Todos empezamos igual. La vida empieza a dividirse sin ton ni son. No tiene objetivo ni porqués. Solo tiene un plan. Un plan muy muy pequeño, que poco a poco se va haciendo más grande.
Compartiendo sangre, aire y penas, con tu madre, pasas tus primeros días de vida. Sin darte cuenta de lo que pasa a tu alrededor. Flotando en la nada hasta que estés preparado.
Al nacer se deshace el cable que te daba la vida. Se hinchan tus pulmones y tus ojos ven la luz por primera vez en su corta existencia.
Sigues sin entender nada de lo que pasa, donde estás o cómo has llegado allí.
Los próximos meses no arrojan demasiada ciencia a tu vida. Te paseas en carros adornados, miras a tu alrededor con curiosidad y tiras el sonajero al suelo para ver cómo tu padre lo recoge apurado. Pero no sabes el porqué de nada. Solo sabes que las cosas saben bien. Te lo llevas todo a la boca sin pensar.
En un instante, sin saber muy bien donde, cuando o porqué se hebra la última neurona que te hace persona. Conecta el resto del circuito y te da esa capacidad única de entender el porqué de las cosas.
Entonces dejas de llevarte las cosas a la boca y descubres el placer que te llevabas perdiendo tanto tiempo. El problema es que sabe a polvos de talco.
El tiempo sigue igual. Nada ha cambiado. Pero tú si que has cambiado. Ahora lo ves todo diferente, ahora puedes hablar en vez de llorar. Eres un máquina de camino a la perfección.
Ves las navidades pasar delante de ti. Pierdes la cuenta de tus años apenas sin darte cuenta. Sigues adelante, hasta que un buen día todo se detiene a tu alrededor. Todo se para en ti pero tú sigues como si nada, sin darte cuenta de que ya has dejado de crecer. Ahora empieza tu momento de aprender, y solo podrás hacerlo con la experiencia del dolor.
Eres inteligente. Eres más inteligente que ninguna otra especie. Puedes comprender, o al menos intentar comprender cosas que nadie comprende. Te miras en un espejo y ves mucho más allá de tu reflejo.
Pero hay un problema. Te has pasado de listo. Ahora crees que todo gira a tu alrededor. Crees que eres el centro del universo y que nadie nunca te podrá hacer caer. Todos deben hacer lo que tu mandas. Sea por las buenas o por las malas. Eres capaz hasta de inventar un Dios para dominarlos.
Pero ... ¿qué hay de tus hermanos? Ellos empezaron igual que tú. Ellos tienen prácticamente lo mismo que tú. Se han quedado atrás. ¿Y eso?
No son capaces de entender lo que tú escribes en tu diccionario. Apenas alcanzan a saber la mitad de las fórmulas que has aplicado a tu existencia. Ellos no son como tú por mucho que sus ojos se parezcan a los tuyos. Son incapaces de entender tu comportamiento.
Y por muy listo que te creas... tú tampoco conoces el suyo. Por mucho que te esfuerces hay cosas que no estás diseñado para entender. Tienes tus limitaciones.
¿Recuerdas cómo te sentías cuando eras un bebe? Vamos... es fácil recordarlo. No hace tanto tiempo. Escasamente unos años. ¿Te acuerdas cuando te abriste la cabeza en una baldosa? ¿Te acuerdas cuando te quemaste las manos por abusar de tu curiosidad? ¿Acaso eres capaz de saber el hambre que pasaste mientras llorabas en tu cuna?
No. No eres capaz. Quizás si piensas en que tu cabeza en ese momento era como la cabeza de las demás especies... solo que ellas se han quedado así y tú te has hecho un hombre.
Hoy en día ya te sangra la brecha en tu cabeza. Tus manos han cicatrizado. Ya no tienes hambre.
¿Qué te hace pensar que un perro sufre colgado de tu collar? ¿Por qué defiendes a una rata abierta en canal por un científico? ¿Comparas con la pena la cara de un zorro encerrado en un zoológico?
Tú, como dominante de tu periodo debes reinar sin tristeza. Sabrás cuando llegue tu momento. Te lo hará saber. Y no te preocupes. Te llegará.
27 de octubre de 2012
26 de octubre de 2012
Soltera desde siempre.
Pobre niña sola perdida de la mano de Dios. Más pura y fría que ninguna. Clara y sin alma. Cambia de color como el cielo cambia de amante.
Eres la más bonita de las músicas. La más dulce de las luces solteras. De tu vientre nació la vida entera.
Te mezclas con sangre para que la amargura pueda viajar en tus senos. Te mezclas con tristeza para resbalar en lágrimas las penas de tus anhelos.
Con la luz de la pureza apagada y el más oculto de sus secretos en flor, ya no se atrevía a mirar a nadie a la cara. No podía seguir soportanto esas miradas que se acumulaban en sus hombros. Era el momento de agarrar un pedazo de pan para el camino y salir por la noche, acompañada de la nada.
Luchó sufriendo su propio silencio. Vivió con la verguenza de saber que lo que estaba haciendo no era del todo lo correcto. Pero sabía por quien lo hacía. Había llegado, antes de tiempo, el momento que nunca debe llegar en la vida de una persona. Tuvo que enterrar su orgullo y salir sola a cazar sin manada.
La sangre de su sangre debía crecer. Ella no sabía muy bien porqué. Pero era lo que más quería en esta vida. Tenía que protegerlo, arroparlo por las noches, cuidarlo de día y por supuesto asegurarse de que no le faltase nada de por vida. Reiterar su dolor mientras el nacía era la única brecha de su amor.
Nunca nadie le había dado el concepto de madre. Ella jamás tuvo una, por lo que era algo sin forma para ella. Había oído que una madre lo daba todo por su hijo. Pero no sabía muy bien a qué se referían con ese todo. Ni como hacerlo. Tampoco nadie le enseñó a como querer sin odiar de por medio.
Con el frío del avismo en sus rodillas sabía muy bien cual era su nuevo día. Cubrir en tristes pétalos marchitos, una jornada más de trabajo con escalofríos. Vida a la que no se le había advertido que sería invitada. Vida que no era para ella. Vida que le tocó sin sospecha.
Apenas una migas de pan que llevarse a la boca era lo que le consolaba al llegar a casa. Muchas eran las veces que buscaba el porqué. Pero nunca nadie supo resoponder. Se quitaba el hombre con lágrimas solo para darle de comer a su bebe. Le alimentarba el verlo reír, pero apenas se ponía pie por él.
Cuando notaba que llegaba el momento necesitaba renacer una vez más. Descargar su ira. Aplastar su rabia. Sollozar durante toda la noche, hasta que el cansancio fese más importante que su tétrica situación vital. Solía pasar en las noches de invierno. Cada vez eran menos frecuentes los días de ojos podridos.
Lo miraba y lo miraba, todos los días lo miraba e intentaba ver algo en él. No encontraba el cable que la unía con ese niño. Era inútil escuchar su voz e imaginarse que se parecía a la suya. Incluso sus ojos eran diferentes. Como algo tan inútil puede ser el fruto de tanto amor...
Pena y desgracia que se acumulaba en una vida sin tiempo.
Los años la vieron pasar desconsolada. No la pararon para pregunte que le pasaba, sabían perfectamente el pecado por el que aún penaba. Sin absolución prometido y sin más sangre que derramar ella solo podía parar para respirar.
Sabía que terminar no era una opción contemplada.
Lo único que se atrevía a aventurar fue lo que su madre antes de morir le hizo jurar.
"No importa el porqué. Solo sigue respirando"
Eres la más bonita de las músicas. La más dulce de las luces solteras. De tu vientre nació la vida entera.
