
- ¿Y tu familia cómo está?
- Mi hermano ha encontrado trabajo. Sigue odiándome, pero al menos se que está bien. Eso me reconforta. No se nada de mi madre. Ella está en una nueva etapa de su vida ...
- ¿No quieres hablar de ellos?
- La verdad es que no. No sabría que decir de ellos.
- ¿De quien quieres hablar?
- Bueno ... hay una chica en el colegio...
- ¿Una chica? Me estoy perdiendo ...
- Si me dejases terminar te encontrarías.
- Lo siento señor. Si señor. Prosiga señor.
- No se su nombre. Ni siquiera he visto bien sus ojos. Pero su voz es celestial. Tiene una sonrisa preciosa. Su pelo baila por su frente. Realmente es muy dulce. Huele a nueces con margaritas.
- ¿Has terminado?
- No. Bueno, ... si.
- ¿Desde cuándo necesitas saber su nombre? Vamos a ponerle un mote.
- Todavía no se nada de ella. No puedo poner un mote a una desconocida.
- ¿Por qué te llama la atención? Hay muchas chicas como ella.
- Pero ella es distinta. Es mucho más pura de lo que yo mismo creo. Y ella se ha dado cuenta de mi astucia. Me mira con ojos de admiración ... como todas.
- Lo típico. Cariño que es solo cariño.
- No  es lo que me preocupa ahora mismo. Era solo un comentario.
- Ya lo se.
- Me voy a dormir Carlos.
- No es bueno que duermas tanto.
- ¿No vienes a dormir conmigo?
- Hoy no. Quieres estar solo.
- Dijiste que estarías aquí cuando te necesitara.
- Precisamente por eso. Hoy no me necesitas.

20 de abril de 2012

El despertar de Bruno.

Al despertar Bruno tenía la impresión de que alguien había cogido su cama en peso y la había tirado por la ventana. Además, por su dolor de cabeza, estaba seguro de que la cama había salido ilesa pero él se había estampado de morros en el asfalto.
Con muy alta probabilidad alguien lo había recogido del suelo porque le había dado pena. Lo había subido a casa, a él y a la cama, y los había colocado en su sitio. Habría arropado a Bruno y habría dejado la puerta cerrada al salir.
Se levantó con los brazos estirados preparando por si perdía el equilibrio. Aún entraba un poco de Sol por la ventana, por lo que estipuló una teoría muy coherente: "deben de ser las 5 o las 6 de la tarde".
Al encender el televisor todo calló en picado. Pasapalabra confirmaba que eran más de las 8 de la tarde. Mientras la opacidad de sus ojos iba muriendo, Bruno se iba dando cuenta de donde estaba.
Se tiró encima de la cama, arrastró el ordenador hacia la cama y abrió la tapa.
Buscó con agilidad la cara de su amigo en la pantalla.
- Te has ido sin avisar ... como siempre -reprochó elegantemente.
- Deberías de estar acostumbrado. Además roncas como una foca. Estaba deseando de que cerrases los ojos para salir de allí por patas.
- ¿En serio? ¿He roncado? Lo siento ...
- No se si has roncado tonto. Creo que no. Pero que has dormido como un niño seguro.
- No me digas esas cosas que me las creo y me preocupo.
- ¿Qué has soñado esta vez?
- Con Palomilla. Creo ... y con una chica que se llamaba Tímida. Era dependiente de una tienda.
- ¿En serio? ¿O intentas hacer una metáfora estúpida?
- Es en serio. Se llamaba así. Y era simpática ... creo. Además dejó que Palomilla sacase producto fuera de la tienda ... y lo que es más raro aún, ¡Palomilla llevaba bolso!
- Eso no ha sido un sueño, ha sido una pesadilla.
- No te metas con la Palomilla. Es la mujer más pura que he conocido nunca.
- Ains ... Bruno y sus "mejores amigos para toda la vida"
- Se que ella no es para toda la vida. Pero ella es la que me tira ahora mismo. Y no la he conocido como de costumbre ... la quiero un montón.
- No quieras a nadie un montón Bruno. No otra vez.
- Déjame Carlitos. Si te pones pesimista todo se echa abajo. Tú eres el que anima las conversaciones ¿recuerdas? No me hagas darle al botón derecho ...
- ¿Cómo te va con el Turrón? Hace tiempo que no lo mencionas ...
- Estoy del Turrón, del Gigante de Hielo, de los puteros, de los magos, de los actores, de los pajeros ... de todos hasta los cojones.
- Pero sigues detrás de ellos no obstante.
- Si. Porque me aburro. No tengo nada mejor que hacer. Hoy he mandado a la mierda a José. Le tengo un odio muy espeso dentro. Y encima se me ha puesto digno. Paso de ese tipo de lacra.
- ¿Sabes que al final te vas a quedar solo?
- Es lo que quiero. Ojalá me quede solo. Estoy cansado de esta gentuza. A todos molería sin pestañear.
- Relájate.
- No me relajo. ¿Has mirado fuera? Este mundo está perdido. Muerte para todos.
- Vale, cuéntame tu teoría.
- Ya no tengo teorías. He llegado al final de la fiesta cuando todo el mundo está borracho. Me siento como el único ebrio, que mira a su alrededor y no entiende lo que hace todo el mundo. Y encima intento emborracharme para ser como ellos pero es inútil. Para empezar porque no me emborracho tan fácilmente y para terminar porque no me gusta el alcohol.
- Aprovecha eso.
- ¿El qué?
- Tienes un potencial impresionante Bruno. Aprovéchalo, no dejes que se pierda. Haz de él tu vida. Trabaja y consigue una vida mejor. Un sueño por el que luchar.
- Carlos no se lo que haría sin ti ...
- Lo mismo. Solo te escucho. No hago nada del otro mundo.
- ¿Cuándo volveremos a hablar?
- Estaré allí el día que me necesites.
- Buenas noches.
- Buenas noches para ti. Yo no duermo ...

