Mi alma se ha perturbado. Formo parte de la maldad que mueve este mundo. He incumplido las normas y no tengo perdón ni posibilidad de absolución. He pecado y ha sido solo mi culpa, mi culpa y mi gran culpa.
Vida ... ¿por qué? No tengo perdón por existir. No soy digno de rogar perdón. No existe hoy para mi.
Si no puedo vivir sin ti no quiero vivir. Si no puedo tocarte no quiero mis manos. Si ya no puedo sentir tu aliento, no necesito el aire. No me queda nada. El olvido es mi destino. Pero mi condena es no ser olvidado.
Tienes que marcharte. Tienes que alejarte de mi antes de que sea demasiado tarde. Las hojas caerán y se amontonarán en mi jardín. Cada día sin verte serán años en mi alma. La eternidad sufriendo es demasiado dolor.
Antes de irte definitivamente solo te pido una cosa. Si un día me has apreciado, o si un día has creído formar parte de mi no me lo puedes negar. Una última petición para empezar mi infierno sin ti.
Desgarra mi carne sin piedad. Ábreme en canal y saca todo lo que me queda dentro.
Sácame el corazón, y con él todo el amor acumulado. Todas mis penas y mis alegrías, todo el dolor que se esparce en él. Cada palabra escrita por ti, cada segundo que preferí morir y cada melodía que bailaba junto a ti. Llévate todo eso. No temas por el dolor, lo soportaré con valentía.
Arráncame los ojos de cuajo. Con ellos cada lágrima derramada. Cada mirada que buscaba tus labios. Cada reflejo de sol que despertaba en mi, la esperanza. Toda mi vida confinada en mis dos espejos. Te los regalo, ya no los quiero.
Quítame el alma también. Está justo debajo del corazón, escondida en una pequeña arteria. No tiene perdida, la reconocerás en seguida. Es esa de color púrpura siempre sonriente. Esa que al verte intentará engañarse para quedarse. Esa más bella que el segundo donde la luna le da el relevo al Sol. Esa con forma de ola rompiéndose en las rocas del acantilado. Esa de ojitos azules.
Cuando la localices sácala y enciérrala en un cofre de plata. No la escuches, intentará cualquier cosa para quedarse. Destiérrala lo más lejos posible de mi. Intentará volver.
Ya solo te queda una ardua tarea. Y es coserme. Cóseme hueco. No quiero tener nada dentro. No quiero sentir, no quiero mirar, no quiero pensar, no quiero escuchar. Quiero estar vacío de dolor, de sentimientos. Sin culpa y sin destino, sin piel y sin camino.
Vacío para siempre, con ninguna otra condena más allá que vivir sin ti. Con la única pena de saber que un día tuve la capacidad de amar, pero que hoy ya solo soy capaz de vivir. Un pedazo de carne inerte que espera que su costura cicatrice.