Te mezclas con sangre para que la amargura pueda viajar en tus senos. Te mezclas con tristeza para resbalar en lágrimas las penas de tus anhelos.
Con la luz de la pureza apagada y el más oculto de sus secretos en flor, ya no se atrevía a mirar a nadie a la cara. No podía seguir soportanto esas miradas que se acumulaban en sus hombros. Era el momento de agarrar un pedazo de pan para el camino y salir por la noche, acompañada de la nada.
Luchó sufriendo su propio silencio. Vivió con la verguenza de saber que lo que estaba haciendo no era del todo lo correcto. Pero sabía por quien lo hacía. Había llegado, antes de tiempo, el momento que nunca debe llegar en la vida de una persona. Tuvo que enterrar su orgullo y salir sola a cazar sin manada.
La sangre de su sangre debía crecer. Ella no sabía muy bien porqué. Pero era lo que más quería en esta vida. Tenía que protegerlo, arroparlo por las noches, cuidarlo de día y por supuesto asegurarse de que no le faltase nada de por vida. Reiterar su dolor mientras el nacía era la única brecha de su amor.
Nunca nadie le había dado el concepto de madre. Ella jamás tuvo una, por lo que era algo sin forma para ella. Había oído que una madre lo daba todo por su hijo. Pero no sabía muy bien a qué se referían con ese todo. Ni como hacerlo. Tampoco nadie le enseñó a como querer sin odiar de por medio.
Con el frío del avismo en sus rodillas sabía muy bien cual era su nuevo día. Cubrir en tristes pétalos marchitos, una jornada más de trabajo con escalofríos. Vida a la que no se le había advertido que sería invitada. Vida que no era para ella. Vida que le tocó sin sospecha.
Apenas una migas de pan que llevarse a la boca era lo que le consolaba al llegar a casa. Muchas eran las veces que buscaba el porqué. Pero nunca nadie supo resoponder. Se quitaba el hombre con lágrimas solo para darle de comer a su bebe. Le alimentarba el verlo reír, pero apenas se ponía pie por él.
Cuando notaba que llegaba el momento necesitaba renacer una vez más. Descargar su ira. Aplastar su rabia. Sollozar durante toda la noche, hasta que el cansancio fese más importante que su tétrica situación vital. Solía pasar en las noches de invierno. Cada vez eran menos frecuentes los días de ojos podridos.
Lo miraba y lo miraba, todos los días lo miraba e intentaba ver algo en él. No encontraba el cable que la unía con ese niño. Era inútil escuchar su voz e imaginarse que se parecía a la suya. Incluso sus ojos eran diferentes. Como algo tan inútil puede ser el fruto de tanto amor...
Pena y desgracia que se acumulaba en una vida sin tiempo.
Los años la vieron pasar desconsolada. No la pararon para pregunte que le pasaba, sabían perfectamente el pecado por el que aún penaba. Sin absolución prometido y sin más sangre que derramar ella solo podía parar para respirar.
Sabía que terminar no era una opción contemplada.
Lo único que se atrevía a aventurar fue lo que su madre antes de morir le hizo jurar.
"No importa el porqué. Solo sigue respirando"
23 de octubre de 2012
Escribiendo en la almohada.
Escribiendo en mi suave almohada, llegaste de madrugada y me rozaste la mejilla. Preguntaste qué tal el día. Un susurro y dos bostezos, mi mirada y tu sonrisa. Se me pasó el tonto enfado de anoche y de nuevo te volví a amar. Te quise tanto tiempo que hasta el Sol se cansó de esperar.
Luego cerramos la persiana y nos recostamos a descansar. Era fin de semana y lo de menos, ese día estaba de más. Tu pecho, mi barba y tu ombligo. Una tarde con el único abrigo que me regalaba tu piel. Solo tus brazos, con mis ganas y tu sosiego, todo pintaba del color de un vago atardecer.
El frío entró por la ventana. La imagen se difurcó como si un pincel mojado hubiese caído en nuestra estampa. Poco a poco tu olor se alejaba. Entendí que no fue más que otro sueño de madrugada.
Resignado volví a cerrar los ojos. Quería volver a tenerte entre mis brazos. Quería seguir soñando y no despertar jamás. Pero fue inútil. Abrazaqba la soledad de mi cama una vez más.
Si pudiera volver a escribir ese momento donde tus besos no eran pensados. Si pudiera recoger esa lágrima de despecho en una delicada botella de perfume. Si pudiera quitar esa pestaña de tus ojos, escuchar tu deseo, y volarla junto al viento. Si pudiera ... volver a nacer, no querría otra cosa que dejar de soñar para empezar a vivir.
Mis mañanas contigo, y mis noches sin ti son la peor tortura que la eternidad podría haber escogido para mi. Hubiese preferido mil veces arder en el fuego eterno que estar sin ti. Lo sabes bien. Ya me conoces.
Se me repite una y otra vez esa despedida sin adiós. Intento entenderla una y otra vez. Pero no hago nada más que fracasar y desembocar en más lágrimas sin sentido. Le pido justicia a la vida. Le ruego que sea lógica. Tanto sufrimiento no tiene sentido si ya he aprendido mi lección.
Pero calla. Solo calla y me deja morirme de nada. La más angustiosa y horrible de las muertes. Sin oficio ni beneficio, agradeciendo lo que es de todos y la vez no es de nadie.
Retorcerme recordándote le engorda. Se lucra con gritos que nadie escucha. Sabe que no tiene porqué ser justa. Yo no soy la excepción. Se niega a traerte conmigo de vuelta. Se niega a escucharme ni aunque solo sea un momento. Deja que mis argumentos, mil veces ensayados, se queden escritos en las paredes de mi cielo. Seguro que ha oído los mismos argumentos cientos de veces.
Mañana cenaré otra noche como esta. Con algo de suerte volveré a soñarte. Quizás sea el día en el que fuimos a Atapuerca. Quizás el viento me lleve a ese día donde hiciste un arroz horrible. O quizás simplemente cuando vimos esa estúpida película abrazados. Puede que sea el día donde estropeaste el coche y miraste al asiento de atrás con cara de circunstancias.
No me importa el momento. Volveré a estar contigo y sin ti al mismo tiempo. Cada mañana, al perderte, me consuela saber que volverás con cada Luna. Podré olerte, sentirte y abrazarte. Pero jamás tocarte.
Mientras tanto seguiré escribiendo el sueño de esta noche en la almohada. Para no olvidarlo al despertar. Para almacenar deseos, aún por llegar.
Luego cerramos la persiana y nos recostamos a descansar. Era fin de semana y lo de menos, ese día estaba de más. Tu pecho, mi barba y tu ombligo. Una tarde con el único abrigo que me regalaba tu piel. Solo tus brazos, con mis ganas y tu sosiego, todo pintaba del color de un vago atardecer.
El frío entró por la ventana. La imagen se difurcó como si un pincel mojado hubiese caído en nuestra estampa. Poco a poco tu olor se alejaba. Entendí que no fue más que otro sueño de madrugada.
Resignado volví a cerrar los ojos. Quería volver a tenerte entre mis brazos. Quería seguir soñando y no despertar jamás. Pero fue inútil. Abrazaqba la soledad de mi cama una vez más.
Si pudiera volver a escribir ese momento donde tus besos no eran pensados. Si pudiera recoger esa lágrima de despecho en una delicada botella de perfume. Si pudiera quitar esa pestaña de tus ojos, escuchar tu deseo, y volarla junto al viento. Si pudiera ... volver a nacer, no querría otra cosa que dejar de soñar para empezar a vivir.