La espalda de Bruno.

Bruno se había tirado toda la noche viajando por todos los mundos conocidos y que aún estaban por conocer. Entrevistando a todas las personas de su pasado importantes o no en su vida. Buscando en cada paisaje un poco de esperanza emocional.
La copiosa "cena" de la noche anterior provocó una sequedad característica de boca que no le dejaba dormir de un tirón. Se levantaba cada dos por tres a beber agua.
Otra noche horrible de otro día horrible, de una vida no más bonita.
Al despertar, Bruno alargó el brazo buscando el mando a distancia. Encendió el televisor. Volvió a tantear el terreno. Encendió el aire acondicionado. Volvió a extender el brazo buscando el portátil. Lo arrastró hacia la cama y lo encendió.
Mientras se encendía el aparato se levantó con un duro esfuerzo y abrió la ventana. Los primeros rayos de Sol casi le queman las pestañas. Pero Bruno se acostumbró pronto y volvió a la cama.
El ordenador ya se había encendido.
- Hola - saludó Bruno -.
- Hola ... no me tienes contento. ¿Por qué te fuiste anoche tan pronto?
- No me reproches esta mañana. Estoy hecho una mierda. Me siento como un borracho con ...
- Estás siempre igual, deberías de acostumbrarte a esa sensación.
- Pues también es verdad. Eres un poco borde Carlos ...
- ¿Carlos? vaya una mierda de nombre me has puesto.
- A mi me gusta.
- Bueno, si tú lo dices ... pues Carlos.
- ¿Por qué has elegido Carlos?
- Yo no he elegido Carlos ...
- ¿Sabes lo que dice La Mediana?
- ¿Qué?
- Cuando permites una situación, la eliges. Tu has permitido que te llamase Carlos, por tanto tú lo has elegido.
- Vale ... pues he elegido Carlos, porque tú lo has elegido.
- Es una pregunta absurda.
- Lo se.
- Bueno - prosiguió Carlos - ¿Qué te pasa esta mañana? No sueles mencionar a La Mediana ...
- Lo se. Lo de siempre, el mismo sueño ...
- No es lo de siempre. Esta vez estás aburrido de remate.
- Te hecho mucho de menos.
- Corrijo, no aburrido: nostálgico. No se lo que es peor.
- ¿Crees que algún día saldrá el Sol?
- Todos los días sale el Sol, el problema es que si nublas tu mente con nubes negras ... no podrás verlo.
- "Sin futuro ninguno" solía decir con 16 años a la gentuza del pueblo.
- Tú si tienes futuro. Y no tienes cara de gentuza.
- No, eso es porque no me has visto ...
- A mi me da igual tu careto. Voy a dormir contigo ¿vale?
- ¿Dormir más? He estado durmiendo horas y horas, creo que es imposible para si seguir durmiendo ...
- Y dale con intentar engañarme ... Bruno, que nos conocemos, te vas a echar la siesta ya mismo.
- La verdad es que si ... venga vente, que necesito abrazar algo.
- En dos minutos estoy ahí.
- ¿Dos minutos? Pero ...
- Estoy en la puerta.
- Ammm, ¡Qué rápidos somos! ¿Qué me has traído?
- Adivínalo.
- Una bolsa de Pelotazos.
- Frío, frío ...
- Emmmm ...
- ¿Y si me abres que me estoy mojando?
- ¿Mojando? ¿Con el Sol que hace?
- Da igual. Está empezando a llover. Ábreme coño.
- Estoy desnudo, espera que me pongo mínimo un calzoncillo.
- ¿Para quitártelo cuando nos metamos en la cama? Eres un huevón ...
- Te tengo que contar un montón de cosas ...
- Bruno ... Abre. Ya.

