21 de abril de 2012

La nariz de Bruno.

Bruno estaba paseando por el borde del río. Caminaba a buen paso porque aunque cuando salió hacía mucho Sol, el día se había tornado en su contra y unas gotitas empezaron a caer sin compasión dibujando lunares en la acera.
Bruno que normalmente llevaba sudadera con gorro, ese día llevaba sudadera. Pero sin gorro. Sus gafas empezaban a acumular gotas.
Bruno no tenía miedo al agua. Pero entonces recordó los acontecimientos de hace tres semanas atrás, cuando se resfrió gravemente a causa de una lluvia traicionera - como la de ese día - y le pilló paseando.
Entonces Bruno decidió que era el momento de retirarse con dignidad y aceleró el paso hacia su casa. Pasó por un mercado típico de la zona donde exhibían el producto fuera de la tienda. El dependiente se apresuraba en guardar las lechugas, tomates, zanahorias ... Entonces Bruno detectó un intenso olor a pescado fresco. Indagó con la mirada en el interior del mercado, pero comprobó que no ... no era posible que procediese de allí. En aquel lugar solo vendían frutas y verduras. Siguió caminando a buen paso con la curiosidad en la punta de la nariz, hasta que por fin, tras 5 minutos caminando encontró una pescadería de barrio con la puerta cerrada.
Bruno olfateo. Definitivamente el olor procedía de ahí. Bruno siguió caminando enorgullecido de la finura de su olfato. En estos momentos Bruno no pudo evitar recordar al Gigante de Hielo ...
- ¡Hola! - saludó Carlos algo forzado -.
- Hola Carlos ... ¿Qué tal?
- ¿Qué te pasa Bruno? Tu entusiasmo brilla por su ausencia ...
- Acabo de llegar a casa. Estaba paseando pero se ha puesto a llover.
- ¿Y?
- Que me he puesto a recordar a fantasmas del pasado ... de esos que ya deberían estar muertos.
- ¿A quién?
- El gigante de hielo ... su perfil pelirrojo, sus ojos entornados y su sonrisa mellada. Pero sobre todo su olor a chocolate. Lo echo de menos a veces.
- Es bueno que no olvides. Pero debes ser consciente que la vida sigue adelante.
- Ya lo se. Poco a poco estoy olvidando. Pero hay veces donde mi nariz no me deja. Puedo oler cosas a metros de distancia. Huelo mejor que veo. De pequeño sabía quien entraba en casa por el olor. Estando en el salón sabía quien se estaba duchando por el olor del gel que se colaba por debajo de la puerta. Antes creía que era normal. Pero ahora me siento como un bicho raro.
- ¿Porqué un bicho raro? No es malo tener ese "sexto sentido" nasal.
- Bicho raro porque cada objeto tiene su propio olor. Cada persona tiene su propio olor. Un olor que nunca cambiará, da igual las veces que se laven o los cosméticos que utilicen, nunca cambiarán. Y cuando ese hilo llega a mi nariz recuerdo todo lo he vivido con ellos. Y me crea nostalgia.
- ¿A qué huelo yo? Creo que soy bastante higiénico ...
- Nunca olvidaré tu olor. Hueles a bicarbonato mezclado con saliva. Aceite de oliva con aloe vera y un poco de jabón de Marsella. No me gusta tu olor ... pero es tuyo. De nadie más.
- ¿Y mi hermana? ¿Huele como yo?
- No. Es imposible. Tu hermana tiene un patrón parecido al tuyo pero no es igual. Tu hermana huele como las ramas de olvido secas justo antes de empezar a arder. Como a fuego sin humo.
- ¿Cómo está ella?
- No lo se Carlos. Las cosas no salieron como a mi me hubiesen gustado. Mi falta de autonomía, mi inexperiencia, la situación ... confié en las personas equivocadas. Y pagué mi decepción con tu hermana. No fueron las condiciones idóneas ...
- Sabes que no te tienes que escusar. Ella es fuerte. Estará bien.
- Hay veces donde me gustaría pedir disculpas. Pero si lo hago solo conseguiré remover más las aguas. Lo mejor es dejarlo todo como está ...
- Tienes razón Bruno. Déjala en paz. Su tormento morirá.
- Eso espero.
- ¿Y tu familia cómo está?
- Mi hermano ha encontrado trabajo. Sigue odiándome, pero al menos se que está bien. Eso me reconforta. No se nada de mi madre. Ella está en una nueva etapa de su vida ...
- ¿No quieres hablar de ellos?
- La verdad es que no. No sabría que decir de ellos.
- ¿De quien quieres hablar?
- Bueno ... hay una chica en el colegio...
- ¿Una chica? Me estoy perdiendo ...
- Si me dejases terminar te encontrarías.
- Lo siento señor. Si señor. Prosiga señor.
- No se su nombre. Ni siquiera he visto bien sus ojos. Pero su voz es celestial. Tiene una sonrisa preciosa. Su pelo baila por su frente. Realmente es muy dulce. Huele a nueces con margaritas.
- ¿Has terminado?
- No. Bueno, ... si.
- ¿Desde cuándo necesitas saber su nombre? Vamos a ponerle un mote.
- Todavía no se nada de ella. No puedo poner un mote a una desconocida.
- ¿Por qué te llama la atención? Hay muchas chicas como ella.
- Pero ella es distinta. Es mucho más pura de lo que yo mismo creo. Y ella se ha dado cuenta de mi astucia. Me mira con ojos de admiración ... como todas.
- Lo típico. Cariño que es solo cariño.
- No  es lo que me preocupa ahora mismo. Era solo un comentario.
- Ya lo se.
- Me voy a dormir Carlos.
- No es bueno que duermas tanto.
- ¿No vienes a dormir conmigo?
- Hoy no. Quieres estar solo.
- Dijiste que estarías aquí cuando te necesitara.
- Precisamente por eso. Hoy no me necesitas.