Mis mañanas contigo, y mis noches sin ti son la peor tortura que la eternidad podría haber escogido para mi. Hubiese preferido mil veces arder en el fuego eterno que estar sin ti. Lo sabes bien. Ya me conoces.
Se me repite una y otra vez esa despedida sin adiós. Intento entenderla una y otra vez. Pero no hago nada más que fracasar y desembocar en más lágrimas sin sentido. Le pido justicia a la vida. Le ruego que sea lógica. Tanto sufrimiento no tiene sentido si ya he aprendido mi lección.
Pero calla. Solo calla y me deja morirme de nada. La más angustiosa y horrible de las muertes. Sin oficio ni beneficio, agradeciendo lo que es de todos y la vez no es de nadie.
Retorcerme recordándote le engorda. Se lucra con gritos que nadie escucha. Sabe que no tiene porqué ser justa. Yo no soy la excepción. Se niega a traerte conmigo de vuelta. Se niega a escucharme ni aunque solo sea un momento. Deja que mis argumentos, mil veces ensayados, se queden escritos en las paredes de mi cielo. Seguro que ha oído los mismos argumentos cientos de veces.
Mañana cenaré otra noche como esta. Con algo de suerte volveré a soñarte. Quizás sea el día en el que fuimos a Atapuerca. Quizás el viento me lleve a ese día donde hiciste un arroz horrible. O quizás simplemente cuando vimos esa estúpida película abrazados. Puede que sea el día donde estropeaste el coche y miraste al asiento de atrás con cara de circunstancias.
No me importa el momento. Volveré a estar contigo y sin ti al mismo tiempo. Cada mañana, al perderte, me consuela saber que volverás con cada Luna. Podré olerte, sentirte y abrazarte. Pero jamás tocarte.
Mientras tanto seguiré escribiendo el sueño de esta noche en la almohada. Para no olvidarlo al despertar. Para almacenar deseos, aún por llegar.
21 de octubre de 2012
Odio heredado.
El desprecio es la cadena que más duele. Mucho más que el puño enfurecido. Muchísimo más que una vara afilada. Arde conjuntamente con la indiferencia para destrozar los corazones.
Odio, desprecio e indiferencia. Un cóctel de cómplices que atraviesa las venas mucho más rápido que cualquier veneno. Ennegrece las almas. Las deja secas y les quita toda la ilusión y la esperanza. No las mata. Las deja moribundas y regodeándose en su desgracia.
¿Es esa forma de criar a un niño?
Puedo que no lo sea. Pero lo padres perfectos aún no han sido inventados. Quizás nunca lo sean, pues cuanto más perfectos sean más imperfecta será su creación. El azar forma parte del orden del universo. Algo planeado nunca saldrá bien. Ley 38 de la vida...
Partiendo de la premisa de que la educación no es perfecta, y que los educadores han sido educados de forma imperfecta... ¿Donde está lo correcto?¿Qué hacer cuando no sabes qué hacer?
No lo se. Incluso a estas alturas me da absolutamente igual.
Pero creo que una cosa es obvia. Nunca deberías derrochar tanto odio. Nunca deberías escupir a tu misma carne, que está bañada con tu misma sangre. El máximo amor se expresa con la máxima confianza. Pero saquearlo con desprecio es demasiado.
Tienes que darte cuenta de cuál a sido tu educación, y tienes que ser capar de contener ese desprecio. El desprecio en una relación de amor desgarrador. Cuando quieres a alguien es imposible odiarlo. Por mucho que se lo merezca.
¿Una línea que separa el amor y el odio?
No lo creo. Lo que seas capaz de odiar no será nada más que una máscara momentánea. Siempre lo querrás pues es tu sangre. Nunca lo olvidarás. Siempre morirás por él. Será el único acto no egoísta que serás capaz de hacer en tu vida. Probablemente estés programado para ello. Probablemente no. Pero solo sabes que lo harías sin dudar, porque para eso es tu hijo.
Ahora toca el momento de coger el legado. ¿Qué harán los niños despreciados sino despreciar? ¿Donde caerán las lágrimas de su infancia? ¿A quien le pedimos cuentas?
Por eso mismo hay que superar la educación bajo todo concepto. Sentirse realizado debe pasar por un reiniciado. Olvidar cualquier cosa que te hayan enseñado. Empezar de nuevo bajo tu criterio, con tu ciencia, con tus manos y con tu religión...
Elegir lo correcto siempre será lo correcto. Puede que tu elección no sea la adecuada. Pero habrás elegido. Ahora le debes fidelidad a tu elección.
Una vez que estés en blanco entonces sigue tu propio camino. Vacilar no es una opción en venta.
¿Cómo hacer esto?
Complicado. Pero posible. Tienes que poner toda la piel en ello. Quizás nunca lo consigas porque cuando creas que vas por el camino adecuado, te darás cuenta de que tus herramientas no son más que vestigios heredados.
El perdón es un atajo fácil. No me refiero al perdón en un ámbito religioso. Tampoco el perdón hacia los demás. Sino el perdón propio. Perdonarte a ti mismo. Entender que no es tu culpa. Aceptar tu papel en el tablero. No dejar nada de lado. No descartar el que pudiste estar equivocado.
Cuando te perdones te darás cuenta de algo. Eres lo que eres por lo que te han dado. Quizás todo ese desprecio fue necesario para poder empezar un día desde cero.
Odio, desprecio e indiferencia. Un cóctel de cómplices que atraviesa las venas mucho más rápido que cualquier veneno. Ennegrece las almas. Las deja secas y les quita toda la ilusión y la esperanza. No las mata. Las deja moribundas y regodeándose en su desgracia.
¿Es esa forma de criar a un niño?
Puedo que no lo sea. Pero lo padres perfectos aún no han sido inventados. Quizás nunca lo sean, pues cuanto más perfectos sean más imperfecta será su creación. El azar forma parte del orden del universo. Algo planeado nunca saldrá bien. Ley 38 de la vida...
Partiendo de la premisa de que la educación no es perfecta, y que los educadores han sido educados de forma imperfecta... ¿Donde está lo correcto?¿Qué hacer cuando no sabes qué hacer?
No lo se. Incluso a estas alturas me da absolutamente igual.
Pero creo que una cosa es obvia. Nunca deberías derrochar tanto odio. Nunca deberías escupir a tu misma carne, que está bañada con tu misma sangre. El máximo amor se expresa con la máxima confianza. Pero saquearlo con desprecio es demasiado.
Tienes que darte cuenta de cuál a sido tu educación, y tienes que ser capar de contener ese desprecio. El desprecio en una relación de amor desgarrador. Cuando quieres a alguien es imposible odiarlo. Por mucho que se lo merezca.
¿Una línea que separa el amor y el odio?
No lo creo. Lo que seas capaz de odiar no será nada más que una máscara momentánea. Siempre lo querrás pues es tu sangre. Nunca lo olvidarás. Siempre morirás por él. Será el único acto no egoísta que serás capaz de hacer en tu vida. Probablemente estés programado para ello. Probablemente no. Pero solo sabes que lo harías sin dudar, porque para eso es tu hijo.
Ahora toca el momento de coger el legado. ¿Qué harán los niños despreciados sino despreciar? ¿Donde caerán las lágrimas de su infancia? ¿A quien le pedimos cuentas?
Por eso mismo hay que superar la educación bajo todo concepto. Sentirse realizado debe pasar por un reiniciado. Olvidar cualquier cosa que te hayan enseñado. Empezar de nuevo bajo tu criterio, con tu ciencia, con tus manos y con tu religión...
Elegir lo correcto siempre será lo correcto. Puede que tu elección no sea la adecuada. Pero habrás elegido. Ahora le debes fidelidad a tu elección.
