11 de octubre de 2012

Lo impersonal.

Escucha sonrisas a sus espaldas. Mira un espejo opaco que nada tiene que ver con su mundo. Grita al silencio pidiendo escusas que nunca pecaron.
Ya no llora, ni tiene porqué planteárselo siquiera. Ahora es libre. Ahora no tiene que dar explicaciones.
Se despojó de toda dignidad, crítica, sensación, perturbación y desasosiego.  Ya no le queda nada excepto su mismo ser.
Es entonces cuando se dio cuenta de su destino vio su nuevo camino. De lo que verdad es y lo que ya no tiene porqué cambiar.
Alcanzó con la yema de sus dedos el éxito. A nivel personal es la mayor belleza que haya conocido jamás. Nunca había conocido a nadie como sí mismo.
Ahora no necesita el reconociento de los que sobran. Ni tan siquiera su amor. Mucho menos sus aplausos. Ahora solo necesita que os quiteis de enmedio. Tiene que pasar. Y la carne de burro normalmente no es transparente.
Apenas recuerda su pasado. Pero eso no quiere decir que lo haya olvidado. Son las bases de su vida. Sus orígenes y sus cimientos. Lo que hacen qu esté donde está. Lo que hacen que sea como es. Lo que ha hecho, que jamás se vuelvan a cometer los mismos errores. Ha fortalezido sus rodillas y sus codos. Le han moldeado la cara. Ha llenado sus grietas con todas y cada una de sus experiencias.
Buenos son los amigos que salen ahora hasta por debajo de la alfombra. Vienen queriendo compartir su fama. No dan nada a cambio. Solo un poco de atención. Atención que ellos no pusieron cuando más se necesitó. Pena dan, como pena dieron en su momento. Ratas apestosas que apenas rozan la suela de el tacón. Babean por más de lo que merecen. Escoria putrefacta.
Ahora es demasiado tarde. Se es independiente cuando no se necesita amor. Distinto es que se utilice. La supervivencia es complicada. Da muchas vueltas y a veces requiere de sacrificios específicos. Momentos donde pasearte sin ropa. Momentos donde subirte y ser aplaudido. Pero todo ello debe ir acompañado de la más absoluta impersonalidad. Chocolate con chocolate. Sangre con sangre. Nunca ambos mezclados.
Un corazón impermeable es un corazón fuerte. No deja entrar a nada ni a nadie. Pero su fortaleza es su debilidad. Hay que saber dejar lo que entrar, con la misma facilidad que hacerlo salir. Es la manera más efectiva de seguir erguido. De aguantar las corrientes de rabia. De no olvidar donde estás y para lo que estás.
Así es como se diseñó la supervivencia. Porque así es como sobrevive la fortaleza.
No se arrepiente de nada. Nada quiere y nada le falta. Es puro azar disuelto en la muchedumbre. Apenas repasa su papel en el mundo. Se lo sabe de memoria. Es la mejor actuación de toda su carrera.
Agradece cada gota de dolor que ha pasado por sus manos. Sabe que son la base de su triunfo. No lamenta ni una sola lágrima. Sabe perfectamente que han servido como baño a su alma. Sus cicatrices son su trofeo, ahora coleccionado en su corazón. Luce con orgullo sus logros, así como cuenta cada decepción.
Ahora ya solo queda andar hacia delante. Sin que nadie mire su cara al pasar. Ella siempre mandará en su vida. Porque ahora si que es libre. Ahora si que sabe como andar.
Porque de todo se aprende. Y de todo se sabe. De todo excepto de las cosas que no duelen.