13 de abril de 2012

El silencio.

Ya está aquí. ¿Lo oyes? Si es inconfundible. Este hedor a alquitrán húmedo, ese ruido a pasado podrido, ese sentimiento de escalofrío que escala por tu vientre hasta clavarse en nuestro corazón ...
Es el silencio.
Ha llegado como siempre, sin avisar. Sin ser invitado. Se presenta, abre la puerta y se cuela en nuestros sueños mientras dormimos. No tiene piedad.
Pisa las margaritas rodeadas de girasoles para establecer los rosales secos y oscuros que han sobrevivido al invierno. Mata a las mariposas y abejas amistosas para poner moscas negras y cuervos hambrientos. Apaga el Sol que ilumina nuestro sueño para colocar la luna que inspira mi pesadilla. La hora ha empezado.
Ahora la agonía es segura. Solo nos queda esperar que antes de irnos a dormir Dios se haya apiadado de nuestra alma.
Despertamos entre la oscuridad. El sudor resbala por nuestra frente. Nuestro corazón, confundido, no puede parar de bombear la sangre que llena nuestros pulmones apresurados. Acabamos de despertar al reloj que nos mira atónitos. La ventana en silencio sigue dormida. Las gafas reposan debajo de la novela que aguarda a ser terminada.
El mundo no ha cambiado esta noche. Todo sigue en el mismo sitio que cuando nos fuimos a dormir. Los segundos siguen calibrados. Las cortinas siguen siendo naranjas. La puerta está cerrada con llave. El paraguas está cerrado. La radio apagada se esconde encima de la tele. No hay error. Estamos seguros. Todo sigue igual.
Al comprobar que no es grave esperamos la llegada del Sol. No somos tan insensatos para intentar volver a dormir. Por hoy hemos escarmentado.
Destapamos una nueva mañana de abril con el aroma de un café amargo. Ordenamos nuestros pensamientos bajo el agua caliente de la ducha. Afeitamos nuestra dignidad con una cuchilla al borde del óxido. Peinamos nuestros planes con un peine mellado.
Aún nos quedan cinco minutos antes de comenzar la jornada. El tiempo justo para mirarnos al espejo. El tiempo necesario para intentar ignorar nuestros miedos. El tiempo preciso para evitar caer en el abismo. El tiempo que aunque repitamos una y otra vez nuestras buenas intenciones ... no deja de ser tiempo.
La puerta se cierra a nuestras espaldas. El viento arrastra un día lleno de expectativas.
 Pero hoy no. Hoy nos hemos dado cuenta que no podemos seguir así. Haciendo caso omiso a las voces que taladran nuestra cabeza toda la noche. Abogado de noche, juez de día. Lo sabemos perfectamente, el silencio a envenenado nuestra alma una noche más. Y cuando el silencio nos visita, nuestra conciencia empieza a gritar como si estuviese siendo torturada por el diablo.
Nuestras lágrimas se acumulan en nuestras pestañas. Nuestro miedo a no aguantar el tirón nos hacen retroceder sobre nuestros pasos. Subimos las escaleras y cerramos la puerta al entrar en nuestro hogar. Nuestra esperanza ha flaqueado. No nos iremos tranquilos hasta que no hagamos un funeral digno al pasado. Debemos callar a nuestra mente.
Llorando nos miramos al espejo. Nuestros ojos ... nuestros ojos han vuelto a recordar.
La vida no nos deja vivir. El silencio es nuestro verdugo cada noche. Amenazamos con abandonar el juego todas las noches. Pero no somos capaces a ello.
No nos sacia el agua, no nos abriga la ropa, no nos divierte el circo ... Estamos vacíos. Ya solo sabemos adorar al silencio. Él es el único que nos abraza por las noches. El mismo que nos hace sufrir, pero al mismo tiempo el mismo que nos recuerda que seguimos vivos. El único al que le debemos lealtad.
Encima del mantel el Sol acaricia nuestra mejilla. La ventana recién despertada se abre y nos invita a mirar el mundo que hemos elegido. Mundo vacío, mundo muerto, mundo hipócrita, mundo mentiroso ...
Acabamos el culo de nuestro café ya helado y limpio la escena del crimen - mis lágrimas - con un paño seco. El espejo me desea buen día antes de cerrar la puerta tras de mi.
 Esta vez el viento arrastra un día lleno de rutina. Con mi rosario en el pecho y con mis gafas en los ojos parto a pelearme con el mundo, con la esperanza de que cuando vuelva a casa el silencio no me esté esperando para rematarme.
O al menos con la esperanza de que la cafetera me levante el castigo y me haga un café dulce.

11 de abril de 2012

Lleno de vacío.

