¿Cómo estás?La verdad es que no se muy cómo comenzar esta carta. Hace años que no escribo nada dirigido a nadie que no sea Dios. Empezaré por la escusa obvia. El formato de esta carta. Te sorprenderá que en los tiempos que corren hoy día escriba con lápiz y sobre papel de estraza. El motivo es que he olvidado cómo se tecleaba en un ordenador. Incluso cómo se encendía. El lugar en donde estoy no tenemos nada de eso. Espero sepas comprender mi huidiza caligrafía. Realmente espero que no hayas roto la carta nada más ver el remitente, ...
Me encuentro en el Monasterio "La octava enmienda" (o algo así), en el Norte de Roma. El resto de datos son relevantes. Mi vida en este lugar no tiene nada que ver con lo que recordarás de mi. ¡No!, no pienses que he cambiado mi forma de pensar. Sigo sin creer en Dios. Pero se me da muy bien disimularlo en este lugar. Aquí he conocido a hermanos que de verdad si que creen en Dios. Otros que no creen. Y otros que creen creer. Pero todos estamos subidos en el mismo caballo. Todos intentamos conocer la verdad desde un mismo punto de vista. Desde la palabra del señor, y desde el milagro de la creación. Aquí he podido ponerle nombre a mis sentimientos. A mi fe tan particular. A mis teorías. A mis conocimientos. Y sobre todo aquí he conseguido la paz. Esa paz que en el exterior es imposible de conseguir a mi parecer. La sociedad, ... la variabilidad, la tecnología, ... La vida se ha corrompido. La mentira es propulsada por el engaño. La decepción inundaba mi alma. No era capaz de integrarme en algo en lo que no creía, ... no podía seguir ese ritmo.
Por eso vine aquí hace quince años. No tardé en olvidar el día en el que entré. No tarde en olvidar porqué entré. Rápidamente fui uno más. Los días ya no eran un número. Las horas ya no eran un número. Cada momento era nuevo. Cada acción tenía su porqué. Ya no estaba por estar. Ya sabía cuál era mi misión. Servir a Dios. Cumplir su palabra cada uno de mis días. Ofrecerle mi alma. Él jamás de dejará.
Cada mañana me levanto a las siete de la mañana. Justo antes de que salga el Sol. La brisa de la mañana me despierta. Aquí está prohibido todo aparato electrónico, incluidos relojes. Disponemos de un reloj en la torre central, la más alta, que nos va avisando de las horas con fuertes campanazos. No obstante mi cuerpo ya está domado. No necesito ese reloj. Los próximos minutos del días los dedico a mi higiene personal, y las primeras oraciones de la mañana. Nada especial, tengo mis propias normas de oración. En vez de arrodillarme y juntar las manos, me asomo a la venta y veo el Sol salir. Doy gracias a Dios por esa nueva mañana. Pido a Dios que ese Sol ilumine a toda la gente que dejé atrás. Y que ese día sea próspero para todo aquel que sea iluminado con su gracia. A las ocho bajo al comedor. Normalmente el desayuno no es muy abundante, unas tortas de maíz, un poco de fruta, mantequilla, ... y por supuesto, vino. Esta gente cumple a raja tabla la palabra de Dios. Tanto que creo que lo aprovechan para andar todo el día comiendo pan y borrachos de vino. Yo me dedico a marear mi copa mientras escondo algo de pan debajo de la manga, para dárselo a Galgo, el perro de la puerta, ... ya ha aprendido cuál es mi ventana. Al contrario de lo que parece en películas y libros, esta gente no calla mientras come. Es la única época del día donde se permiten conversaciones animadas y se pueden tocar temas distintos a la religión. Cómo por ejemplo el tiempo, ... y poco más. A las nueve aproximadamente vamos al salón central. El regidor nos asigna cada día la que será nuestra tarea. Hay varias tareas, que normalmente se asignan al azar, o simplemente por preferencias conocidas por nosotros mismos. La cocina, el ganado, las tierras, ... Siempre intento que me toque la cocina o algo relacionado con la cocina. Hoy por ejemplo me he tirado el día haciendo bizcochos de limón. Al padre Lucas le encantan mis bizcochos. Normalmente siempre "prueba para ver si están buenos" nada más salir del horno. Me encanta ver un comedor lleno de unas cien personas comiendo mi bizcocho con zumo de higos. Es lo que más me llena de estar aquí. Formar parte de una cadena que une a Dios con la Tierra. Ser un eslabón imprescindible, al igual que todos y cada uno de nosotros. Si algún día alguno de nosotros está enfermo o indispuesto, se nota la ausencia, y tenemos que trabajar más duro. Tras el almuerzo, que normalmente, dependiendo de la época, suelen ser legumbres, pan y hortalizas, todos tenemos la tarea común de estudiar las santas escrituras. Leemos versos conjuntamente, sacamos la moraleja, resumimos, escribimos, corregimos, discutimos, rezamos, ... es como un referéndum. Eso no nos lleva más de cuatro o cinco horas, y no se hace todos los días. La mayoría de días se cuidan otros menesteres, ... ganado, cosechas, limpieza, encargo a cofradías adyacentes, ... Se necesita abono, materiales, aceite, ... que normalmente se obtiene en cambios con vecinos próximos. Por lo que también salimos a hacer esos intercambios. Aunque yo nunca los he hecho. También tenemos tiempo propio, en el que la mayoría utilizamos para rezar, terminar la tarea que habíamos empezado, o simplemente visitar en su cómoda a otros hermanos e intercambiar opiniones sobre lo que ha ocurrido el nuevo día. Algunos hermanos son aficionados al ajedrez.