Una vez que estés en blanco entonces sigue tu propio camino. Vacilar no es una opción en venta.
¿Cómo hacer esto?
Complicado. Pero posible. Tienes que poner toda la piel en ello. Quizás nunca lo consigas porque cuando creas que vas por el camino adecuado, te darás cuenta de que tus herramientas no son más que vestigios heredados.
El perdón es un atajo fácil. No me refiero al perdón en un ámbito religioso. Tampoco el perdón hacia los demás. Sino el perdón propio. Perdonarte a ti mismo. Entender que no es tu culpa. Aceptar tu papel en el tablero. No dejar nada de lado. No descartar el que pudiste estar equivocado.
Cuando te perdones te darás cuenta de algo. Eres lo que eres por lo que te han dado. Quizás todo ese desprecio fue necesario para poder empezar un día desde cero.
16 de octubre de 2012
Personas a olvidar.
En un día de estos donde las ganas se arrastran detrás de tu sombra, donde asientes con la cabeza a todo lo que te dicen y donde el viento te distrae constantemente te da por pensar.
Pensar en que un día todo fue diferente a como es hoy. No importa lo bien que te vaya la vida, siempre otra vida será mejor. Da igual lo bueno que sea tu abrigo, pues siempre el abrigo que no tienes quitará mejor el frío. Lo que no tienes será lo que desearás. Y lo que perdiste será lo que añorarás.
Un remolino de caprichos en una mente muy inmadura todavía. Tan bebe que aún no ha entendido que nada es para siempre. No importa el hoy sino el mañana. Aún no se ha dado cuenta que él es tan poca cosa como el que está a su lado.
Es un sentimiento instintivo que está dentro de cada persona moldeable. Está dentro de nuestra piel. Siempre esperamos más de lo que sabemos que obtendremos. Siempre nos arrepentimos una vez que ya lo hemos perdido. Es así. Un hecho constantado científicamente. No hay duda. Los niños son el mejor espejo de ello. Criaturitas como nosotros, solo que un poco más pequeñas y aún sin moldear. Puros y sinceros no esconden sus caprichos. Cuando crecen son iguales, solo que han aprendido a mentir.
Pero otro día, cuando tu vida te va bien y no es el momento de pensar en nada, te das cuenta de algo. Te das cuenta que de que el Sol, por suerte para todos sigue girando con la misma velocidad. Irradia belleza con la misma intensidad, y esta se queda atrapada en las flores con la misma dulzura.
El viento corre siempre de un lado para otro. Es muy tormentoso. Pero hablando de él, lo normal es su anormalidad. Arrastra el polvo y la maleza, pero al final deja suavidad y espuma en el borde de las olas más duras. Nunca para.
El agua chapotea de alegría. Unas veces caliente y otras fría, pero eso es lo de menos. Viene y va, pero siempre está ahí. No se nos escapa a ningún sitio.
En ese momento es cuando te das cuenta. Todo sigue igual. No era para tanto. No importa lo que tenías o lo que has perdido. A día de hoy, todo sigue igual. El desorden del universo sigue ordenado, como cabría esperar.
Entonces, sin que nadie te lo explique y sin calentarte demasiado la cabeza tus ojos hacen zoom. Desembocan en un lugar mucho más alto de lo que esperabas y lo ves todo con otra perspectiva. Te das cuenta de que eres nada como nada es lo que te rodea y a la vez tanto como tanto son los de tu alrededor.
Las personas que tenías pendientes de olvidar mueren de repente. Ya no las recuerdas. Por arte de magia ya no se te erizan los pelos del cuello al recordar el beso de buenas noches de tu madre. Tampoco sientes nada distinto cuando intentas llorar por tu perro. Ni siquiera odio cuando recuerdas al conductor que se lo llevó por delante.
Todo lo que no habías conseguido con días de esfuerzo, de repente es tuyo. Has cambiado. Has evolucionado a un nuevo grado de madured. Ahora sabes que queda mucho por recordar, pero mucho más aún por olvidar.
Inevitablemente el ciclo vuelve a empezar. Y caes en otro de esos días mustio, donde merece la pena ponerse a pensar de nuevo. Y como buen niño pequeño sin piruletas, volverás a arrepentirte. Volverás a patalear por lo que no tienes.
La única diferencia es que en tu segundo día de disgusto el tiempo ha avanzado. Cada vez que pases por estos días serás más viejo. El tiempo no se espera ni espera a nadie.
Por suerte todo sigue igual en el mundo otra vez. Y cada vez que recuerdes de nuevo, habrás olvidado pequeños trozitos de caras. Así pasará el tiempo hasta que no seas capaz de recordar nada.
Pensar en que un día todo fue diferente a como es hoy. No importa lo bien que te vaya la vida, siempre otra vida será mejor. Da igual lo bueno que sea tu abrigo, pues siempre el abrigo que no tienes quitará mejor el frío. Lo que no tienes será lo que desearás. Y lo que perdiste será lo que añorarás.
Un remolino de caprichos en una mente muy inmadura todavía. Tan bebe que aún no ha entendido que nada es para siempre. No importa el hoy sino el mañana. Aún no se ha dado cuenta que él es tan poca cosa como el que está a su lado.
Es un sentimiento instintivo que está dentro de cada persona moldeable. Está dentro de nuestra piel. Siempre esperamos más de lo que sabemos que obtendremos. Siempre nos arrepentimos una vez que ya lo hemos perdido. Es así. Un hecho constantado científicamente. No hay duda. Los niños son el mejor espejo de ello. Criaturitas como nosotros, solo que un poco más pequeñas y aún sin moldear. Puros y sinceros no esconden sus caprichos. Cuando crecen son iguales, solo que han aprendido a mentir.
Pero otro día, cuando tu vida te va bien y no es el momento de pensar en nada, te das cuenta de algo. Te das cuenta que de que el Sol, por suerte para todos sigue girando con la misma velocidad. Irradia belleza con la misma intensidad, y esta se queda atrapada en las flores con la misma dulzura.
El viento corre siempre de un lado para otro. Es muy tormentoso. Pero hablando de él, lo normal es su anormalidad. Arrastra el polvo y la maleza, pero al final deja suavidad y espuma en el borde de las olas más duras. Nunca para.
El agua chapotea de alegría. Unas veces caliente y otras fría, pero eso es lo de menos. Viene y va, pero siempre está ahí. No se nos escapa a ningún sitio.
En ese momento es cuando te das cuenta. Todo sigue igual. No era para tanto. No importa lo que tenías o lo que has perdido. A día de hoy, todo sigue igual. El desorden del universo sigue ordenado, como cabría esperar.
Entonces, sin que nadie te lo explique y sin calentarte demasiado la cabeza tus ojos hacen zoom. Desembocan en un lugar mucho más alto de lo que esperabas y lo ves todo con otra perspectiva. Te das cuenta de que eres nada como nada es lo que te rodea y a la vez tanto como tanto son los de tu alrededor.
Las personas que tenías pendientes de olvidar mueren de repente. Ya no las recuerdas. Por arte de magia ya no se te erizan los pelos del cuello al recordar el beso de buenas noches de tu madre. Tampoco sientes nada distinto cuando intentas llorar por tu perro. Ni siquiera odio cuando recuerdas al conductor que se lo llevó por delante.
Todo lo que no habías conseguido con días de esfuerzo, de repente es tuyo. Has cambiado. Has evolucionado a un nuevo grado de madured. Ahora sabes que queda mucho por recordar, pero mucho más aún por olvidar.
Inevitablemente el ciclo vuelve a empezar. Y caes en otro de esos días mustio, donde merece la pena ponerse a pensar de nuevo. Y como buen niño pequeño sin piruletas, volverás a arrepentirte. Volverás a patalear por lo que no tienes.