¿Cómo lo haces? ¿Cómo eres capaz de tener ese corazón de hielo? Forjas esperanzas que luego entierras en lo más profundo de ti. Miras pinturas de delicada existencia como si  vieses un telediario de martes al mediodía. Ves sufrir y no pestañeas para no perder una pestaña en la maniobra. Mientes sin tan siquiera conocer la verdad. Lloras agua destilada, que luego te bebes. No eres capaz de sentir. No eres capaz de amar.
Eres el vacío lleno de nada. Eres oscuridad iluminada con luz oscura.
¿Cómo haces para olvidar tu pasado? ¿Qué hay de esa gente que ha estado por tu vida? Es imposible que te de lo mismo. Sabes que no puede ser. ¿Cabe tanta gente en el vertedero de tu corazón? No es sostenible. Vas a acabar mal. Acumular recuerdos que jamás serán recordados envenenará tus corazón. Tus músculos se tensarán. Tus venas se acabarán resintiendo. Olvidarás cómo sonreír. La rutina te acompañará al trabajo por las mañanas. Te oxidarás poco a poco mirando la vida pasar delante de tu nariz. En primavera preguntarás al calendario por el otoño. Suspirarás por un verano a la luna de enero. Pero nada importará, mientras no seas capaz de gritar tu dolor al silencio. La promesa de un mañana y la seguridad de un olvidar un ayer te dejan dormir junto a tu almohada. Solo.
Si eres incapaz de recordar sus ojos mirándote, al menos recordarás su cuerpo desnudo tendido en tu colchón, ¿no? Es inevitable. El desgaste tiene que llegar por algún lado de tu cuerpo. Ya no suplico por sus almas sino por su carne. Dime que al menos eso has sido capaz de guardarlo a buen recaudo ...
¿Cómo haces para no dejarte pegados pedacitos de alma en cada labios que besas? ¿Cómo cierras las puertas de tu corazón y pones cadenas a los suspiros de tu alma? ¿Cómo se puede vivir tan solo? Sin ser capaz de compartir tu dolor. Sin ser capaz de compartir tu pena. Sin ser capaz de amar. Los has echado a todos fuera. Ellos llegaron cabizbajos y preguntaron la dirección a la felicidad. Y tú les diste el camino contrario sin pestañear.
¿De verdad te conformas con eso? ¿De verdad eres feliz solamente soñando con la estela del amor? No consigo entenderlo. Tiene que haber un truco. La compañía de la soledad no puede ser suficiente para descifrar tu delicada existencia. No puede ser que te reduzcas a respirar. No puede ser que nunca hayas tocado el sol con la yema de los dedos. Es impensable que jamás hayas escrito tu nombre sobre la arena, para que una ola lo arrastre al mar, y quede recordado para la eternidad.
No me convences.
Conformarte con las migajas que un anciano te tira sentado en un banco a las 6 de la tarde no debería ser suficiente. ¿Por qué no pides más? ¿Por qué no luchas por más? Te da igual quedarte con cualquier cosa. No eliges el color. No te preocupas por el precio. No miras el valor nutricional antes de hincarle el diente.
Por pequeña que sea la ventanita de tu corazón, debe estar en algún lugar. Algo tiene que escaparse. ¿Es por tus ojos? ¿Es por tu ombligo? ¿Son tus labios? ¿Donde eres vulnerable? Todos tenemos un talón de Aquiles. Sabes que al final lo encontraré, aunque tenga que lamer para milímetro de tu piel. Resistirse a estas alturas es inútil. Déjame tocarte dentro. Donde no ha tocado nadie. No tengas miedo a llorar.
Por mucho que intentes esconderte y parecer fuerte, se que me estás mintiendo otra vez. Tu corazón apesta a porcelana fresca. Llorarás cuando nadie te vea. Gritarás por una vida que no has catado aún. Suspirarás por un corazón que le de la mano a tu soledad. Temerás fracasar más incluso que los dientes de la solución final. Caerás cuando no sepas donde agarrarte. Morirás en tu envidia, ahogado por tu odio.
No pretendas ser diferente. Sufrirás como todos. ¿O es que acaso eres tonto?

10 de abril de 2012

Don Juan Hipócrito de Todos los Santos.

