Escribiendo en mi suave almohada, llegaste de madrugada y me rozaste la mejilla. Preguntaste qué tal el día. Un susurro y dos bostezos, mi mirada y tu sonrisa. Se me pasó el tonto enfado de anoche y de nuevo te volví a amar. Te quise tanto tiempo que hasta el Sol se cansó de esperar.
Luego cerramos la persiana y nos recostamos a descansar. Era fin de semana y lo de menos, ese día estaba de más. Tu pecho, mi barba y tu ombligo. Una tarde con el único abrigo que me regalaba tu piel. Solo tus brazos, con mis ganas y tu sosiego, todo pintaba del color de un vago atardecer.
El frío entró por la ventana. La imagen se difurcó como si un pincel mojado hubiese caído en nuestra estampa. Poco a poco tu olor se alejaba. Entendí que no fue más que otro sueño de madrugada.
Resignado volví a cerrar los ojos. Quería volver a tenerte entre mis brazos. Quería seguir soñando y no despertar jamás. Pero fue inútil. Abrazaqba la soledad de mi cama una vez más.
Si pudiera volver a escribir ese momento donde tus besos no eran pensados. Si pudiera recoger esa lágrima de despecho en una delicada botella de perfume. Si pudiera quitar esa pestaña de tus ojos, escuchar tu deseo, y volarla junto al viento. Si pudiera ... volver a nacer, no querría otra cosa que dejar de soñar para empezar a vivir.
Mis mañanas contigo, y mis noches sin ti son la peor tortura que la eternidad podría haber escogido para mi. Hubiese preferido mil veces arder en el fuego eterno que estar sin ti. Lo sabes bien. Ya me conoces.
Se me repite una y otra vez esa despedida sin adiós. Intento entenderla una y otra vez. Pero no hago nada más que fracasar y desembocar en más lágrimas sin sentido. Le pido justicia a la vida. Le ruego que sea lógica. Tanto sufrimiento no tiene sentido si ya he aprendido mi lección.
Pero calla. Solo calla y me deja morirme de nada. La más angustiosa y horrible de las muertes. Sin oficio ni beneficio, agradeciendo lo que es de todos y la vez no es de nadie.
Retorcerme recordándote le engorda. Se lucra con gritos que nadie escucha. Sabe que no tiene porqué ser justa. Yo no soy la excepción. Se niega a traerte conmigo de vuelta. Se niega a escucharme ni aunque solo sea un momento. Deja que mis argumentos, mil veces ensayados, se queden escritos en las paredes de mi cielo. Seguro que ha oído los mismos argumentos cientos de veces.
Mañana cenaré otra noche como esta. Con algo de suerte volveré a soñarte. Quizás sea el día en el que fuimos a Atapuerca. Quizás el viento me lleve a ese día donde hiciste un arroz horrible. O quizás simplemente cuando vimos esa estúpida película abrazados. Puede que sea el día donde estropeaste el coche y miraste al asiento de atrás con cara de circunstancias.
No me importa el momento. Volveré a estar contigo y sin ti al mismo tiempo. Cada mañana, al perderte, me consuela saber que volverás con cada Luna. Podré olerte, sentirte y abrazarte. Pero jamás tocarte.
Mientras tanto seguiré escribiendo el sueño de esta noche en la almohada. Para no olvidarlo al despertar. Para almacenar deseos, aún por llegar.
