28 de octubre de 2011

Destino rebelado.

Era una chica genial. Tenía toda la vida por delante. Su cascarón acababa de ser roto. Su vida seguía en ascenso. Sin pausa, pero sin prisa. Dejó el lugar donde nació. Dejó las acuarelas con las que pintaba. Dejó a su gente. Se encontró con un sitio completamente distinto. Grande, enorme, nuevo. Era el momento de comerse el mundo. Era su momento.
Aprendió a decir "Por favor", se acostumbró a despedirse de los grande supermercados con un "gracias". Cada nuevo día era precisamente eso. Nuevo. Era abarcado con entusiasmo, con ganas, con alegría. Un día sin querer que fuese así, lo conoció a él. Un hombre que no cambió las cosas pero si que las modificó. Lo convirtió en su eje central, dio la espalda a quien no estaba de acuerdo con esa relación, dejó de tener amigos, ... Su amante lo era todo. Se enamoró sin darse cuenta. Todo continuó bien. Encontró su primer trabajo, estaba locamente enamorada en una relación que iba genial, y todos los días tenía la posibilidad de comer caliente bajo un techo. ¿Qué más se podía pedir?, ¿Qué podía salir mal? La respuesta a las dos preguntas era común. Nada.
Aunque era nada lo que podía modificarse, y aunque era nada lo que podía añadirse, ella quería más. No era suficiente. Era mejor tener más. Decidió hacerse unos arreglos. Estar más guapa. Agradar a la única persona de su alrededor a la que no agradaba. A ella misma.
Visitó a un Dios contemporáneo. Esta gente modifica las vidas. Las estira, las moldea, las arregla y las quitan por descuidos. Ella hizo uso de su consulta gratuita. Y se atrevió a hacerse un chequeo médico para poder dar una sorpresa a todos sus seres queridos. Para poder modificar su cuerpo y que todo el mundo la alabase. Al ir a recoger las pruebas la cara del Dios se torció. El gesto cambió. Algo iba mal.
Sin miedo ni pudor le reveló su destino. Se lo dio por escrito. No podía ser posible. ¿Porqué?, ¿Cuanto queda?, ¿Qué se puede hacer?, ¿Cuanto queda?, ¿Cuanto?,...
Preguntas sin respuesta. La enfermedad se había equivocado de cuerpo. No estaba donde correspondía, por lo que no había sido estudiada. Ese Dios no podía darle el milagro que ella esperaba, solo ofrecerle un poco de pan, para ir calmando el hambre, hasta el momento de la despedida.
Fue lo más duro a lo que se había enfrentado en su vida. No estaba preparada. Llegó a la casa donde hacía menos de unas horas había salido, ... y todo era distinto. Ha regresado con otro color. Ha llegado sabiendo la verdad. No era justo que lo supiese. No era justo.
Su corazón se congeló. Sus labios se helaron. Sus ojos se secaron. Cortó las cuerdas que las sostenían sobre el aire, y entonces empezó a caer por el abismo. Callando, para no molestar a los que ya estaban escalando.
Eligió andar sola para poder estar acompañada en otra vida. No era justo morir y verlos desde otro sitio a ellos llorar. No se merecían llorar. Me tenían que odiar. Se tenían que aferrar al odio. Así no me echarían de menos, sino que me odiarían sin más. No había vuelta atrás.
Dicen que las peores mentiras son aquellas que no se dicen. Ojalá alguien le hubiese mentido.