23 de noviembre de 2011

La perfecta.

¿Quién es perfecto?. Perdón, la pregunta es ¿Existe la perfección?. Es una concepto tan absurdo, estúpido, inalcanzable, y dos o tres adjetivos más que no se escribir, que no merece la pena ni usarlo en nuestro lenguaje cotidiano. Todo es imperfecto. Todo tiene un margen de error más o menos significativo y que conlleva más o menos índice de fracaso. Pero lo que más te hace fracasar es intentar ser perfecta. ¿Te has dado cuenta que siempre crees que los cuerpos de televisión son perfectos?, ¿Porqué nunca el tuyo? Eres envidiosa, y quieres lo único que no tienes. Cuando te hablan de una vida en la costa y sin coches, siempre piensas "la vida perfecta, ... la quiero", ... Pero si a un costero le resumes tu vida, pensará de igual manera. ¿Qué curioso no? La perfección reside en los demás y nunca en nosotros.
Las características de la perfección son esas precisamente. ¡Inalcanzable! Y lo sabemos. He ahí el morbo de la cuestión. Perseguir algo que sabes que jamás pillarás te hace seguir corriendo ¿no?, y cuando el objetivo es correr y correr sin parar, ... Es un buen aliciente.
El problema está en cuanto la rozamos con los dedos y creemos que la podemos abrazar. Entonces se nos olvida la norma. Y nos ilusionamos creyendo que podremos hacer eso que nunca, nadie, jamás, ha podido conseguir previamente a nosotros. ¿En qué culmina ilusionarse? Exactamente. En desilusionarse. Es algo que suele ocurrir con muy alta frecuencia. Esperar que algo ocurra es frustrante mientras esperas, pero si además cuando llega, no es lo que esperabas, ... Peor.
Subes al escenario, con las ojeras bien maquilladas. Explicas durante 15 minutos lo que nadie está escuchando pero todos están mirando. Te peinas al terminar tu brillante exposición digna de catedráticos superiores. Y vuelves a tu sitio con gesto de "ufff que mal me ha salido" pero en tu interior estás saltando de alegría y pensando "Espero sacar un 9,75, porque con tanto 10 se va a notar el canteo". No quieres hacerlo, pero miras a tus compañeros por encima del hombro. Piensas "¿Este?, que no ha asomado ni una vez en todo el curso, ..." Recoges en una espuerta todo el odio que pueden albergar tus mofletes, para luego escupirlo a las espaldas del ingenuo al que previamente sonreíste.
Todo acaba, se cierra el telón. Vienen las valoraciones. ¡Sorpresa! El juez ha sacado la guadaña. Llega el momento de que rueden las cabezas. Pero antes, ... destruyamos el alma de las desprotegidas. Bajo todo pronóstico, tu cabeza ha rodado. Y la de la gentucilla ha relucido. Jaque mate.
No mereciste tinta en su día. Pero si que la mereces ahora. No puedes ser perfecta, no debes intentarlo cada mañana frente al espejo. Sé realista. Que no te engañen. Eres inteligente, esa es tu virtud. No sabes que lo eres, ese es tu defecto. Ten personalidad y entiende donde estás, y cómo estás. Moldea tus virtudes para que sobresalten más que tus defectos, pero que no se pierdan tus defectos, ... los necesitas para triunfar. Que nadie tuerza tus rodillas. Y mucho menos haga brotar tus lágrimas. No eres una mala nena. Pero debes ser menos, ... ¿Perfecta? Aprende a que nadie espera nada de ti excepto lo que tu les ofreces. Si vas con escaparate de perfección, haces que los demás esperen que seas perfecta. Sientes como lo esperan. Y entonces te agobia defraudarlos si sacas a relucir tu imperfección. Entonces te tropiezas en la piedra universal, esa que no importa lo grande quesea, todo el mundo se tropieza. Entonces te sientes mal. Has decepcionado y desilusionado a todo el mundo. No eres como ellos esperaban que fueses. Pero se te olvidará. Todo se olvida, hasta el primer día de clase.