Miradas de reojo prevenidas de maldad. Diplomas firmados por la envidia. Exámenes de dos cifras. Manos alzadas esperando ser elegidas. Halagos infieles que rehuyen de su dueño. Promesas de libertad sentenciadas con humildad.
Los ojos de una niña que no buscaban otra cosa que la recompensa final se han partido en el límite de la capital. El Hipócrito ha llegado a tu vida. Ahora él decide por ti. Ahora él te ayuda a ser feliz.
Sonrisas desinteresadas son ahora esclavas de bocanadas de alcohol amargo. No importa el sitio ni el lugar. Sonríe hasta que tu boca se desencaje.
Tu nueva vida rodeada de aplausos. Un público que mira atento a cada estela, a cada gesto, a cada palabra escrita en voz alta. No lo olvides. Eres observada y nuestro triunfo depende de tu acento.
Negro maldad para los ojos. Rojo sangre para los labios. Caramelo amargo para la mejilla. Un pareo de mentiras y una bufanda de hipocresía. Ya estás preparada. Ya puedes sentir su afecto y su amor subiendo por tu espalda. Recuérdalo bien. Ahora eres guapa.
"Muak" se ha oído por el sur.
"Guapa" he captado por el norte.
"Te quiero mucho" por el este.
Si. Definitivamente estás listas. No vaciles. Sal a triunfar. Ahora eres libre. Atrás quedaron tus días de soledad. Cuello alto, pelo atrás, ojos abiertos. El mundo te espera con los brazos abiertos.
¡¡Cuidado!! ¿Lo oyes? Es el silencio. Viene a por ti. ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Cómo lo vas a combatir? Te ha cogido pensando en él. No puedes permitirlo. Tienes que volver a ser feliz.
Si así, eso es. Muy bien. Cuéntaselo a todos tus amigos. Uno a uno. No dejes a nadie sin compartir tu dolor. Así con los ciento noventa y tres. ¡No!  ¡espera! mejor aún. Vamos a inventar una frase que resuma tu estado actual. Así todos lo sabrán. Así callaremos el silencio y llenaremos nuestro corazón.
¿Qué te parece "Os kiero muxo, dadme vuestro amor, os necesito BESOSSSSSSSSSSSSSS"?
No. Es demasiado clara. Tenemos que maquillarla. Tenemos que parecer fuertes. Nuestros ojos no pueden dejar escaparse trocitos de alma. Vamos a hacer una nueva.
¿Qué tal "K feliz soy como os kiero BESOSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS"?
Si. Esta es perfecta. Somos un mar de vida escrito para la eternidad.
¿Quién es ese? Ahhh, si. Se quien es. Es el desterrado. ¡¡ Nos borró a todos !! ¡¡ A todos !! Vamos a castigarlo. ¿Qué propones? Si. Ya se. Tienes razón. Vamos a recopilar toda la información que podamos. Vamos saltar en las lenguas de serpiente de todo el pueblo. Removamos el rencor de sus corazones y recojamos las gotas de su veneno.
Cuando tengamos un mejunje macerado entonces se lo escupiremos a la cara. Lo echaremos de nuestra tierra. No puede volver. No podemos dejar que nuestro tesoro peligre. Tenemos que ser amados. Todo el mundo nos tiene que querer. Tenemos que ser únicos.
Me tengo que ir a dormir mi niña. Mañana por la mañana vendré a por ti. Tienes que estar guapa antes de que nadie te vea. Pero recuerda. No estás sola. No olvides ser feliz, sonreír, comprar en las rebajas, "muekearte" con todo el mundo, tener el móvil encendido a todas horas, enfadarte con los indeseables desterrados, exprimir tu cerebro para sacar una frase muy poética sobre tu estado emocional actual, comer mucha fibra para estar delgada y guapa, criticar a todo el mundo que se anteponga a la autoridad suprema, y por supuesto no olvides colgar toda tu vida en Internet.
Ya tendrás tiempo de preocuparte por el hambre en el mundo. Tú ahora a lo que importa mi niña. A ser feliz y a estar muy muy muy acompañada. Que la soledad te saca arrugas.

8 de abril de 2012

El recuerdo del olvido.

