27 de abril de 2012

El "casi" de Bruno.

El despertador de Bruno fue puntual, como de costumbre. Comenzó a sonar a la hora indicada en el momento indicado. Ni un segundo más, ni un segundo menos. Bruno abrió los ojos con la típica pregunta que suele hacerse cuando no ha dormido lo suficiente ¿Tan pronto? Pero si ni siquiera ha pasado un momento desde que cerré los ojos ...
Apagó el despertador y encendió la luz para asegurarse de que no se dormía pasase lo que pasase. Como la mañana de antes había sido previsor, sabía que tenía unos minutos previos antes de abandonar por completo el calor de la cama. Quería estar un poco más ahí, sin moverse. Muy quietecito y acurrucado, mientras el mundo no se percataba de su presencia.
Pasados sus minutos de regalo Bruno se levantó. No quería llegar tarde al gran evento. Se vistió y hasta tuvo tiempo de dejar la cama hecha. Salió de casa ligero de equipaje y esperando abordar su gran momento con su mejor sonrisa.

- ¿Hola? ¿Qué se supone que haces TÚ aquí a esta hora, HOY? - preguntó Carlos asombrado.
- Ni me lo menciones ... he llegado tarde. Y me han cerrado las puertas. Eso me pasa por confiar en el transporte público.
- Y será verdad ... ¿en serio? No me lo creo.
- Prueba es mi presencia aquí y ahora. Con mi mejor abrigo (de marca) y oliendo a un perfume extraño que creo que voy a esturrear por el lavabo nada más volver a casa.
- Lo siento mucho Bruno ...
- No pasa nada. Últimamente no me salen muchas cosas bien. No creía que esta fuese la excepción.
- Y ¿qué vas a hacer ahora?
- Esmerarme concienzudamente para el futuro inmediato. Por la cuenta que me trae ...
- No te veo muy afectado ni muy desilusionado ...
- Porque no lo estoy Carlos. No puedo hacer nada para cambiar lo que me ha pasado. De nada sirve darle vueltas a mi cabeza y arrepentirme por no haber despertado quince minutos antes. No volverá a pasar.
- Cualquiera diría eso de que no le das vueltas a las cosas ...
- Ya lo se. Puede que a veces haya excepciones.
- Un gran acontecimiento abarca un gran número de excepciones.
- ¿Sabes qué?
- ¿Qué?
- Todo el mundo me alaga con sus alfombras rojas. "Eres un gran chico" "eres tremendamente inteligente" "nunca he conocido a nadie como tú" ... alagos que agradezco, pues la mayoría de las veces son sinceros, y están dichos con la mejor intención. Pero ... ¿por qué nadie me quiere? si soy tan buen chico ¿por qué soy el "amigo perfecto de todo el mundo" pero nadie me quiere a su lado para siempre?
- Puede que sus palabras sean precisamente como las has definido: "alfombras rojas". No todo el mundo dice la verdad. La mentira vende mucho más. Aunque si me permites divagar ... eres un chico muy listo.
- Quizás debería ser un poco más tonto. Así no me plantearía estos quebraderos de cabeza. Y así podría dedicarme a vivir la vida, feliz, contento, y sin ataduras morales.
- Serías estúpido entonces.
- Cierto. Pero sería otro estúpido más. Sería como el resto del universo. Sería normal.
- A veces lo normal no es lo bueno.
- Pero es lo más común. Es lo que todos esperan de ti. Que seas un chico normal.
- Yo me alegro de que no seas normal Bruno. Y en el fondo tú también.
- Gracias Carlos. Me ayudas a olvidarme por un momento de mis penas de princesa.
- ¿Princesa? Muy pronto quieres ascender tú ... ¿quién es el rey?
- Es un expresión. No soy una chica ni pertenezco a la realeza.
- Tienes mucho trabajo por hacer. ¿Has empezado ya?
- La respuesta es obvia. Además nada más recordármelo me ha entrado un amago de bostezo ...
- Ánimo Bruno. Tú puedes. Si quieres ...
- Pondré esmero en ello. En todo. Poco a poco. Soy un vago, ya me conoces. Pero confía en mi.
- Un vago muy productivo por lo que parece. Marca tus objetivos, marca tus metas, y pelea.
- Quizás ese sea el problema. Sin objetivos, sin metas, sin miedo y sin esperanza.
- Yo creo que igual es la escusa perfecta.
- Cierto. La escusa ... como cuando mama preguntaba quién se había comido la barra de pan. Siempre encontraba la escusa perfecta.
- Tan perfecta como que siempre te pillaban a ti.
- Bueno, la perfección es imperfecta in situ. Si no, no sería perfecta.
- ¿Cómo? Me he perdido.
- Un ser perfecto, es un ser que lo tiene todo. Es absolutamente perfecto.
- Ajam.
- Por tanto un ser perfecto, debe de ser de color amarillo ... de color naranja también. De color negro, azul, verde, rosa, marrón, gris ...
