16 de mayo de 2012

Un minuto antes.

El mundo ya no era mundo. El gobierno había quedado perdido a la deriva y las los únicos testigos estelares se iban apagando poco a poco.
La oscuridad se abría paso entre nubes polvorientas con sabor a pólvora. El viento viajaba solitario arrastrando la podredumbre que acumulaba en el suelo. Las mareas negras resurgían furiosas sin nada que destruir. El silencio era callado por truenos y relámpagos imperiosos.
Mientras tanto el diminuto punto azul seguía girando. Giraba y giraba, como las torcidas agujas de su reloj invertido. Nadie escuchaba el tremendo ruido provocado por el dolor del parto.
Pasaron los años, dejando camino a los siglos y esquivando los milenios. Una luz en el horizonte se encendió. Un rayo de Sol radiante chocó con la Tierra fulminando ya toda esperanza. Era el primer día de la historia. El día más brillante y luminoso que se pueda imaginar. Pero a la vez, fue catastrófico. Un infierno que no descansaba, un día que no dejaba de arder y no veía el fin. La arena era pasto de las llamas y hasta la lluvia caía ardiendo. Las piedras no pudieron soportar el sufrimiento y se agrietaron gritando amargura. Bocas hambrientas escupían humo negro que oscurecía la ladera. El suelo se resquebrajó y la tierra empezó a sangrar su sabia ardiente. Pedazos de universo caían en medio de la nada y se fundían con la madre tierra.
El reloj seguía sin pararse a preguntar donde cuando ni porqué. Cada "tick" era una eternidad. Cada "tak" un milenio infinito. Giraba sin marcar número, horas o segundos. Pero no importaba que no marcasen rumbo. Lo único que importaba es que giraban y que el tiempo avanzaba sin mirar atrás.
No había maldad tirada por el suelo. No había poesía escrita en papel. No había amor confinado en corazones rotos. Ni pena ni tristeza, ni alevosía ni desdén, ni amargura ni muchedumbre.
Todo era nada. El nada lo era todo.
Ciclos de destrucción que no llegaban a despedirse antes de sucumbir en nueva creación.
Uno de esos días, en los cuales nadie llevaba la cuenta algo extraordinario ocurrió. Una cadena de vida iba bailando sin rumbo, perdida por los mares oscuros. Se dejaba llevar por el destino. Destino que la llevo a encontrarse con un desdichado ser sin padre ni madre. Fue amor a primera vista. Nada más verse se fundieron en un beso eterno.
El tiempo se paró. El mundo empezó a volverse de color. Partiendo de su unión el cielo se hizo azul y se bañó de nubes blancas. El mar destiló su negrura y se pintó de fondos verdes. La arena pintaba huellas de extraños que huían del Sol vengativo. LA tierra cicatrizaba poco a poco sus heridas.
El amor colonizó el destino. La maldad hizo acto de presencia, y la supervivencia empezó a huír.
Las agujas del reloj se pararon y fue entonces y solo entonces, en ese preciso momento, donde la vida pintó su primer amanecer. Con ella los números del reloj se hicieron legibles, y nuestro tiempo empezó su ritmo imparable. Un minuto antes no había nadie para verlo. Un minuto después somos cientos los que miramos atónitos. Nadie nunca se ha atrevido a parar el reloj de nuevo. Ni siquiera la Luna, ni siquiera el Sol.

2 de mayo de 2012

Jamón serrano.

