Pero algo no iba bien. Algo daba vueltas en la cabeza de Bruno, como un caramelo olvidado en el bolsillo del pantalón que se gira en la lavadora.
Bruno tuvo que levantarse y repasar su plan una vez más. Pero esta vez por escrito. Subrayadores a todo color, letra de embajada y papel de calidad fueron las victimas que Bruno eligió. En un cuadro colocó todos y cada uno de sus objetivos más íntimos. Incluyendo, por supuesto, fechas, horarios, detalles ...
Todo era perfecto. Reflejadas las intenciones y demostradas las expectativas, ahora Bruno podría dormir en paz. Tras colgar su preciado trabajo en la nevera volvió a la cama y se dispuso, a esta vez si, dormir hasta que amaneciese.
No funcionó. Bruno volvió a la misma rutina de dar vueltas y vueltas. Entonces supo cual sería la solución definitiva.
Se levantó y abrió la tapa de su nuevo ordenador portátil. No eran horas adecuadas para estar delante de un ordenador, pero Bruno sabía que no importaba la hora o el día, su mejor amigo nunca le fallaba.
- Hola, caracola.
- Vaya, si que estás contento Bruno. ¿Sabes qué hora es?
- Claro que si. En mi casa también hay relojes. He venido a darte el beso de buenas noches.
- ¿Qué te pasa? Estás muy raro ...
- La verdad es que no lo se ... supongo que sigo con el mismo mecanismo de defensa ancestral de siempre.
- Que es ...
- Sonreír. Todo lo que puedo. A veces me duelen los pómulos de hacerlo. Sobre todo en esos eventos sociales donde no me lo paso tan tan bien ...
- Sonreír es bueno para un niño. Pero Bruno ya no es un niño. No está mal que estés serio de vez en cuando.
- ¿Y si quiero seguir siendo un niño?
- Demasiado tarde para reclamar ese derecho. Hace mucho que eres un hombre.
- A veces me gustaría seguir, aunque solo sea por una vez, mi plan original. Ser fiel mi mismo y no desear hacer mañana lo que ya, empezando por hoy, no estoy haciendo. Eso me frusta, me crea decepción conmigo mismo y a fin de cuentas ... desconfianza.
- Es normal. Caes en las piedras que tu mismo te vas colocando en el camino.
- Lo se. Creo que en el fondo lo hago más complicado para no aburrirme. A drede, ya me entiendes. Me ayuda a seguir.
- ¿Crees que mañana será diferente? ¿Que la semana que viene serás una persona nueva? ¿Que dentro de un mes, tu madre tendrá que pedirte el DNI para dejarte entrar a casa?
- No. Realmente creo que no. Nunca cambiaré, al menos haciendo las mismas cosas que hago hasta ahora.
- ¿Qué cosas haces Brunito?
- Nada.
- Algo harás ...
- Nada, tirando a algo. Pero nada a fin de cuentas. No mantengo demasiado tiempo nada vivo. Hasta el Aloe Vera se me ha muerto ... verás cuando se marchite y lo vea mi madre.
- ¿Tanto te importa lo que piense ella?
- No ... creo.
- ¿Por qué nunca abres esa puerta Bruno?
- Está prohibida. Ese tema sabes que no me gusta tocarlo.
- Lo se, no tienes que jurarmelo. Pero es algo que quizás te ayude.
- No tengo confianza con nadie como para eso. Ni siquiera contigo. Ya no.
- Es normal que no la tengas conmigo y menos a través de una pantalla. Pero ¿contigo mismo? Date un respiro.
- Creo que tienes razón. Pero no es el momento. Lo he intentado muchas veces, y ahora no es el momento. Es como el gran muro de Berlín. Puedo correr hacia él queriendo tirarlo y estamparme y caerme de culo. Después daré la vuelta y con la frente ensangrentada me iré escaldado. Mi fe crecerá a la vez que mi dolor irá desapareciendo. Pero cuando me plantee mi segundo asalto, se perfectamente que volveré a derramar sangre a cambio de unas chinajas del muro. Mi fe en tirarlo nunca morira, pero todo a su tiempo ...
- Sutíl metáfora la tuya, y más conociendote. ¿Qué piensas hacer?
- Sonreír. Hasta el límite. E intentar ser más realista. Salir de mi pompa.
- ¿Pompa?
- Si, ya sabes a lo que me refiero, mi circulo vicioso.
- Estoy de acuerdo contigo. Siempre terminas siendo tu propio enfermero y ...
- Y mi propia enfermedad. Lo se.
- Hablando de enfermedad ...
- Estoy bien. Mejor de lo que soy capaz de presumir.
- Quizás sea esa risoterapia tuya la que te esté ayudando.
- Es posible. Pero la verdad es que hace tiempo que estoy bastante bien. Exceptuando mis fantásticos excesos que hay que pagarlos claro está.
- ¿Cómo el de no dormir?
- Tan sutiles son mis metáforas como tu forma de echarme ...
- Te puedes quedar el tiempo que quieras, yo soy el que no duerme aquí. Tú todavía tienes que seguir haciendo ese tipo de costumbres. Son saludables.
- ¿Me das un abrazo?
- No tienes que pedirlo Bruno.
- Es que si no, no se como arrancar ...
- No es difícil. Abres los brazos, pones cara de mimo y esperas a que el otro se ponga receptivo ...
- Eres un tonto ¿lo sabías?
- Un tonto al que adoras.
- Un tonto al que quiero.
- Demasiado tarde para enamorarte de mi.
- Nunca me habría enamorado de tí antes. Eras horrible ...
- Creo que es hora de despedirse, estamos entrando en aguas pantanosas.
- Ya tengo los brazos abiertos, y la cara de perrito abandonado ...
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- Buenas noches Bruno.
- Buenas noches amigo.
