22 de septiembre de 2014

Cero muertos.

- Hola.
- Hola. ¿Cómo estás?
- Yo  bien. ¿Y tú? ¿Te pasa algo conmigo?
- No me pasa nada.
- Am. No se.
- ...
- Es que como me has borrado del correo.
- Si.
- ¿Puedo preguntar por qué?
- Puedes preguntarlo.
- ¿Por qué?
- Realmente no me esperaba esa pregunta de ti. Creía que tu falta de empatía, y tus esfuerzos por no preocuparte por el resto de personas haría que jamás me la hicieras.  Y he de confesarte que me gusta que me la hagas. Me gusta que me des esta oportunidad para explicarme. Verás... No es nada personal el haberte borrado de mis contactos de mail.
Lo debía de haber hecho hace mucho tiempo. Pero no era capaz. Me frenaba el qué pensarías. El que creyeses que estaba cerrando una puerta entre nosotros. Me aterraba proclamarme como el malo de la relación. Pero poco a poco superé ese miedo. Y entendí que lo más importante en mi vida soy yo. Y que el protagonismo que abarcaste en su día dentro de mi debía llegar a su fin.
Fuiste una persona muy importante para mi. ¿Por qué? Realmente puedo negarlo una y otra vez. Pero la verdad es que me recordabas a él. Eras exactamente igual. Esa forma de mirarme. Esa forma de hablarme. Al reírte simplemente me matabas por dentro. Era inevitable quedar vendido frente a ti. Esas estúpidas pequeñas cosas que te hacían tremendamente magnético.
Hubiese firmado una muerte prematura a tu lado sin dudarlo. Pero mi mayor motivación era también mi condena al fracaso. Era de esperar que al inicio de una relación ambos debíamos estar en el mismo punto de salida. Sin embargo yo había salido a mitad de camino. Es decir... yo ya te tenía a ti un amor, un cariño, un afecto... desde el principio que realmente no te pertenecía a ti. Sino que aguardaba en mi corazón, y tú habías sabido abrir la habitación donde se ocultaba.
Es lógico que el holocausto llegaría. Mis ansias y tu sosiego solo fueron el inicio. Lo que vendría después sería peor. Lágrimas, desamor, desconsuelo... dolor.
Esta claro que no sentías lo que yo sentía. Y también está claro que no tenías ningún tipo de interés en mi. "Vamos a ir poco a poco"... me suena a una escusa muy barata, que es de esperar no convenza a un niño ansioso delante de una tarta de nata y nueces. Una justificación que intenta no hacerme daño. Suavizarme la noticia real: no te gusto.
Con nuestras palabras de despedida me quedó claro que estarías dispuesto a conformarte conmigo pasado un tiempo. Y a la misma vez me quedó claro que eres lo suficientemente ingenuo para pensar que unas dosis diarias de realidad me harían menos daño que toda de golpe.
Te eché de menos después de eso. Te recordé a minuto. Te lloré. Te sentí. Te esperé. Seguí esperando... cada día te miraba no verme. Cada día te veía en silencio hablarme. Cada día recordaba que tú no te estarías acordando de mi en absoluto. Cada día pasaba y pensaba...
Cometí el error de quererte un poco más que a mi. Creía que mi sentimiento era irreal. Pensaba "no es posible, lo conozco desde hace tan poco tiempo que esto es una mera ilusión". Supongo que te idealicé. O idealicé lo que sería estar un tiempo junto a ti. Pero al mismo tiempo sabía que nunca funcionaría. Lo único de lo que sabía que no me equivocaba es que era una ilusión. Bonita. Pero ilusión. Una cosa que hacía mucho tiempo que no sentía por nadie. Dulce caramelo de ilusión bañado en esperanza, con un cremoso corazón de dolor.
Un día decidí superar mis miedos. Romper la posibilidad para así poder acabar con el deseo. Si te perdía al menos dejaría de estar esperándote. Pero la situación de esperar sin saber si algún día volverías me estaba matando. Calculaba a diario las probabilidades de tu regreso. Reacciones, sentimientos... intentaba averiguar los motivos. Los amargos porqués eran desquiciantes.
Sé que pensarás que tu pasabas de mí al igual que yo pasaba de ti. Tienes razón. Quizás no debí esperar sino levantarme e ir a buscarte. Lo que ocurre que fueron tantas veces las que te busqué que me daba la impresión que cada vez te estaba perdiendo más a causa de ello. Me sentía pesado, con deseo de manifestar mis sentimientos ante ti. Esperaba abrirte una pequeña brecha si veías que yo me abría en canal para ti. Pero eso no pasaba. Estabas inmutable.
Decidí elegir un culpable. Las opciones eran muy escasas. O tú o yo. Me otorgué el mérito. Convení ser yo el que terminare con la relación. Ya no me preocupaba que pensases mal de mí. Además se que en el fondo te quitaba a ti un peso de encima. Siendo yo el malo, tu conciencia podría alimentarse pensando "hemos terminado porque él ha querido, no porque haya sido yo".
También barajé la posibilidad de estar precipitándome. Nuevamente mis ansias de correr podrían estar echándolo todo por la borda. Quizás en un par de semanas, meses o años hubiese sido el momento, y hubiésemos podido retomar contacto desde cero.
No obstante, hasta la remota posibilidad de que eso no sucediese en un ya muy inmediato me atormentaba. Creo que peco de inmaduro en este caso.
En resumen. No te lo tomes como algo personal sino como lo que es. Un acto tremendamente egoísta. Una pasada de página necesaria para mi. El comienzo de un largo olvido. El punto final a una tormentosa posibilidad que amenazaba con volverme loco. Tu liberación de conciencia. Nuestro adiós.
No me arrepiento el haberme cruzado contigo en la vida. Creo que eres y serás una gran persona en tu trayectoria. Me has enseñado muchas cosas sin hacer nada realmente. Me has enseñado que puedo volver a sentir. Me has enseñado que la conexión directa al corazón existe. Me has enseñado a ser aún más selectivo con las personas. Me has ahorrado muchas "relaciones puente". Ahora se que cuando esté con una persona, será porque sentiré algo parecido a lo que sentí contigo al verte por primera vez. No pienso conformarme con menos. Porque me merezco enamorarme. Siendo o no correspondido.
- OK. Gracias por la info.