Erase una vez un mundo azul y verde. Un mundo iluminado por un Sol siempre resplandeciente y oscurecido por una Luna huidiza. En él vivían seres muy muy muy pequeños. Estos seres se revelaron contra su Dios y aprendieron a hablar. Hablando entre ellos se empezaron a organizar. Llamaron a todo lo que era más pequeño que ellos microscópico, y a todo lo que era más grande que ellos macroscópico. Se pusieron en el centro del universo y doblegaron el planeta sin piedad.
Pasaron los siglos ... Los colores empezaron a cambiar. Las noches ya no eran oscuras y el agua reflejaba un Sol opaco. La mentira nació una noche sin nombre, al lado de la desafortunada piedad.
Pasados los milenios todo se organizó perfectamente y se llegó a una sociedad absolutamente perfecta y con todo absolutamente calculado. Las entradas, las salidas, los precios, las medidas ... Estos seres que se autoproclamaban "personas" aprendieron a escribir. Nació así la memoria, y con ella la corrección de errores.
Ya no necesitaban ser perfectos, ahora solo tenían que mirar atrás y no cometer los mismos errores.
Poco a poco los palos pasaron a ser piedras y las piedras barras de hierro. El hierro cogió forma y se hicieron armas cargadas de pólvora. La pólvora guiada por una mano humana atravesaba carne de sus iguales. Pero no la suficiente, por lo que se inventaron bombas de destrucción masiva.
Así siguió girando el mundo. Solitario y rodeado del infinito del espacio, sin llamar la atención y sin perturbar el resto del cosmos.
Un ser antiguo de ojos verdes y zapatos puntiagudos se paseaba por la estela de Marte, intentando coger algo de moreno para el verano inminente. Al girar a la derecha se le helaron las venas de sus antenas falciformes. Hubiese deseado tener lágrimas que llorasen la pena que sentía. Hubiese pagado, o al menos alquilado un corazón para intentar sufrir aquel momento de la forma más austera posible.
Se acercó a cotillear, una noche con nombre y apellidos: 2 de mayo de 2012.
Tras un breve reconocimiento, entendió las nuevas reglas del mundo. Todos los seres verdes se les llamaba "plantas" y se usaban a voluntad para adornar, alimentarse e incluso destruir sin remordimiento. En unos extraños sitios con olor a alcohol y cerveza amarga se vendían cajetillas raras con un cartel de "muerte" pero lo más raro era que se aislaba a las personas que chupaban con ansia esos bengalas incandescentes, en la calle o en casetas de plástico. Había lugares por toda la ciudad donde un hombre ensangrentado permitía que su madre llorase a sus pies. La gente se arrodillaba y susurraba con sentimiento ante ellos. También encontró animales atados con correas de cuero y a los que se les regañaba si intentaba hacer caca. Un sin fin de situaciones que el ser extraño no era capaz de comprender ...
Decidió instalarse unos meses e intentar comprender el nuevo mundo.
Después de cinco días en un tal Madrid, se dio por enterado y decidió que era el momento de irse de allí. Definitivamente estaba todo perdido y lo mejor era huir de allí. No obstante antes de irse quiso pasarse por un barrio. Un barrio "rico"  que había oído decir en la esquina de un tal Mcdonald's. Esa tarde fue a dar una vuelta por el barrio serrano.
Sus mente no daba crédito. Todo era totalmente distinto ... No había contenedores de basura, posiblemente la gente de esa zona no hacía caca. Las tiendas de ropa solo mostraban dos prendas, mientras que las del resto de la ciudad estaban abarrotadas. El suelo lucía limpio y sin tan siquiera una migaja de pan, no obstante no había personas con trajes fluorescentes limpiando ... seguro que cada persona llevaba un nomo detrás que limpiaba la huella de sus zapatos. La gente que el visitante precoz se encontraba olía de forma muy rara. Pisaban sobre suelas hechas con piel de animales rasgadas a la fuerza. Camisas de telas detalladamente bordadas. Peinados anti-gravedad y duros como una piedra adornaban su cabeza. Esa gente debía de ser completamente diferente.
Abrumado e intentando entender, el habitante de ningún sitio se metió en esos lugares pestilentes que parecían ser alegres. Se acercó a la máquina de bengalas esperando unas palabras amables. "Su tabaco, gracias" Se quedó satisfecho con el gracias y se sentó en un taburete aterciopelado.
Le llamó mucho la atención, que esa gente, a pesar de vivir en la calle serrano, no comía jamón serrano. Solo comían jamón ibérico de pata negra.

Los infieles.

Pintamos sonrisas donde no las hay. Escribimos poesía donde solamente puede existir rima. No nos quedamos más de una noche en los mismos brazos, para evitar que el calor se quede rondando nuestra espalda. Mentimos para ocultar una verdad que todos saben. Reprochamos al resto del mundo nuestro propio pecado, creyendo que todos son igual de perversos que nosotros. No nos importa el día, la época del año o el momento del ciclo vital, si lo queremos, lo cogemos.
 No atendemos a escusas. No sabemos donde se deja el paraguas después de un día de tormenta. Nuestros ojos han aprendido a llorar con lágrimas secas. Nuestros labios dejan escapar susurros a oídos ingenuos, pero además besan mejor que una rosa de invierno. El cabello que nos cuelga invita constantemente al desenfreno. Nuestro aliento siempre desemboca en un mar de lágrimas. Nuestra piel de terciopelo acaricia como la mejor alfombra de Channel. El moreno de nuestras manos no para de buscar mejillas sonrojadas ante nuestra presencia. Nuestros ojos tatúan un reflejo invertido de nuestro corazón.
Nuestra alma está encerrada en lo más profundo de nuestro corazón. No dejamos que nadie la toque. Nadie tiene la llave de la cerradura ya oxidada. Solo puedes creerte lo que contemos de ella.
Nunca decimos nuestro nombre. Ni el nombre de quien nos espera en casa. Ni el nombre de las vidas que hemos brindado. Solo puedes imaginarte quien somos. Solo puedes esbozar pedazos de nuestro ser.
No puedes saber donde vivimos. Está prohibido preguntar por nuestro trabajo. Jamás curiosees en nuestro pasado. Olvídate de entender nuestras palabras indiscretas. Solo imagina lo que nuestros latidos van dibujando sobre tu pecho.
Somos los infieles. Aquellos que derriten tu corazón y te hacen creer que te han entregado un pedacito de alma, para luego dejarte en la acera del videoclub "sin hacerte daño".
Para tratar con nosotros tienes que ser al menos tan despiadado como nosotros. No olvides un manual de instrucciones. Tienes que ganar muchísima experiencia en burdeles de mala muerte y de olor a secreción vaginal macerada.
No olvides nuestra única precaución. MANTENER ALEJADO DE NIÑOS MENORES DE 30 AÑOS.