La única diferencia es que en tu segundo día de disgusto el tiempo ha avanzado. Cada vez que pases por estos días serás más viejo. El tiempo no se espera ni espera a nadie.
Por suerte todo sigue igual en el mundo otra vez. Y cada vez que recuerdes de nuevo, habrás olvidado pequeños trozitos de caras. Así pasará el tiempo hasta que no seas capaz de recordar nada.
11 de octubre de 2012
Lo impersonal.
Escucha sonrisas a sus espaldas. Mira un espejo opaco que nada tiene que ver con su mundo. Grita al silencio pidiendo escusas que nunca pecaron.
Ya no llora, ni tiene porqué planteárselo siquiera. Ahora es libre. Ahora no tiene que dar explicaciones.
Se despojó de toda dignidad, crítica, sensación, perturbación y desasosiego. Ya no le queda nada excepto su mismo ser.
Es entonces cuando se dio cuenta de su destino vio su nuevo camino. De lo que verdad es y lo que ya no tiene porqué cambiar.
Alcanzó con la yema de sus dedos el éxito. A nivel personal es la mayor belleza que haya conocido jamás. Nunca había conocido a nadie como sí mismo.
Ahora no necesita el reconociento de los que sobran. Ni tan siquiera su amor. Mucho menos sus aplausos. Ahora solo necesita que os quiteis de enmedio. Tiene que pasar. Y la carne de burro normalmente no es transparente.
Apenas recuerda su pasado. Pero eso no quiere decir que lo haya olvidado. Son las bases de su vida. Sus orígenes y sus cimientos. Lo que hacen qu esté donde está. Lo que hacen que sea como es. Lo que ha hecho, que jamás se vuelvan a cometer los mismos errores. Ha fortalezido sus rodillas y sus codos. Le han moldeado la cara. Ha llenado sus grietas con todas y cada una de sus experiencias.
Buenos son los amigos que salen ahora hasta por debajo de la alfombra. Vienen queriendo compartir su fama. No dan nada a cambio. Solo un poco de atención. Atención que ellos no pusieron cuando más se necesitó. Pena dan, como pena dieron en su momento. Ratas apestosas que apenas rozan la suela de el tacón. Babean por más de lo que merecen. Escoria putrefacta.
Ahora es demasiado tarde. Se es independiente cuando no se necesita amor. Distinto es que se utilice. La supervivencia es complicada. Da muchas vueltas y a veces requiere de sacrificios específicos. Momentos donde pasearte sin ropa. Momentos donde subirte y ser aplaudido. Pero todo ello debe ir acompañado de la más absoluta impersonalidad. Chocolate con chocolate. Sangre con sangre. Nunca ambos mezclados.
Un corazón impermeable es un corazón fuerte. No deja entrar a nada ni a nadie. Pero su fortaleza es su debilidad. Hay que saber dejar lo que entrar, con la misma facilidad que hacerlo salir. Es la manera más efectiva de seguir erguido. De aguantar las corrientes de rabia. De no olvidar donde estás y para lo que estás.
Así es como se diseñó la supervivencia. Porque así es como sobrevive la fortaleza.
No se arrepiente de nada. Nada quiere y nada le falta. Es puro azar disuelto en la muchedumbre. Apenas repasa su papel en el mundo. Se lo sabe de memoria. Es la mejor actuación de toda su carrera.
Agradece cada gota de dolor que ha pasado por sus manos. Sabe que son la base de su triunfo. No lamenta ni una sola lágrima. Sabe perfectamente que han servido como baño a su alma. Sus cicatrices son su trofeo, ahora coleccionado en su corazón. Luce con orgullo sus logros, así como cuenta cada decepción.
Ahora ya solo queda andar hacia delante. Sin que nadie mire su cara al pasar. Ella siempre mandará en su vida. Porque ahora si que es libre. Ahora si que sabe como andar.
Porque de todo se aprende. Y de todo se sabe. De todo excepto de las cosas que no duelen.
Ya no llora, ni tiene porqué planteárselo siquiera. Ahora es libre. Ahora no tiene que dar explicaciones.
Se despojó de toda dignidad, crítica, sensación, perturbación y desasosiego. Ya no le queda nada excepto su mismo ser.
Es entonces cuando se dio cuenta de su destino vio su nuevo camino. De lo que verdad es y lo que ya no tiene porqué cambiar.
Alcanzó con la yema de sus dedos el éxito. A nivel personal es la mayor belleza que haya conocido jamás. Nunca había conocido a nadie como sí mismo.
Ahora no necesita el reconociento de los que sobran. Ni tan siquiera su amor. Mucho menos sus aplausos. Ahora solo necesita que os quiteis de enmedio. Tiene que pasar. Y la carne de burro normalmente no es transparente.
Apenas recuerda su pasado. Pero eso no quiere decir que lo haya olvidado. Son las bases de su vida. Sus orígenes y sus cimientos. Lo que hacen qu esté donde está. Lo que hacen que sea como es. Lo que ha hecho, que jamás se vuelvan a cometer los mismos errores. Ha fortalezido sus rodillas y sus codos. Le han moldeado la cara. Ha llenado sus grietas con todas y cada una de sus experiencias.
Buenos son los amigos que salen ahora hasta por debajo de la alfombra. Vienen queriendo compartir su fama. No dan nada a cambio. Solo un poco de atención. Atención que ellos no pusieron cuando más se necesitó. Pena dan, como pena dieron en su momento. Ratas apestosas que apenas rozan la suela de el tacón. Babean por más de lo que merecen. Escoria putrefacta.
Ahora es demasiado tarde. Se es independiente cuando no se necesita amor. Distinto es que se utilice. La supervivencia es complicada. Da muchas vueltas y a veces requiere de sacrificios específicos. Momentos donde pasearte sin ropa. Momentos donde subirte y ser aplaudido. Pero todo ello debe ir acompañado de la más absoluta impersonalidad. Chocolate con chocolate. Sangre con sangre. Nunca ambos mezclados.
Un corazón impermeable es un corazón fuerte. No deja entrar a nada ni a nadie. Pero su fortaleza es su debilidad. Hay que saber dejar lo que entrar, con la misma facilidad que hacerlo salir. Es la manera más efectiva de seguir erguido. De aguantar las corrientes de rabia. De no olvidar donde estás y para lo que estás.
Así es como se diseñó la supervivencia. Porque así es como sobrevive la fortaleza.
No se arrepiente de nada. Nada quiere y nada le falta. Es puro azar disuelto en la muchedumbre. Apenas repasa su papel en el mundo. Se lo sabe de memoria. Es la mejor actuación de toda su carrera.
Agradece cada gota de dolor que ha pasado por sus manos. Sabe que son la base de su triunfo. No lamenta ni una sola lágrima. Sabe perfectamente que han servido como baño a su alma. Sus cicatrices son su trofeo, ahora coleccionado en su corazón. Luce con orgullo sus logros, así como cuenta cada decepción.
Ahora ya solo queda andar hacia delante. Sin que nadie mire su cara al pasar. Ella siempre mandará en su vida. Porque ahora si que es libre. Ahora si que sabe como andar.
Porque de todo se aprende. Y de todo se sabe. De todo excepto de las cosas que no duelen.
10 de octubre de 2012
El fantasma del pasado.
Restos del silencio pegados en la pared. Las sobras de la felicidad escondidas en un marco sin foto. El amor descartado resbalando por un grifo oxidado. Y el exceso de sinceridad confinado en una cerradura sin llave.
