17 de noviembre de 2011

Mentirosa

¿Hay algo peor que la mentira? Esa niña rebelde, que nos convence una y otra vez de que es una buena chica, pero que cuando menos lo esperamos nos clava el puñal una vez más. Sabemos que está intentando mentir, tenemos todas las evidencias de ello, hemos tropezado más de una vez en esa piedra, ... pero aún así. La creemos. Confiamos en sus buenas intenciones y creemos que esta vez será diferente. Pero no. Nada cambia nunca. La mentira sigue siendo mentira, y sigue siendo decepcionante. ¿A quién echarle la culpa, a la mentira por mentir, o a nosotros por incrédulos nuevamente? Se lo ponemos demasiado fácil, ... Somos un blanco fácil.
Esa perra inconformista disfruta de lo lindo. Ríe mostrando los dos últimos dientes que llenan su vacía sonrisa. Se frota las manos. No ha terminado de regodearse de su victima, y ya está pensando en cuál será la siguiente. Se revuelca por el estiércol mientras se divierte. Sabe que no importa las veces que repita la jugada. Siempre habrá estúpidos que caigan. Una y otra vez, ... again and again. Sus tres películas favoritas son:

  • La mentira pura. Cuando conscientemente mientes en busca de tu beneficio, de tu orgullo, de tu satisfacción personal, ... Pueden ser mentiras menos penosas, "tengo 3 máster", o mentiras más malignas, "Sí. Yo lo vi. Lo vi todo." Esta variante suele considerarse como la forma real de la mentira. La forma más perversa y que reina sobre las otras. Es mala, ... pero no por eso la peor. Es la más clara, la más real, la que si pecas, ... sabes que debes esperar tu castigo.
  • La mentira silenciosa. Cuando no se dice la verdad. Cuando te callas y esperas que las cosas fluyan ante tu atenta mirada, y no se te ocurre decir que las cosas van mal desde hace tiempo, ... esperas que todo pase. Esperas que todo se destruya. No abonas esperanzas, pero las ves crecer en los demás y no eres capaz de podarlas. No invocas a la mentira directamente. Pero tampoco la callas con la verdad. Por consiguiente, estás mintiendo. Hay ocasiones donde es necesario gritar la verdad, ... un silencio puede interpretarse como un acto malintencionado.
  • La mentira impregnada de verdad. Cuando interpretas tu verdad como LA verdad, y por consiguiente la defiendes a muerte, aún corriendo el riesgo de mentir en el trayecto. Cuando estás seguro de algo, y no eres consciente de que no es tal y como tu estás 100% seguro de que es. Ahí mientes. Aunque no lo sabes. Pero mientes. Entras en el saco de los pecadores igualmente. Porque la ignorancia no es la escusa, simplemente es el defecto.
  • La mentira conformista. La peor de todas. Esa que nos repetimos una y otra vez en tres idiomas distintos, a fin de intentar creerla. Esa que sabemos que es mentira. Pero esperamos que la fuerza de nuestra fe la convierta en verdad. O al menos eso deseamos. Esta mentira no suele traer nada más que decepción y frustración a uno mismo. Pero lo peor viene después. Cuando decides sobrepasar barreras, y alimentar los oídos ajenos con mentiras alentadoras. Dices lo que los demás quieren oír. Dices lo que demás necesitan oír. Complaces a los demás. Les mientes. ¡Mentirosa!
Ella, como buena mentirosa domina estos tipos básicos de mentira. No deja que nada se le escape. Primero te seduce, te engaña sin palabras. Te hace entender que quiere tener algo contigo, que le gustas. Que te desea tanto como tú la deseas a ella. No te dice "quiero comerte todo lo negro" pero te lo deja entender, ...
Después de que el hielo está roto empieza un romance. Es necesario sacar la artillería pesada. La mentira pura baila entre su lengua. "Te quiero", ... "Eres mi vida entera". Esas palabras bailan en tu corazón, apartan tus sentimientos y se asientan en tu alma. El cuerpo las detecta como antígenos, las detecta como mentiras, y te avisan de ello. Pero los ignoras. Prefieres creerte la mentira. El cáncer se extiende, ...
Una vez que has sido infectado ya no hay vuelta atrás. Ahora perteneces a ella. Te has convertido en un engañado. Y en un mentiroso. Empiezas a mentir. Te mientes a ti mismo, intentando convencerte de que alguien tan "bueno" como ella, en verdad sí  que ha podido fijarse en alguien tan "malo" como tu. Te repites "me quiere, en verdad me quiere". Tus amigos intentan aconsejarte porque te ven caer en un hoyo demasiado hondo. Pero es demasiado tarde. Los ahuyentas defendiendo tu verdad. Les mientes, diciendo "ella si me quiere, vosotros no sabéis nada". Porque en verdad lo crees. Eres incapaz de ver la verdad. No quieres hacerlo. Ella mientras ve el panorama se calla. Y disfruta viendo como su semilla del mal ha crecido y te ha infectado el alma. De vez en cuando riega su jardín oscuro. Para motivarte, ... "soy algo insegura, ... me da miedo que me dejes por otra mejor que yo, ..." Cada vez estás más demacrado y ciego. Tu mundo se reduce a su mentira. Empiezas a creerte que es tu mentira, y no su mentira. Te conviertes en protagonista de tu propia desgracia. Donde antes estabais vosotros, ... ya solo quedas tu.
Finalmente, cuando eres un juguete demasiado estropeado y se ha aburrido de ti, se acerca a ti. Antes de las seis de la tarde. Te recoge el mechón de pelo que descuelga y te lo coloca detrás de la oreja. Aprovecha para aparcar su mano detrás de su nuca. Hace una ligera presión el punto exacto para llamar tu atención y que te inclines. Esquiva el beso que planeabas darle. Ella te dijo que los besos significaban mucho para ella, ... al igual que te dijo esa misma mañana que te quería. Acerca sus labios de color rojo carmesí a tu cuello. Y por primera vez desde que la conoces, comienza a susurrar la primera verdad. "No te quiero"