Esta noche, antes de que el Sol se ponga te irás. No es necesario que lo digas. No es necesaria una despedida. Te marcharás por el mismo camino por el que llegaste un día de un 2000.
Te llevarás mis esperanzas. Crearás tus nuevas ilusiones. No te lo cuestionarás. Ni tan siquiera sacudirás tus botas al salir.
Dejarás pedacitos de tu alma en mi almohada. Dejarás un plato sucio en tu lugar. Dejarás tu cumpleaños marcado en el calendario de este año. Dejarás tu corazón debajo de mi libreta, para que cada noche lo escuche antes de cerrar los ojos.
¿Qué voy a hacer con tu olor paseándose en mi rellano? ¿Qué se supone que voy a dibujar ahora si no es el perfil de tu barbilla mientras duermes? ¿En qué brazos me dormiré?
Perdido como una hoja que se le olvidó caer en otoño. Deambulando por las calles, preguntando al viento si te ha oído. Rogándole al cielo que me diga la dirección por la que te me escapaste. Buscando entre las gotas de lluvia tu estela. Esperando un suspiro de vida que sustituya la dosis de felicidad que me diste a probar en la yema de tus dedos.
¿Por qué te vas? No has cogido tus cosas. Has dejado la ropa sucia, y hasta un cigarro encendido debajo de la ventana. Dime el día en que pueda decir todas las cosas que quedaron por decir. Leerte todas las líneas que se dedicaron a describir mi amor por ti. Pasarte la cuenta de las lágrimas que se han derramado por tu ausencia.
¿Cómo debo recordarte? No se si podré evitar desearte buenas noches antes de irme a dormir. Seguir poniendo dos platos al mediodía. Dejar un hueco en mi armario. Comprar la mitad de la pizza sin queso. Comprar una rosa blanca las mañanas de enero.
No te has ido solo. Te llevas contigo la mitad de mi corazón. Mis esperanzas esperan en tu bolsillo. Mi olvido se queda en la punta de tu nariz. Mi lápiz de carbón en la suela de tus zapatos.
Mi cara encima de tu cara.
Esta mañana el Sol me regala un nuevo amanecer cargado de tu ausencia. Las margaritas sin pétalos dejan aclarada toda duda de "si" o "no". Tu olor ya forma parte de mi, y ahora no soy capaz nada más que de respirar el aire justo para vivir. La melancolía se escapa por la ventana. La dejé abierta por si acaso regresabas. Pero no. En su lugar se escapa el tiempo sin verte. El humo del último cigarro. El aire que no respiro por miedo a fallarte.
Con el paso de las horas el hielo de mi corazón se debilita. Resquebraja la barrera que forjaste en el último portazo. No me quedan lágrimas para despedirte. No me quedan recuerdos para recordarte. No me queda tiempo para seguir esperándote. No me quedan fuerzas para seguir sufriendo.
Mis ojos  no miran sin antes observar la sombra de tu pasado. Sigo durmiendo en el lado derecho de la cama. Si alguna vez regresas no hagas ruido al entrar. Hablaremos por la mañana.
Mientras tanto, solo se me ocurre decirte Muxu bat ttiki, gabon.

5 de abril de 2012

Uno por uno.