La mayoría de esta gente es muy mayor. Muchas veces tengo curiosidad, ... es imposible que hayan nacido aquí, tienen que tener un pasado, tienen que tener recuerdos, ... tienen que conocer algo de música, tienen que haber tatareado una canción en alguna ocasión, ... Pero es imposible preguntarlo. Cualquier alusión al pasado, a situaciones que puedan resultar pecaminosas, a política, a economía, ... Esta mal vista. No se puede ahondar, nada más que la justa medida.
En una ocasión vino un visitante del exterior. Era americano. Frederick Thomson. Venía a proponernos dar la imagen publicitaria en nuestras cosechas de vinos, a cambio de una cuantiosa cantidad de dinero. El obispo lo rechazó, porque su empresa comercializaba con medicamentos anti stress, ¿Qué pintaba una botella de vino de un monasterio con unos fármacos al lado?, ¿Cómo sería el eslogan, "tómate una pastillita y mientras te relajas una copita de vino"? No se de donde sacamos los fondos económicos. Nunca he preguntado nada sobre la gestión de este sitio. Solo me dedico a hacer lo que me ordenan, y ordenar a los nuevos hermanos. He estado robando papel un par de días para escribirte esta carta. Pero no te preocupes, en mi confesión diaria lo he interpretado como "he roto, en una promesa que hice hace 30 años". Estoy seguro Dios ha comprendido el pecado al que me refería, y me ha perdonado. Espero tu también puedas hacerlo.
Hoy hace 30 años que prometí no molestarte. Juré que no sabrías nada de mi. Hoy incumplo esa promesa. Este trozo de papel cruzará medio mundo solo para llegar a tu metálico y frío buzón entre propagandas absurdas. Puede que ni siquiera vivas en la misma casa, o que no vivas en el mismo país.
No importa. Es un riesgo que conozco y con el que contaba desde el comienzo de esta carta. Te preguntarás, ¿Porqué ahora?, ¿Para qué? La respuesta es tan sencilla como que cada navidad nos permiten escribir una carta, la cual es revisada, doblada, y enviada a nuestros familiares directos, por el correo interno de la Iglesia. Llevo trece años malgastando mi oportunidad de escribir a mis seres queridos. En esta ocasión he querido aprovecharla. Porque el Sol brillaba esta mañana de forma diferente, ... y me ha recordado a ti.
Ahora mismo estoy intentando visualizarte leyendo esta carta con gesto de burla, de sorpresa, incluso con gesto de asco. Pero es imposible. No imagino tu cara después de 30 años. ¿Hacia donde habrán dominado tus arrugas?, ¿Tienes canas?, ... ¿Estás vivo?
Me temo que mi papel se está agotando. Siento no poder escribir más acerca de mis sentimientos en este lugar. En mi nuevo y permanente hogar. Estoy muy feliz de haber compartido un momento de mi vida contigo. Un momento que en este lugar está prohibido mencionar, ¡incluso recordar! No obstante mi rebeldía sigue estando ahí. Dios y yo tenemos un pacto que aún está en vigor. Yo no le pido nada que espere que cumpla, y él no se mete en mis sentimientos más íntimos. Que sabe que no puede cambiar.
Espero haber despertado algo de ilusión dentro de ti al leer esta carta. Siento haberte aburrido, ... Si hubiese tenido más espacio te contaría la receta secreta del hermano Rick de las tortas de yema. Son cielo bendito la verdad. Espero estés siendo feliz. Y que cada mañana despiertes dando gracias por esa felicidad.
Un cordial Saludo.
Francisco José Savolta Pérez
C/Orificio de la inteligencia nº3 piso: 4ºB
28025. Madrid