15 de septiembre de 2012

Fisura en la plata.

Esta noche como cada una de tus noches no puedo dormir. No me queda otra cosa que empezar a recordarte. Retomar la historia desde el principio hasta el final.
Recuerdo cada matiz, cada mirada, cada detalle insignificante, cada color, cada suspiro y por supuesto cada lágrima.
Esta noche, como cada noche que te desempolvo he empezado a levantarme la piel. Tira a tira he aguantado el dolor sin quejarme. Y todo porque de mis labios ya no eres dueño. Y todo porque mis ojos todavía te recuerdan. Y todo por no tener nada mejor que hacer que sufrirte.
Grabado te di mi amor en plata. Para que nunca lo perdieras. Para que siempre lo tuvieses contigo. Pero nada de mis palabras sinceras creíste.
Te apuntabas los aniversarios en el calendario, mientras yo me ocupaba de vivirlos. Reías con tus amigos mi desesperación mientras yo me ocupaba de llorarla.
¿De qué pedazo de carne me enamoré exactamente? ¿donde estuvo mi error garrafal? ¿Cómo es posible que algo a lo que yo quise sea capaz de hacer tanto daño?  Ni yo mismo soy capaz de entenderlo.
Fugas que salen de mi cabeza atormentada. Lágrimas que se escapan a mi control. Lamentos sin sentido escritos día a día con tu nombre cifrado en el reverso.
Y mi corazón que no se atreve a volver a latir. No quiere hacer ruido no te vayas a despertar de nuevo. No obstante de vez en cuando necesita vivir. Es entonces cuando el roce de tu piel escapa por una pequeña fisura de su comisura.
Has podido olvidar. Has podido volver a ser feliz. Has podido crecer sin mi. Pero no lo que nunca podrás dudar, amor, es que yo jamás te olvidaré ahí donde vaya.
En cada noche en vela pondré una nueva capa de tapizado a mi corazón. Poco a poco dejaré de escucharlo y tu cara se irá emborronando con mi olvido. Llegará el día donde tu nombre se quedará oxidado para mi. Hasta entonces no me queda otro remedio que sobrevivir con la lengua cosida a los labios.
Ni se te ocurra volver la cara por la acera. Se que eres incapaz de mirarme a lo ojos. Yo tampoco podría. Pero a mi me debes eso como mínimo. A mi no me vengas con explicaciones ni con recuerdos estúpidos. No me preguntes por el tiempo, la vida o la cicatriz en mi mejilla. No quieras saber de mi trabajo o de mis amigos. A mi me debes mucho más que eso.
¿Cómo pudiste dudar un día de lo que mis labios no te decían?
Puede que fuese incapaz de abrazarte con amor. A veces no te podía ni mirar a la cara. Otras veces solo podía repudiarte y odiarte. La mayoría de las veces me notabas obligado.
Pero que no se te olvide. Que no se te vaya de la mente ni por un momento. Que eras mucho más de lo que más quería en este mundo. Que mis formas no eran las formas, pero no dejaban de ser mis formas. Y que si hubiese hecho falta morir por ti, tres mis veces me hubiera abierto las venas.
Eso que dudaste, y que jamás creíste era la única verdad que he sido capaz de tejer.
Eso que te repito cada noche, pero que tú eres incapaz de escuchar.
Eso por lo que muero y moriré.
Eso por lo que cada latido me cuesta la vida.
Eso mismo, por lo que tú ya eres feliz.