Toda la habitación olía a humo. La cera goteaba en la mesa sin piedad. Sin embargo ni las velas ni la lumbre iluminaban la escena. Una bombilla polvorienta colgada de un techo amenazante era la que se encargaba de dar el color.
Hacía frío. Un frío que disimulaba muy bien su presencia. La noche era más silenciosa que la mañana. Ni los grillos le cantaban a la luna media. Todo el mundo dormía observados por las estrellas. Excepto yo.
Dando vueltas en mi cabeza el tiempo pasaba detrás de mi. Una espera cómoda que no tenía destino escrito. Solo pasaba. Me acompañaban los rizos de mi frente y el leve latir de mi corazón. No necesitaba más compañía.
La puerta chirrió. Entró sin avisar y sin tan siquiera cruzarme la mirada. No era el momento de saludar todavía. No había prisa. Todo tenía que suceder a su debido tiempo esa noche.
Tomo asiento. Acomodó las velas a su gusto y no perdió más tiempo. Me miró a la cara con gesto impasible.
- Buenas noches. Has sido más puntual que de costumbre - me reprochó en un amago de escupir simpatía.
- No tendré otra ocasión de esperarte durante horas. Quería aprovechar ese momento. Quería saborearlo por última vez.
- ¿Estás seguro de esto? Ya no habrá vuelta atrás. No puedes vacilar en el último momento.
- Puede que hace años, incluso hace unos meses hubiese dudado. Pero estoy seguro de ello. Es lo que quiero. Y como tú has dicho no hay vuelta atrás. No tendré oportunidad de arrepentirme.
- De acuerdo entonces. ¿Lo has traído?
Abrí mi chaqueta gris. Era un complemento absolutamente inútil dadas las circunstancias, pero debajo de él descansaba mi tesoro. Saqué un bulto negro que se ocultaba bajo mi pecho, y lo dejé encima de la mesa. Deslié el trapo humedecido.
- Vaya ... has sido muy "literal" con las indicaciones - volvió a reprochar levantando la ceja izquierda - lo deseas demasiado. Fracasarás. Nada vale tanto como tú estás pagando.
- Gracias por tus buenos deseos. Pero corre por mi cuenta el fracasar o no.
- Tienes razón. Levántate y quítate la camisa.
Obediente me levanté. Mis rodillas llevaban demasiado tiempo acomodadas en la silla, no les sentó bien la orden tan brusca. Fui desabrochando la camisa botón a botón. Al terminar la dejé tendida en el suelo, y esperé impaciente nuevas indicaciones.
Se levantó y escondió su brazo izquierdo detrás de su cintura. Sacó un puñal dorado y se acercó a mi cara.
- Es una pena malgastar una cara tan pura. Nunca había visto una igual. Tus ojos oscuros esconden mucho más que dolor y pena. Eres distinto. ¿Quién eres?
- Soy tu cliente. Y estás trabajando. Termina y vete, por favor.
- Hombres ... nunca cambiareis.
Pasó el puñal por el borde de mi barbilla. Su hoja fría como el hielo y su olor a sangre oxidada en el acero despertaron en mi algo parecido al miedo. Miedo que rápidamente fue abatido por mi convicción. Aquello en lo que creía era más grande y puro que cualquier dolor. Cualquier temor. Cualquier pena.
Bajó la hoja por mi cuello y llegó hasta mi pecho. La dejó reposar sobre mi corazón. Cada latido elevaba la hoja con disimulo, como una mariposa que reposa en la barriga de un oso.
Continúo con su camino sinuoso hasta llegar justo antes de mi ombligo.
- Tienes la sangre muy fría. Sabes lo que estás haciendo - me susurró al oído con una voz tenue y cargada de un aroma putrefacto.
Enfrentó la hoja contra mi abdomen, y la hundió sin tantear el terreno. Hasta el fondo.
Cerré los ojos esperando algún efecto alternativo al dolor. Pero no. No había nada. Ni dolor. Ni sangre. Nada.
- ¿Qué está pasando? - pregunté reclamando una explicación.
Se acercó nuevamente a mi cara, esta vez mirándome fijamente a los ojos y sin pestañear.
- Adiós muchacho.
Tiró del cuchillo hacia afuera con fuerza. Arrastró parte de mi carne que se había fundido con la hoja. Retrocedí ante el dolor y me arrodillé ante la desesperación. Algo empezaba a brotar dentro de mi. Algo frío, corrosivo, extraño ... empezó a regar mis músculos. El miedo escapó ahora de la jaula sin remedio. Se instaló en mi corazón y empezó a bombearlo a un ritmo desenfrenado. La agonía dilataba mis venas hasta llegar a mis dedos. Se encontraba en un callejón sin salida, no podía escapar.
Mis huesos empezaron a crujir. Un crujido seco y helado que calaba en mi cabeza. El dolor era la norma y no la excepción. El veneno corría más que la sangre.
No pude soportarlo y rompí el juramento. Empecé a gritar como alma que lleva el diablo. Rompí el silencio de la noche y establecí la entropía en la oscuridad.
Llorando sangre notaba como mi ser huía de mi. Se estaba escapando hasta la última gota buscando un perdón incoherente en esquinas de una habitación que no había cambiado.
Las velas seguían en su sitio. La bombilla iluminaba con la misma intensidad. Los palos seguían ardiendo. Nada era distinto. Nadie podía ayudarme.
" Levántate y ve en paz. Es la única manera"
Una voz me susurraba en las tinieblas. Mi insensatez se fió de ella y me propuse un nuevo destino. Un objetivo imposible que me mantuviese con vida mientras moría. Ponerme en pie sería lo último que haría.
Un ligero esfuerzo me hizo flaquear y caí al suelo desparramado. Probando el sabor de mi propia sangre en el suelo me di cuenta que era demasiado tarde. No había forma de levantarse.
- ¿Qué estás haciendo? - preguntó con odio escrito en la parte de abajo de su lengua - te he dicho que no había vuelta atrás. Deja ya de sufrir y resígnate.
- Yo ... yo ...
- ¡Cállate! queda poco. Afrontalo como un hombre. Deja que el dolor te enseñe el camino.
- Yo ... soy de hielo.
Mi voz se rasgo con un último crujido. Esta vez un crujido callado por mi carne. Mis pies empezaron a congelarse. Mis puños se pusieron rígidos y fríos como el acero, imitando a mi espalda. Sentía como el frío iba escalando por mi nuca hasta que llegó a mis ojos.
Malgasté mi último aliento en cerrar mis párpados. Y lo último que escuché fue el sonido de un corazón que empezó a latir. Un corazón envuelto en un paño negro. Su latido se alejó entre las estrellas antes de que la luz se apagase por completo.

3 de abril de 2012

Un trago de memoria.

