Mi vida escrita en prosa. Metáforas difusas que invitan al engaño emocional. Mi penas gritadas en un estrado. Mi amargura sufrida en una plaza. Agonía acumulada en un corazón negro. Mi rabia sudada en una escalera. Todo lo hecho y por hacer por los siglos de los siglos, sin que nunca llegue el "amén".
¿Y tú que haces mientras tanto?
Nada. Ni siquiera intentas disimular un poco de atención. Ni siquiera me miras de reojo inventando humildad. Impoluto ante el mundo esperando días de gloria. El silencio separa nuestras caras y el miedo irrumpe en mi espalda.
Tu indiferencia es la mayor de mis torturas, hace que me crujan las vértebras y se me irrite la planta de los pies. Es el mal que enferma mi alma. Mi veneno, que me está haciendo morir poco a poco cada vez que te bebo.
Me miento cada noche pensando que a la mañana siguiente todo será diferente. Me invento un nuevo patrón donde yo soy tu protagonista y donde me cuidas cada día. Me mimas, me callas con un beso sincero, me traes una rosa blanca y me susurras que todo irá bien. Mentiras que me dejan dormir esa noche, pero que tornan de color a la mañana siguiente. Cuando veo que todo es como siempre, cuando veo que nada a cambiado, cuando veo que sigo rogando por tu atención ... Pero no veo tu mirada.
Hoy lo he entendido. Ya no puedo seguir rezando en silencio. Tengo que coger mi maleta y marcharme para no volver. No merece la pena dejar mi vida pegada en estas paredes. Siempre has sido así, siempre serás así y jamás llegará el día donde cambies. No puedo rogar al mar que me devuelva tus lágrimas por mi. No puedo pedirle al espejo que me alague con un piropo tuyo al oído. No puedo buscar en el horno la cena de ayer. No puedo continuar con mi mundo azul y gris. No puedo seguir en el mismo techo. Ni siquiera en el mismo espacio. Te dejo para siempre, no dudes ni un segundo que me desgarra el alma irme. Pero no tengo otra opción.
Pasados los años te sigo echando de menos. Pero ya da igual. Porque el sentimiento de echarte de menos es menos pesado para mi corazón que el echo de tenerte y no poder ver tu cara junto a mi cara. Tu recuerdo se va perdiendo en mi mente perturbada. Pero mi corazón aún no te ha olvidado. Sigue latiendo cada vez que escucha tu nombre. Sigue buscando otra de tus mentiras. Quiere que le digas que le quieres, como un niño chico que quiere que le digan lo bien que ha echo un castillo de arena. Mi piel ... nunca ha vuelto a ser piel desde que no estás. También sufre por tu ausencia.
Ahora mi vida no ha cambiado demasiado. Sigo buscando un sueño que jamás cumpliré. Sigo mendigando atención. Busco amigos en burdeles, pero fracaso, así como el vegetariano que entra a una carnicería y sale decepcionado. Sigo guardando mis pocas monedas debajo de la tercera suela. Sigo mintiendo al mundo mientras intento engañar mi alma.
Hablo cada noche con las estrellas y miro cada mañana a una luna deslumbrada. No estoy solo. Pero el silencio hace demasiado ruido dentro de mi.
Estoy cansado de gritar mi vida a oídos ocupados con tonterías. Cansado de inventar poemas que nadie disfrutará jamás. Saltando sin una cuerda que se balancee. Cantando sin micrófono. Mi voz es solo silencio. Silencio que se pudre en la oscuridad de una ciudad solitaria.
Así como un día abrí mis venas por amor, hoy las cierro con rencor. No manifestaré jamás mi silencio. Acotaré mi alma destinándola al olvido. Pensaré una mejor opción mientras me ahogo en agonía.
Mientras tanto tu sigue haciendo lo que has hecho hasta ahora. Nunca te ha fallado. Así sobrevives. Así consigues ser feliz. Así eres, como de otra forma soy yo. Sigue sin escuchar el silbido del viento.