- He entendido el concepto, no me describas el espectro visible por favor.
- Siguiendo ese razonamiento, el ser perfecto también debe ser tonto. Feo. Listo. Guapo. Debe ser todo, absolutamente todo lo habido y por haber en el mundo. En cuanto le faltase algo, ya no sería perfecto. Por tanto, un ser perfecto, a la fuerza, debe ser imperfecto.
- Eso es una contradicción muy grande Bruno.
- Lo se. Precisamente por eso, un ser perfecto es completamente idealizado. No existe. Solo puede ser alimentado por la imaginación de un hombre con miedo a lo desconocido.
- O un hombre esperanzado.
- No existe diferencia apenas. Hipoteticemos un Dios perfecto y poderoso.
- Ajam.
- Ese Dios debería de ser tonto ¿no crees? Debería de ser guarro, drogadicto, asesino, ladrón ... Porque si no fuese todos esos adjetivos "malignos" ya no sería perfecto. Un ser humano, un hombre, que fuese guarro ... aunque sea algo "maligno" ya sería algo que su Dios no es. Es imposible. Dios tiene que serlo todo y nada a la vez.
- Tú lo has dicho. Tiene que serlo todo. Igual que es malo, y tiene todos los adjetivos malos, también es bueno, y es poseedor de todos los adjetivos buenos.
- Entonces ... ¿por qué nos empeñamos en hacer a nuestro "hombre perfecto" carente de todo acto malicioso? Debería de ser maligno por defecto. Tanto como benévolo.
- Estoy de acuerdo Bruno.
- ¿En serio?
- Si. Creo que tienes razón, pero dudo que alguién escuche tu teoría.
- Te convenzo demasiado pronto Carlos. Pero es cierto. No me escucharían. Me callarían con argumentos como "fe" o simplemente me referenciarían alguna frase brillante de su maravilloso libro.
- Creo que podrías escribir un libro mejor que ese. Quien sabe ... igual algún día eres un Dios.
- No blasfemes Carlos. Y menos si no crees en ello.
- Yo no digo nada Bruno. Solo estoy aquí para escucharte.
- No decir nada implica decir algo. Y a veces, afirmar que no dices nada, implica decirlo todo, pero de forma cobarde.
- Sobreviviré con mi cobardía.
- Los valientes nunca sobreviven. Te irá mejor "no diciendo nada"
- Bueno, al menos puedes alegrarte de "casi" llegar a tu gran día. Has podido elaborar una buena teoría en un momento. ¿Ves? Eres inteligente.
- Me hubiese gustado haber llegado igualmente. Voy a tener que dar muchas explicaciones esta noche. Las primeras conmigo mismo.
- ¿Quieres dármelas a mi?
- Esta noche no Carlos. Esta noche tengo que dormir sin falta. Y descansar obligadamente. Mi cuerpo me lo pide a gritos. Y no es un simil barato. Me chirrían los párpados al pestañear.
- Eres un exajerado.
- Forma parte de mi encanto embutido en mi fina inteligencia.
- ¿Te estás comparando con un salchichón?
- Soy más de chorizo ...
- ¿Me llamarás si me necesitas?
- No te quepa la menor duda. Pero no te preocupes por mi. Tengo que parender a andar solo por este mundo malo y perverso que me invita a pecar constantemente.
- Bueno, si atendemos a tu teoría, puedes peca sin remordimiento. Puedes hacer lo que quieras.
- Es verdad ... acabas de tirar mi teoría por los suelos.
- ¿Yo? ¿Por qué?
- Porque lo que intentamos es que no todo valga en el mundo. Intentamos que predomine lo bueno. Que lo malo se oculte y sea enterrado o en su defecto devastado por lo bueno. Si aceptamos que todo vale ... el mundo sería un infierno. Puede que sea un error soltar las cadenas de la conciencia humana. Puede que lo mejor sea que sintamos remordimiento al matar a alguien y que lavemos nuestra conciencia solicitando un perdón sin respuesta.
- En ese caso lo mejor sería guardar tu teoría a buen recaudo. No queremos que este mundo termine siendo una ruina por tu culpa.
- Tienes razón Carlos. Menos mal que me has avisado. Casi meto la pata.
- Es tu segundo "casi" en un solo día. Definitivamente estás en racha.
- La verdad es que si. He echado a perder mi día especial por una tontería y he salvado el mundo del caos.
- A parte de buen chico eres un héroe.
- Y un futuro Dios Carlos, no lo olvides.
- ¿Quién blasfema ahora?
- Tienes razón, lo siento. El cansancio oxida mi humor.
- Tu humor sigue igual. Solo quería pincharte.
- Gracias. Me reconforta que me pinches en un momento de cataclismo.
- Vete ya Bruno. O a este paso me usarás como escusa perfecta para no hacer hoy tu tarea.
- Eres mi escusa secundaria. La principal es que estoy cansado. La de que mi perro se ha comido mi libreta ya no tiene sentido.
- Hasta pronto Bruno.
- Hasta siempre Carlos.