Sabía que era un bocado prohibido. Una manzana que jamás debía ser mordida. No solamente lo comentaba todo el mundo en la plaza del pueblo. Además se veía. Se podía sospechar perfectamente que ese hombre no era trigo limpio.
Pero era obvio que jamás me acercaría a él. Ni siquiera el se fijaría en mí. ¿Quién piensa en algo tan inalcanzable como tocar las estrellas? Es obvio. Yo. Solamente yo, puedo estar pensando en cómo alejarme del hombre que nunca se acercaría a mi.
Sookie Stackhouse, una camarera pueblerina, bella, sin estudios y tremendamente sincera.
Mientras ordenada los vasos aún húmedos en la estantería las campanillas anunciaron la llegada de un nuevo cliente. No era una rutina diferente para mi. Habían pasado miles de clientes por allí ese día. Pero la brisa que entró con ese cliente fue diferente. Fue algo totalmente distinto que me obligó a levantar la mirada para no perder detalle.
Casi se me cae la copa preferida del jefe. Era un chico muy alto, musculoso, de buen porte ... tan rubio como yo, y unos ojos fríos y azules como el hielo.
Entro con firmeza y sin vacilar. Miró alrededor, con cara de buscar a alguien, o quizás de estar juzgando nuestro negocio. No fui capaz de apartar la mirada de su barbilla mientras el intentaba buscar algo en algún sitio. Sin esperarlo me miró fijamente, y dejó su cara fija frente a la mía. Sabía que era el momento de apartar la vista avergonzada, pero por algún motivo extraño no lograba hacerlo. Me había hipnotizado, y ya era tarde para escapar a su embrujo.
Después de unos segundos mirándonos fijamente, su sonrisa fue demasiado para mí. Y rompiendo la maldición a la que yo solita me había expuesto, aparté la mirada avergonzada. Mis mejillas manifestaron mi pecado, y solo esperé a que el cliente se sentase en las mesas a las que yo no tenía que atender.
Cuando mi petición a los cielos aún no había terminado, un pellizco en la espalda me sobresaltó.
- Ponte guapa ratita, se te acaba de sentar un bellezón en la tres - me dijo mi compañera al oído con una sonrisa de oreja a oreja y unos ojos de lujuria excepcional.
Tomé el cuaderno de notas de encima de la barra, me acerqué con nerviosismo y saqué el bolígrafo de debajo de mi moño improvisado.
- ¿Qué va a ser caballero?
- Sookie ... hace ya mucho tiempo. ¿Cómo has estado?
Se me heló la sangre en un instante. Ese extraño sabía mi nombre perfectamente. Desde tan cerca pude ver su piel helada, y esos labios palpitantes que me invitaban a ser infiel.
- Siéntate - prosiguió - no he venido a tomar nada.
Sin poder desobedecer la orden, mis rodillas se doblaron y tomé asiento junto a él. Mi cara de boba esperaba una respuesta que mis labios no pedían.
- Ya veo. No me recuerdas. No te preocupes, es normal.
- ¿Quién es usted? ¿Por qué habla como si me conociese de toda la vida? - seguramente hice la pregunta más estúpida en la situación más absurda del mundo, pero era lo único que necesitaba saber antes de salir corriendo de allí.
- No te conozco de toda la vida. Pero si te conozco de una de tus vidas. Estás aquí porque esa fue tu petición. Y no consigues recordarme porque esa fue tu petición.
- ¿De qué está hablando? - las explicaciones empezaban a ser fuente de nuevas dudas.
- Si te callases un momento, quizás entenderías algo.
Su voz empezaba a ser escalofriante. Tenía una voz tenue, casi diría que me estaba hablando en sueños, sin embargo su tono me arrastraba a su boca y a sus palabras.
- Hace muchos años - siguió como si me fuese a contar una historia para no dormir - ambos juramos no volvernos a ver jamás. Sellamos nuestro juramento con sangre, y ambas hermandades juraron protegerse para cumplir ese juramento. Pero las cosas han cambiado. Ese juramento ya no es válido. Y estoy aquí para llevarte de vuelta conmigo.
- No se de qué está hablando, y no tengo intención de ir a ningún sitio.
Me levanté de golpe, empujando la mesa delante mía. Ya había escuchado suficiente y no tenía nada que hacer allí. Ahora me daría la vuelta, avisaría al jefe de que un loco se había colado en el local, y lo sacaría por la fuerza para después partirle la cara como se merecía en la calle y que nunca volviese a merodear por aquí.
El extraño se levantó antes de que el escándalo llegase al río. Me hizo sentirme nuevamente muy pequeña a su lado. Se acercó a mi y entonces fue cuando empecé a temer por mi integridad moral. Su olor era tan atrayente como sus labios y por una extraña razón me moría de ganas de abrazarlo y pedirle que me llevase al final del mundo si hacía falta.
- No has cambiado nada. Sigues siendo desde la noche en la que te conocí.
Mordiendo el filo de sus labios me agarró por la espalda. Intenté gritar, pero mis labios fueron callados por un beso robado. No intenté resistirme, a esas alturas ya era inútil.
Se apartó de mi con delicadeza y tras saborear el sabor dulce de su boca le endiñé un guantazo que hizo callar a todo el bar. Todo el mundo nos miraba con cara de interrogación. Pero la única mirada que me importaba en ese momento era la suya. Una mirada fría, un gesto impasible, una boca más adictiva aún que al principio que emanaba una gota de sangre del borde.
El desconocido limpió la sangre antes de que callese por sus labios y me esquivó susurrándome al oído "sabrás donde encontrarme"
Salió por la puerta y mi jefe se me acercó por el lado contrario al que él me había esquivado.
- ¿Estás bien nena?
Mis ojos se humedecieron. El aire empezó a quemar en mi pecho. Tenía que encontrar a Erick. Y tenía que ser rápido.