Vestirán las calles cientos de cerezos en flor. La primavera ha decidido deslumbrar antes de tiempo, y las margaritas quieren hacer su agosto el día de San Valentín. Los coches se han cambiado por carruajes dorados, remolcados por caballos plateados. El metro es un bonito salón donde bailar tango con traje morado. La hierba una alfombra de seda aterciopelada. La lluvia miles de gotitas llorando la felicidad. El reflejo de tus pupilas, cristales negros que me enseñan lo bello que es vivir. Los girasoles le dan la espalda al Sol y nos siguen al vernos pasar. Nuestras sombras danzan a nuestras espaldas siguiendo la extraña sinfonía que describen los grillos tirados en la acera. La lluvia se extingue en un arcoiris celestial que hace florecer orquídeas de algodón con las que juegan niños de ojos verdes.El Sol de despide regalándonos los últimos bostezos de luz en forma de corazón, y el manto negro de la noche nos arropa mientras la dama blanca amanece. La luna nos acompaña a casa tan fiel como siempre, enfocando nuestro camino y escribiendo a pie de página los poemas que te susurro al oído. Cada paso viene marcada por el latido extresado de tu corazón. Tu brazo encuentra mi cintura y mi carita helada descansa en tu pecho firme. Mis manos deciden tantear tu rostro en busca de tu boca. Fijado el objetivo te regalo la sonrisa más bonita que mi alma es capaz de escribir en tus labios. La luna apaga la luz y deja en la intimidad el momento más dulce de la noche. Fundiendo tu carne con la mía te susurro al oído que no quiero llegar a casa. Tu sonrisa me canta que debemos llegar antes de la nueva madrugada. Terminamos el idilio, abrazados en el mundo eterno, mirándonos en la oscuridad y viéndonos la bella sonrisa jamás reflejada en un mar sin sal. Escribimos nuestros nombres en la arena de playa que adorna mi rellano, para que una ola se los lleve y los guarde en la eternidad del abismo.
La noche cambia de color para volverse del azul de mis sábanas de terciopelo. La oscuridad de la habitación se atenúa con el destello de tus ojos. Nos tumbamos muy juntitos, aprovechando el calor de tu piel con mi piel y fundiéndonos en besos de miel que jamás antes han sido escritos en papel. Tus brazos me rodean protegiéndome de cualquier mal del universo. Mis dedos juegan con tu pelo y tus labios suspiran a mis pestañas. Juramos amor eterno observando las estrellas del firmamento. Una estrella fugaz nos da la oportunidad de pedir un deseo. Me susurras al oído que no tienes nada que pedir. Que ese momento es el más bonito que nunca has podido imaginar. Yo te respondo con el silencio de mis labios callado con los tuyos.
Al final tanto deseo se funde en nuestro sueño sincero. Dormidos y abrazados, sin testigos, pasamos la noche más eterna que la vida nos ha regalado.
Un suspiro de sol que llega por mi ventana ilumina nuestro día con una bandada de palomas alrededor. Reflejos de la sonrisa del amanecer acarician nuestras mejillas despojandonos el primer bostezo de amor. Puntadas del frío invernal se cuelan por debajo de nuestras sábanas, escuchando las primeras confesiones tras mirar el reloj. La primera mirada tímida busca el cerrojo de tus labios. Pétalos de amapola llueven sobre nuestro nidito de amor. Violines acompañados de un piano de barrio, tocan sincronizados la balada escrita en abril. Escribimos nuestro amor en una postal. Sin sello y sin remitente la dejamos en el buzón.
Mi "adiós" se funde con tu "hasta luego". Mis ojos buscan tu boca. Tus manos regresan a mi cara de nuevo. Mi alma se asoma para regalarte el último beso con sabor a despedida.