Se me hiela el alma cada vez que la veo venir. Todos los días espera detrás de la puerta, por las mañanas siempre se levanta unos segundos antes que el despertador, me agarra las muñecas mientras escribo silencio en las paredes de mi cuarto, sale a la calle desnuda y va detrás mía, ocultándose detrás de los coches, siguiendo mis pasos de hielo, sigilosa como la luna, despiada como la noche.La melancolía siempre está ahí. La realidad siempre tiene nombre. Vivir sin vivir. Hacer por hacer. Volverse a caer una y otra vez.
¿Donde estás relojero? Creo que te has equivocado en algunas cosas. Esto no está bien planeado. Este dolor ... esta rabia ... esta envidia negra que se escapa por mis muelas ... Esto no debería ser así. Esto no puede formar parte de tu complejo plan. Nada estaba planeado, y si lo estaba, yo nunca me he apuntado a la lista. Prefiero morir. Déjame firmar.
El hielo inunda mi corazón, pero siempre hay grietas que se derriten y derraman mis lágrimas. Lágrimas que caen como el roció, rompiendo el silencio del perdón. Mi nostalgia, ni agonía, ni todo ... y mi nada al mismo tiempo. Lo que hoy es mucho mañana no es nada. Lo que aquí vale oro, allí no vale nada. Por lo que yo muero ... para otros no es más que un chiste sin gracia.
Escribir por escribir una y otra vez. Silencio infinito plasmado en el abismo chispeante. Arte contenido en una cabeza que se golpea todos los días contra la puerta, preguntándose porqué le ha tocado a ella ser tan inteligente, porqué le ha tocado a ella dirigir el mundo, porqué le ha tocado a ella desmenuzar el reloj ... Porqués que se pierden en la noche. La madrugada esquiva mis sábanas y se me cuela entre los dedos.
Lo peor no es que no quede nada por lo que luchar. Lo peor es darte cuenta de que nunca ha habido nada. Todos los días, uno tras otro, sin descanso, sin tregua, sin dormir, sin descansar, sin vivir ... Y venga preguntar, una y otra vez, y porqué y porqué y porqué ...
Pues por nada. Esa es la respuesta. El alquimista de la vida no quiso que supiésemos el porqué. El tiempo insaciable se ocupó personalmente de enterrar los pedacitos de alma que se perdían en el cielo gris. La luna sepultaba sus gritos y nada quedaba para los ojos del mago. Todo era muerte y destrucción.
¿Y qué? Pues y nada. Nada importa, nada es más, nada ha pasado. Muerte generalizada al creador y destrucción sin piedad para el salvador.
Escupiendo tonterías la vida parece pasar a escondidas. Pero mientras seamos recordados ... nunca moriremos.