Esta noche, antes de que el Sol se ponga te irás. No es necesario que lo digas. No es necesaria una despedida. Te marcharás por el mismo camino por el que llegaste un día de un 2000.Te llevarás mis esperanzas. Crearás tus nuevas ilusiones. No te lo cuestionarás. Ni tan siquiera sacudirás tus botas al salir.
Dejarás pedacitos de tu alma en mi almohada. Dejarás un plato sucio en tu lugar. Dejarás tu cumpleaños marcado en el calendario de este año. Dejarás tu corazón debajo de mi libreta, para que cada noche lo escuche antes de cerrar los ojos.
¿Qué voy a hacer con tu olor paseándose en mi rellano? ¿Qué se supone que voy a dibujar ahora si no es el perfil de tu barbilla mientras duermes? ¿En qué brazos me dormiré?
Perdido como una hoja que se le olvidó caer en otoño. Deambulando por las calles, preguntando al viento si te ha oído. Rogándole al cielo que me diga la dirección por la que te me escapaste. Buscando entre las gotas de lluvia tu estela. Esperando un suspiro de vida que sustituya la dosis de felicidad que me diste a probar en la yema de tus dedos.
¿Por qué te vas? No has cogido tus cosas. Has dejado la ropa sucia, y hasta un cigarro encendido debajo de la ventana. Dime el día en que pueda decir todas las cosas que quedaron por decir. Leerte todas las líneas que se dedicaron a describir mi amor por ti. Pasarte la cuenta de las lágrimas que se han derramado por tu ausencia.
¿Cómo debo recordarte? No se si podré evitar desearte buenas noches antes de irme a dormir. Seguir poniendo dos platos al mediodía. Dejar un hueco en mi armario. Comprar la mitad de la pizza sin queso. Comprar una rosa blanca las mañanas de enero.
No te has ido solo. Te llevas contigo la mitad de mi corazón. Mis esperanzas esperan en tu bolsillo. Mi olvido se queda en la punta de tu nariz. Mi lápiz de carbón en la suela de tus zapatos.
Mi cara encima de tu cara.
Esta mañana el Sol me regala un nuevo amanecer cargado de tu ausencia. Las margaritas sin pétalos dejan aclarada toda duda de "si" o "no". Tu olor ya forma parte de mi, y ahora no soy capaz nada más que de respirar el aire justo para vivir. La melancolía se escapa por la ventana. La dejé abierta por si acaso regresabas. Pero no. En su lugar se escapa el tiempo sin verte. El humo del último cigarro. El aire que no respiro por miedo a fallarte.
Con el paso de las horas el hielo de mi corazón se debilita. Resquebraja la barrera que forjaste en el último portazo. No me quedan lágrimas para despedirte. No me quedan recuerdos para recordarte. No me queda tiempo para seguir esperándote. No me quedan fuerzas para seguir sufriendo.
Mis ojos no miran sin antes observar la sombra de tu pasado. Sigo durmiendo en el lado derecho de la cama. Si alguna vez regresas no hagas ruido al entrar. Hablaremos por la mañana.
Mientras tanto, solo se me ocurre decirte Muxu bat ttiki, gabon.