Noches que no duermen a la luz de las estrellas. Días en vela esperando la salida del Sol. Gritos de silencio corriendo por mi interior.
Escrito está en mis labios el sufrimiento de mi alma. Impreso en mi piel el dolor de mi corazón. Reflejado en mis ojos la muerte de mi ser.
Ninguna mañana volverá a ser igual. Soy testigo mudo de los días que pasan y pasan, como gaviotas frente a la costa. El viento me silva palabras alentadoras que me invitan a reír. Me visto de fiesta para escuchar el susurro de las margaritas al campanillear. Canto a los árboles que crujen su edad orgullosos.
Un campaneo se mete por entre las grietas de mi corazón. Busca de mi para alojarse. Mis defensas están distraídas ... De repente sin aviso se funde con mi sangre. Un latido lo arrastra a través de mis venas, haciendo que lo sienta en todas las yemas de mis dedos, en cada poro de mi piel, en el perfil de mis labios. Un segundo latido lo arrastra hacia mis ojos.
Entonces empiezo a recordarte. Es nuestra canción, ¿la oyes? Yo no la oigo. Pero la siento aquí, muy dentro. El tintineo no parará, seguirá así hasta que rompa a llorar. Baila a mi alrededor tu fantasma arrastrando mi cabeza degollada. Como si fuese su premio. Como si hubiese alcanzado el triunfo.
Apenas me tengo en pie. Sufrir es lo único que me recuerda que sigo con vida. Confundido y apenas despierto busco a mi alredor algo que me de un último aliento.
Nada me convence. Todo es de color marchito. Está podrido. Apenas respiro por no molestar al silencio. Ni siquiera se me ocurre una forma mejor de pestañear. Estoy solo. Perdido en el infinito. Estoy en esa estrecha línea entre la amargura y la cruda realidad. No consigo salir. No se como hacerlo.
A lo lejos solo consigo recordar tu figura. Unas veces se ríe de mi situación y me mira con desprecio. Otras veces solo me ignora y mira hacia la nada. Pero lo peor de todo es en esas veces donde calla. Donde no dice palabras. Donde ni rie ni mira. Ni sabe, ni contesta. Donde no hace nada. Solo espera ahí quieta.
¿Qué espera? ¿Mi final?
Se que ya no puedo ir donde estás. Se que el olvido me ha atrapado y es imposible salir ileso. Sea como sea es un adiós que aún no quiere llegar. Estoy encerrado en esos segundos donde las lágrimas no han brotado. En ese instante donde la rabia aún no ha llegado todo lo dentro que podría. En ese preciso segundo donde estoy por estar y no termino de morir por falta de un motivo.
Elegante y sin temor esconderé mi carne bajo una mascara. Nadie sabrá el tiempo que llevo mueriendo. Nadie notará mi sufrimiento. Taparé mis ojos, sacrificando mi visión con tal de que nadie me vea mirar. Callaré para siempre en compensación con que jamás nadie me vuelva a escuchar. Apenas respirare. Lo justo para no morir.
¿Y mi corazón? Mi corazón quedará enterrado de por vida. No amaré con tal de no volver a sufrir. No habrá latidos ni suspiros a media noche. No habrá nada. Solo sangre que fluirá por canales marchitos.
Como un fantasma vagaré con las calles. El olvido me acompañará. El silencio será mi siervo. Disfrazado de arriba abajo llegará el momento en el que no sea yo. Llegárá el momento donde mi ser apenas se reconozca en el espejo. Entonces quizás olvide el motivo de mi pena.
¿Por qué vivir así? ¿No es mejor morir?
Así y solo así es como se hacerlo. Así y solo así soy feliz. Así y solo así te podré seguir recordando.
Noches que no duermen a la luz de las estrellas. Días en vela esperando la salida del Sol. Gritos de silencio corriendo por mi interior.
Escrito está en mis labios el sufrimiento de mi alma. Impreso en mi piel el dolor de mi corazón. Reflejado en mis ojos la muerte de mi ser.
Ninguna mañana volverá a ser igual. Soy testigo mudo de los días que pasan y pasan, como gaviotas frente a la costa. El viento me silva palabras alentadoras que me invitan a reír. Me visto de fiesta para escuchar el susurro de las margaritas al campanillear. Canto a los árboles que crujen su edad orgullosos.
Un campaneo se mete por entre las grietas de mi corazón. Busca de mi para alojarse. Mis defensas están distraídas ... De repente sin aviso se funde con mi sangre. Un latido lo arrastra a través de mis venas, haciendo que lo sienta en todas las yemas de mis dedos, en cada poro de mi piel, en el perfil de mis labios. Un segundo latido lo arrastra hacia mis ojos.
Entonces empiezo a recordarte. Es nuestra canción, ¿la oyes? Yo no la oigo. Pero la siento aquí, muy dentro. El tintineo no parará, seguirá así hasta que rompa a llorar. Baila a mi alrededor tu fantasma arrastrando mi cabeza degollada. Como si fuese su premio. Como si hubiese alcanzado el triunfo.
Apenas me tengo en pie. Sufrir es lo único que me recuerda que sigo con vida. Confundido y apenas despierto busco a mi alredor algo que me de un último aliento.
Nada me convence. Todo es de color marchito. Está podrido. Apenas respiro por no molestar al silencio. Ni siquiera se me ocurre una forma mejor de pestañear. Estoy solo. Perdido en el infinito. Estoy en esa estrecha línea entre la amargura y la cruda realidad. No consigo salir. No se como hacerlo.
A lo lejos solo consigo recordar tu figura. Unas veces se ríe de mi situación y me mira con desprecio. Otras veces solo me ignora y mira hacia la nada. Pero lo peor de todo es en esas veces donde calla. Donde no dice palabras. Donde ni rie ni mira. Ni sabe, ni contesta. Donde no hace nada. Solo espera ahí quieta.
¿Qué espera? ¿Mi final?
Se que ya no puedo ir donde estás. Se que el olvido me ha atrapado y es imposible salir ileso. Sea como sea es un adiós que aún no quiere llegar. Estoy encerrado en esos segundos donde las lágrimas no han brotado. En ese instante donde la rabia aún no ha llegado todo lo dentro que podría. En ese preciso segundo donde estoy por estar y no termino de morir por falta de un motivo.
Elegante y sin temor esconderé mi carne bajo una mascara. Nadie sabrá el tiempo que llevo mueriendo. Nadie notará mi sufrimiento. Taparé mis ojos, sacrificando mi visión con tal de que nadie me vea mirar. Callaré para siempre en compensación con que jamás nadie me vuelva a escuchar. Apenas respirare. Lo justo para no morir.
¿Y mi corazón? Mi corazón quedará enterrado de por vida. No amaré con tal de no volver a sufrir. No habrá latidos ni suspiros a media noche. No habrá nada. Solo sangre que fluirá por canales marchitos.
Como un fantasma vagaré con las calles. El olvido me acompañará. El silencio será mi siervo. Disfrazado de arriba abajo llegará el momento en el que no sea yo. Llegárá el momento donde mi ser apenas se reconozca en el espejo. Entonces quizás olvide el motivo de mi pena.
¿Por qué vivir así? ¿No es mejor morir?
Así y solo así es como se hacerlo. Así y solo así soy feliz. Así y solo así te podré seguir recordando.
8 de octubre de 2012
La cara en la multitud.
Hola. ¿Nos hemos visto alguna vez?
Solías despertarme con ese juego todas las mañanas. Fingías ser un extraño. Me besabas en la mejilla y yo me hacía la dura y te contestaba con una negación cariñosa.
Cada mañana jugábamos al mismo flirteo. Como si esa mañana fuese la primera mañana. Intentábamos hacer cada día úncio. Dar ese toque. No dejar que ese misterio muriese. Seguir juntos para siempre.
