Restos del silencio pegados en la pared. Las sobras de la felicidad escondidas en un marco sin foto. El amor descartado resbalando por un grifo oxidado. Y el exceso de sinceridad confinado en una cerradura sin llave.
Noches que no duermen a la luz de las estrellas. Días en vela esperando la salida del Sol. Gritos de silencio corriendo por mi interior.
Escrito está en mis labios el sufrimiento de mi alma. Impreso en mi piel el dolor de mi corazón. Reflejado en mis ojos la muerte de mi ser.
Ninguna mañana volverá a ser igual. Soy testigo mudo de los días que pasan y pasan, como gaviotas frente a la costa. El viento me silva palabras alentadoras que me invitan a reír. Me visto de fiesta para escuchar el susurro de las margaritas al campanillear. Canto a los árboles que crujen su edad orgullosos.
Un campaneo se mete por entre las grietas de mi corazón. Busca de mi para alojarse. Mis defensas están distraídas ... De repente sin aviso se funde con mi sangre. Un latido lo arrastra a través de mis venas, haciendo que lo sienta en todas las yemas de mis dedos, en cada poro de mi piel, en el perfil de mis labios. Un segundo latido lo arrastra hacia mis ojos.
Entonces empiezo a recordarte. Es nuestra canción, ¿la oyes? Yo no la oigo. Pero la siento aquí, muy dentro. El tintineo no parará, seguirá así hasta que rompa a llorar. Baila a mi alrededor tu fantasma arrastrando mi cabeza degollada. Como si fuese su premio. Como si hubiese alcanzado el triunfo.
Apenas me tengo en pie. Sufrir es lo único que me recuerda que sigo con vida. Confundido y apenas despierto busco a mi alredor algo que me de un último aliento.
Nada me convence. Todo es de color marchito. Está podrido. Apenas respiro por no molestar al silencio. Ni siquiera se me ocurre una forma mejor de pestañear. Estoy solo. Perdido en el infinito. Estoy en esa estrecha línea entre la amargura y la cruda realidad. No consigo salir. No se como hacerlo.
A lo lejos solo consigo recordar tu figura. Unas veces se ríe de mi situación y me mira con desprecio. Otras veces solo me ignora y mira hacia la nada. Pero lo peor de todo es en esas veces donde calla. Donde no dice palabras. Donde ni rie ni mira. Ni sabe, ni contesta. Donde no hace nada. Solo espera ahí quieta.
¿Qué espera? ¿Mi final?
Se que ya no puedo ir donde estás. Se que el olvido me ha atrapado y es imposible salir ileso. Sea como sea es un adiós que aún no quiere llegar. Estoy encerrado en esos segundos donde las lágrimas no han brotado. En ese instante donde la rabia aún no ha llegado todo lo dentro que podría. En ese preciso segundo donde estoy por estar y no termino de morir por falta de un motivo.
Elegante y sin temor esconderé mi carne bajo una mascara. Nadie sabrá el tiempo que llevo mueriendo. Nadie notará mi sufrimiento. Taparé mis ojos, sacrificando mi visión con tal de que nadie me vea mirar. Callaré para siempre en compensación con que jamás nadie me vuelva a escuchar. Apenas respirare. Lo justo para no morir.
¿Y mi corazón? Mi corazón quedará enterrado de por vida. No amaré con tal de no volver a sufrir. No habrá latidos ni suspiros a media noche. No habrá nada. Solo sangre que fluirá por canales marchitos.
Como un fantasma vagaré con las calles. El olvido me acompañará. El silencio será mi siervo. Disfrazado de arriba abajo llegará el momento en el que no sea yo. Llegárá el momento donde mi ser apenas se reconozca en el espejo. Entonces quizás olvide el motivo de mi pena.
¿Por qué vivir así? ¿No es mejor morir?
Así y solo así es como se hacerlo. Así y solo así soy feliz. Así y solo así te podré seguir recordando.