Era un plan perfecto. No calculábamos nada raro. Solo nos dejábamos llevar en el día a día. Una meta al final, pero un camino sin trazar. Ser felices era la norma. Querernos era la única condición.
Pero entonces el destino vino a por mi. Me pilló desprevenida, no creí que esa fuese el momento ni el lugar, mucho menos el día.
Odiaba ir andando a casa. Lo sabes. Esos tacones me mataban. Pero ahora es demasiado tarde para maldecir. Lo hice. Fui hasta casa. Pero nunca llegué como antes.
Lo próximo que recuerdo es la oscuridad. Oscuridad difuminada en mi cabeza. Emborronando mi pensamiento. Nada era parecido a la luz. La claridad se había transformado en un tópico. Confusión, miedo, curiosidad ... Podría escusarme diciendo que estaba aturdida, pero no. Simplemente estaba en la más absoluta oscuridad.
Ya no podía conocerte. Intentaba mirarte pero no eras tú. Eras una persona diferente, que me se acercaba a besarme y que intentaba rehuír con desdén. Eras un perfecto extraño al que se suponía que debía querer. Eras el amor de mi vida al que ya no conocía. Y no era solo tu cara lo que había cambiado. También era mi cara.
Era incapaz de reconocerme en el espejo. No sabía lo que estaba viendo enfrente de mi. No se si soy yo, o si es un estraño más. Uno de esos que me pide limosna en la puerta del supermercado. Uno de esos que me cruzo en el metro. Uno de esos que por mucho que mire y observe ya no conozco. Ya no se quien es. Y que jamás lo sabré.
En este preciso momento me di cuenta. Comprendí que en el caso de que te quisiese de verdad tu cara me daría igual. Te reconocería solo por el sonido de tu voz. Por el roce de tu piel. Por el aliento de las mañanas. O por ese beso helado de invierno.
Pero no. No me da igual. Siento que no eres tú. Lo he intentado con todas mis fuerzas y ahora he comprendido que por mucho que quiera doblegarme es imposible. No te quiero. Y ya nunca podré volver a quererte, ni siquiera se si algún día te quise.
Ahora eres solo una cara más en la muchedumbre. Me dices lo mismo que me dice la nada buscando su algo. No siento nada al mirarte. Bueno, si. Siento que estoy frente a otro estraño. Una vez más.
Lo siento tanto ... pero no puedo seguir mintiendote, porque es mentirme. Prefiero vagar en las sombras de por vida. No perder la armonía de la oscuridad. Acostumbrarme a no conocer a nadie. A olvidar lo que jamás debí aprender. A seguir buscando a esa cara que resalte de la multitud, y comprender que no será su cara lo que me llame la atención. Y que no importa cómo lo vea. Siempre lo conoceré, y siempre será él.
Solías despertarme con ese juego todas las mañanas. Fingías ser un extraño. Me besabas en la mejilla y yo me hacía la dura y te contestaba con una negación cariñosa.
Cada mañana jugábamos al mismo flirteo. Como si esa mañana fuese la primera mañana. Intentábamos hacer cada día úncio. Dar ese toque. No dejar que ese misterio muriese. Seguir juntos para siempre.
Era un plan perfecto. No calculábamos nada raro. Solo nos dejábamos llevar en el día a día. Una meta al final, pero un camino sin trazar. Ser felices era la norma. Querernos era la única condición.
Pero entonces el destino vino a por mi. Me pilló desprevenida, no creí que esa fuese el momento ni el lugar, mucho menos el día.
Odiaba ir andando a casa. Lo sabes. Esos tacones me mataban. Pero ahora es demasiado tarde para maldecir. Lo hice. Fui hasta casa. Pero nunca llegué como antes.
Lo próximo que recuerdo es la oscuridad. Oscuridad difuminada en mi cabeza. Emborronando mi pensamiento. Nada era parecido a la luz. La claridad se había transformado en un tópico. Confusión, miedo, curiosidad ... Podría escusarme diciendo que estaba aturdida, pero no. Simplemente estaba en la más absoluta oscuridad.
Ya no podía conocerte. Intentaba mirarte pero no eras tú. Eras una persona diferente, que me se acercaba a besarme y que intentaba rehuír con desdén. Eras un perfecto extraño al que se suponía que debía querer. Eras el amor de mi vida al que ya no conocía. Y no era solo tu cara lo que había cambiado. También era mi cara.
Era incapaz de reconocerme en el espejo. No sabía lo que estaba viendo enfrente de mi. No se si soy yo, o si es un estraño más. Uno de esos que me pide limosna en la puerta del supermercado. Uno de esos que me cruzo en el metro. Uno de esos que por mucho que mire y observe ya no conozco. Ya no se quien es. Y que jamás lo sabré.
En este preciso momento me di cuenta. Comprendí que en el caso de que te quisiese de verdad tu cara me daría igual. Te reconocería solo por el sonido de tu voz. Por el roce de tu piel. Por el aliento de las mañanas. O por ese beso helado de invierno.
Pero no. No me da igual. Siento que no eres tú. Lo he intentado con todas mis fuerzas y ahora he comprendido que por mucho que quiera doblegarme es imposible. No te quiero. Y ya nunca podré volver a quererte, ni siquiera se si algún día te quise.
Ahora eres solo una cara más en la muchedumbre. Me dices lo mismo que me dice la nada buscando su algo. No siento nada al mirarte. Bueno, si. Siento que estoy frente a otro estraño. Una vez más.
Lo siento tanto ... pero no puedo seguir mintiendote, porque es mentirme. Prefiero vagar en las sombras de por vida. No perder la armonía de la oscuridad. Acostumbrarme a no conocer a nadie. A olvidar lo que jamás debí aprender. A seguir buscando a esa cara que resalte de la multitud, y comprender que no será su cara lo que me llame la atención. Y que no importa cómo lo vea. Siempre lo conoceré, y siempre será él.
2 de octubre de 2012
La red de sus ojos.
Los ojos huecos y el alma rabiosa. No se puede pedir menos de una mente aburrida y un cuerpo que lo tiene todo.
En un mundo donde el dolor es el único pan que echarse a la boca y donde la muerte se pudre por las aceras, estas cosas no tienen la mayor importancia. Son totalmente absurdas y superfluas, no cabe ni siquiera la posibilidad de plantearse el problema.
Pero el otro mundo, donde el más es siempre menos, donde lo que se pudre por las calles es la comida malgastada y donde la muerte se viste de rojo solo en las películas ... en este mundo si que tiene importancia. Es quizás lo más importante.
El humano es la especie paidomórfica por excelencia. Entre otras cosas porque hemos alargado la edad infantil demasiado. Somos niños con pelo en el pecho y con una piruleta que venía de regalo.
Antes de empezar a observar cabeza se va moldeando. Nuestra red se está formando. Punto a punto se va cosiendo para formar nuestra pena, nuestro llanto, nuestra alegría, nuestro gozo y hasta nuestros ojos.
Dependemos entonces de muchas cosas. No solo es el Sol, el agua o la lluvia. También son las personas que nos rodean y con las que pasamos el mayor tiempo. Las que nos besan, las que nos miman, las que nos abrazan, las que nos dan parte de su calor, las que nos hacen cosquillas o las que nos enseñan a reír. O las que no.
Un día sin avisar la red se congela. Se ha acabado el tiempo de meter o sacar cosas. Como te quedes es como estarás el resto de tus días. ¿De quien es la culpa? Ni tuya, ni mía ni del viento, ni tan siquiera del cielo. No es de nadie.
¿Cómo cambiar lo que el hielo ha atrapado? Es muy difícil. Es casi imposible. Muchas veces, la voz de la gente se defiende diciendo "soy así". Parece un argumento absolutamente estúpido, pero realmente sin haber cogido un libro, estas personas han dado en una clave científica. Porque son así y solo así y nada las podrá cambiar.
Hay veces donde la red tiene unos puntos puertes. Puntos cosidos mucho antes que las pestañas o las cejas. Puntos inamovibles y de los que se va tejiendo alrededor. Estos puntos son muy importantes. Suelen representar el odio, la ira, la rabia ... también el amor y el desasosiego, pero rara vez.
Tu forma de odiar siempre será así. Tu forma de reír siempre será así. No importa lo que intentes por contener a tus demonios o a tu bestia. Desde pequeño está ahí, detrás de ti constantemente, mezclándose con la negrura de tu sombra.
Puedes llorar, pero no esconderte. Puedes ponerte un calendario, pero al final sucumbirás. Es así. Tal y como nos lo han contado generación tras generación.
Superar a la educación es algo que hoy día está fuera de nuestro alcance. Es demasiado dificil destrozar de un día para otro la red. Son los cimientos que nos subtentan como personas y sin una preparación previa puede ser devastador dejarse caer al vacío.
Solo hay una manera. El dolor.
El dolor es el primer y más efectivo mecanimos de supervivencia individual. Gracias al dolor, hemos comprobado en nuestra propia piel lo que se puede o no se puede comer. Por donde es mejor caminar. Lo que es prudente no tocar. Gracias al dolor ha nacido el miedo. Y gracias al dolor hoy podemos cambiar.
A base de dolor es la única forma en la que nuestra mente cambia radicalmente. Nuestra cabeza tiene que sobrevivir como sea. Da igual la forma. Y si para eso tiene que reiniciarse lo hará.
Niños que han nadado toda su vida con el dolor, saben lo que es la verdadera inteligencia. Nos superar mucho más de lo que nosotros podríamos esperar. Son mucho más inteligentes que cualquiera de nosotros. El problema es que no tienen una calculadora a mano. No pueden demostrar su valía.
Nosotros sin embargo estamos sobreprotegidos. Premiamos a los tontos, y por supuesto si eres tonto y feo puntuas doble. Llevamos un cartel colgado de palacio con la palabra "anti-evolución"
Nos emociona mucho ver a un padre perder a su hijo. No sentimos nada ver al hijo degollar a sus padres. Somos así. Esa es nuestra red. Así lloramos, así sentimos, así vemos las cosas. Y por supuesto así las pensamos.
Cuando subes un escalón que antes no estaba y ves un poco por encima de tu cuello te das cuenta de donde estás metido. Un mundo donde nada es de verdad, pero la verdad se vende como lo bueno.
Tan fácil es vivir como estar muerto y da lo mismo como estés tú. Todo segurá como hasta entonces.
Publicado en sus ojos, tatuado en su piel, grabado en sus labios. Esos niños sin red, más inteligentes y más peligrosos que cualquir ordenador. ¿Donde se les ha quedado el alma?
En un mundo donde el dolor es el único pan que echarse a la boca y donde la muerte se pudre por las aceras, estas cosas no tienen la mayor importancia. Son totalmente absurdas y superfluas, no cabe ni siquiera la posibilidad de plantearse el problema.
Pero el otro mundo, donde el más es siempre menos, donde lo que se pudre por las calles es la comida malgastada y donde la muerte se viste de rojo solo en las películas ... en este mundo si que tiene importancia. Es quizás lo más importante.
El humano es la especie paidomórfica por excelencia. Entre otras cosas porque hemos alargado la edad infantil demasiado. Somos niños con pelo en el pecho y con una piruleta que venía de regalo.
Antes de empezar a observar cabeza se va moldeando. Nuestra red se está formando. Punto a punto se va cosiendo para formar nuestra pena, nuestro llanto, nuestra alegría, nuestro gozo y hasta nuestros ojos.
Dependemos entonces de muchas cosas. No solo es el Sol, el agua o la lluvia. También son las personas que nos rodean y con las que pasamos el mayor tiempo. Las que nos besan, las que nos miman, las que nos abrazan, las que nos dan parte de su calor, las que nos hacen cosquillas o las que nos enseñan a reír. O las que no.
Un día sin avisar la red se congela. Se ha acabado el tiempo de meter o sacar cosas. Como te quedes es como estarás el resto de tus días. ¿De quien es la culpa? Ni tuya, ni mía ni del viento, ni tan siquiera del cielo. No es de nadie.
¿Cómo cambiar lo que el hielo ha atrapado? Es muy difícil. Es casi imposible. Muchas veces, la voz de la gente se defiende diciendo "soy así". Parece un argumento absolutamente estúpido, pero realmente sin haber cogido un libro, estas personas han dado en una clave científica. Porque son así y solo así y nada las podrá cambiar.
Hay veces donde la red tiene unos puntos puertes. Puntos cosidos mucho antes que las pestañas o las cejas. Puntos inamovibles y de los que se va tejiendo alrededor. Estos puntos son muy importantes. Suelen representar el odio, la ira, la rabia ... también el amor y el desasosiego, pero rara vez.
Tu forma de odiar siempre será así. Tu forma de reír siempre será así. No importa lo que intentes por contener a tus demonios o a tu bestia. Desde pequeño está ahí, detrás de ti constantemente, mezclándose con la negrura de tu sombra.
Puedes llorar, pero no esconderte. Puedes ponerte un calendario, pero al final sucumbirás. Es así. Tal y como nos lo han contado generación tras generación.
Superar a la educación es algo que hoy día está fuera de nuestro alcance. Es demasiado dificil destrozar de un día para otro la red. Son los cimientos que nos subtentan como personas y sin una preparación previa puede ser devastador dejarse caer al vacío.
Solo hay una manera. El dolor.
El dolor es el primer y más efectivo mecanimos de supervivencia individual. Gracias al dolor, hemos comprobado en nuestra propia piel lo que se puede o no se puede comer. Por donde es mejor caminar. Lo que es prudente no tocar. Gracias al dolor ha nacido el miedo. Y gracias al dolor hoy podemos cambiar.
A base de dolor es la única forma en la que nuestra mente cambia radicalmente. Nuestra cabeza tiene que sobrevivir como sea. Da igual la forma. Y si para eso tiene que reiniciarse lo hará.
Niños que han nadado toda su vida con el dolor, saben lo que es la verdadera inteligencia. Nos superar mucho más de lo que nosotros podríamos esperar. Son mucho más inteligentes que cualquiera de nosotros. El problema es que no tienen una calculadora a mano. No pueden demostrar su valía.
Nosotros sin embargo estamos sobreprotegidos. Premiamos a los tontos, y por supuesto si eres tonto y feo puntuas doble. Llevamos un cartel colgado de palacio con la palabra "anti-evolución"
Nos emociona mucho ver a un padre perder a su hijo. No sentimos nada ver al hijo degollar a sus padres. Somos así. Esa es nuestra red. Así lloramos, así sentimos, así vemos las cosas. Y por supuesto así las pensamos.
Cuando subes un escalón que antes no estaba y ves un poco por encima de tu cuello te das cuenta de donde estás metido. Un mundo donde nada es de verdad, pero la verdad se vende como lo bueno.
Tan fácil es vivir como estar muerto y da lo mismo como estés tú. Todo segurá como hasta entonces.
Publicado en sus ojos, tatuado en su piel, grabado en sus labios. Esos niños sin red, más inteligentes y más peligrosos que cualquir ordenador. ¿Donde se les ha quedado el alma?
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